Vitrinas, lámparas y bombillos

“Aquí se roban hasta un bombillo” Y entonces, como si fuéramos científicos, inventamos carajada, entiéndase artefacto, para capturar la luz o encerrar la luz como experimento cuántico u óptico. El plafón, no es suficiente para retener la luz en rosca diseñada, sino que un entramado de alambres hacen de jaula al bombillo incandescente, que no cambia desde su invención.

Luego, es curioso ver las novedades liberadas al mercado, pues, las últimas invenciones no se venden hasta que quede perfeccionado el modelo “eco”nómico sobre el cual rodarán y se encenderá su luz. Creemos, entonces, que la fluorescencia es la panacea haciendo caso omiso del sol. 8.500 pesos vale el más costoso que, por cierto, no enciende o ya se extinguió su luz, y es tan paisaje el acto que ni el vendedor se da cuenta de la mala vitrina que hacen dichos emisores. Por el de 5.000 no pregunte: ¡No hay! El incandescente ni lo prenda que tremenda cuenta nos viene. No le ponga etiqueta al verde, pues, es tan malo que ni se vende. No se moleste en desenredar el enchufe, que pa qué, si mañana hay se enreda de nuevo.

Cosas, que se encuentra uno observando.

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