…Y a veces llevo a cinco…

…Aquí llevo a cuatro, pero a veces llevo hasta a cinco… Me comentó él cuando paralelo iba en mi moto.

En Moravia, antiguo basurero público de Medellín, hay gente que le pone buena cara a los ritmos cotidianos. Es medio día y este transportador, padre responsable de sus hijos, les lleva a su destino sagrado, la escuela. Algunos dirán “qué pacao”, pero ellos simplemente ven su diario vivir.

Pienso a veces, y me río de ello, cómo los padres se afanan en comprarle a sus hijos incapaces aún de caminar, juguetes de grandes marcas y costosos, cuando se entretienen ellos con cualquier caja de cartón con una pelota por dentro que haga bulla. Con cualquier chilango, camisa o trapo viejo se hace alegría. Con cualquier caja o celofán que haga bulla se entretienen ellos.

Nada de “pobrecitos”, “qué pecao”, todos tenemos la capacidad de sacar del sombrero risas y sonrisas. Pesar del que se autodenomina miserable. Para quienes no hayan leído la crónica El baúl de los juguetes…

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