Amagá no olvida a ninguno de sus héroes

Viudas, huérfanos, amigos y demás familiares de los 73 mineros fallecidos en la tragedia de la mina San Fernando, marcharon desde el parque hasta el cementerio para recordar la tragedia de hace un año en el municipio de Amagá, suroeste antioqueño.

La algarabía que normalmente se escucha en el parque de Amagá fue dando paso a un respetuoso silencio en camino al cementerio, que solo era quebrantado por las sirenas de las motos de la policía y por los ensordecedores pitos de los autos fúnebres que, esta vez, llevaban adentro y sin caja, la memoria de los 73 mineros fallecidos hace un año, pero estaba también, la memoria de los demás héroes de las cavernas.

Los mineros que marchaban lo hacían con paso lento, en silencio, en pulcra actitud e imagen, no en su acostumbrado vestuario de trabajo: sin camisa, sudorosos, pintados con el óleo de la tierra, el carbón y el sudor. Marchaban temerosos, como cuando se acercan al socavón y hacen una cruz con su brazo para santificarse quizá, temiendo ser la última vez que vean la luz al principio del túnel.

A estos mineros no les es ajena la muerte, la han olfateado cuando camina cerca, no la femenina muerte que se pasea en las páginas de Saramago y que envía sobres violeta; esta muerte es más oscura, tiñe de negro por donde pasa, deja una estela de gas y de carbón a su paso, esta muerte no es bella y sí descarada, aprovecha que su paciente posa enterrado en el cautiverio de un socavón y lo abraza allí mismo, como en tumba colectiva. Pero como los vivos afuera de la caverna son tan tercos, a ellos no les gusta la tumba que la muerte eligió para enterrar a sus víctimas, por eso, unidos, unidas, en solidaridad conocida, se tornan a sacar sus cuerpos inertes para enterrarlos en otro aposento más limpio, más digno, menos oscuro, menos profundo; a solo dos metros para que no sea muy fuerte la ausencia.

Amagá carga el peso de la pobreza, de la corta expectativa de vida de sus héroes, del abandono en que permanecen muchas de sus viudas, del olvido de algunos gobernantes, de la impotencia de una vocación minera que no le genera riqueza. Este municipio desea ser mirado, tenido en cuenta; algunos de sus jóvenes le apuestan a la cultura pero sus sueños son capados por la poca confianza inversionista del presupuesto municipal.

Qué hacer con este municipio. ¿Convertir sus minas artesanales en museos de la tierra y del mineral y traer gentes aventureras a invertir?, ¿Hacerlo territorio para el deporte de terreno?, ¿ciclomontañismo, cross, fotoaventura?, ¿aprovechar el talento musical de sus habitantes?, ¿hacer corporación y maquila con sus tantos artesanos?, ¿proyectos fami-económicos con el talento de las viudas? Hay miles de cosas que se pueden crear, hacer, cumplir, solo se necesitan voluntad y creatividad.

Para ver más imágenes de Amagá…

Amagá, de barro y de carbón

Algunas imágenes de la mirada de Adriana Quiroz, entre sus fotos están las obras de Hermes, artista de Amagá que comparte sus horas entre la carnicería Zeus y el solar de la casa donde queda el rincón de su trabajo con el barro.

Ver todas las fotos de Adriana Quiroz en Amagá.

Semana de dolor en Amagá, Antioquia

Traigo nuevamente estas fotos de las obras en barro de Hermes Tangarife, carnicero y artista de Amagá, obras que estaban en proceso y que sirvieron para ilustrar una nota del artista.

Anoche estuve en Amagá acompañando a la familia de mi esposa que tuvo sus muertos en la Mina San Fernando. Tierra y fuego cegaron la vida de muchos, allá, en las tripas de la tierra. En las afueras de la funeraria decenas de personas esperaban noticia o la entrega de familiares que quedaron enterrados en la mina.

Anoche el municipio de Amagá tenía una regular calma, un silencio obligado y una espera tortuosa. Muchos lloraban, algunos dijeron “Esto parece una Semana Santa en Amagá”. Las calles callaban de luto y los carros de bomberos, policía y ambulancias subían y bajaban por sus agrietadas calles.

“Quedó todo reducido, parece un niño”, dijo una familiar de un minero muerto en la explosión. Las descripciones del trabajo de limpieza de los muertos eran narradas por quienes las observaban, pero que no vale narrarlas aquí.

Hace poco, Cecilia Arboleda ‘Chila’ le dijo a Estiven, de 22 años, que dejara de trabajar en la mina. Él le dijo que ese era su segundo hogar así la muerte lo cogiera allá, relata Ana Rita Arboleda, tia de Stiven.

Guardo silencio y respeto por las víctimas y los familiares que guardan luto o angustia a esta hora. Cada vez, la obra de HERMES TANGARIFE, se parecerá más a la realidad de dolor y pobreza que viven muchos de los que trabajan en las entrañas de la tierra y es innegable que este nuevo dolor, alimentará su obra artística con insumos de muerte.

En Amagá: mineros de barro y no solo de carbón

Amagá es bastante conocida por la producción de carbón mineral, también la conozco por sus sempiternos huecos y por sus trochas urbanas. Pero en sus entrañas también reposa el barro, elemento mismo de nuestra composición. Una de las casas de este municipio alberga a uno de esos artistas que trabajan en silencio, con la impotencia que le generade un colectivo que no apoya ni valora la cultura material.

Una de esas casas, como lo vengo diciendo, tiene un solar que esconde en su último rincón, un cuarto viejo que ha servido de taller, al artista del que vengo escribiendo: Hermes. Hermes Tangarife, carnicero de profesión -a regañadientes, después de dejar su propia taberna- y artista de permanente creación.

En ese cuarto de barro cocido y casi revocado con barro fresco, trabaja Hermes con su permanente tema: los mineros de Amagá. Mineros que han sembrado incluso su vida en las entrañas de la tierra. Aquí, unas imágenes de sus últimas creaciones en proceso de terminación y secado antes de la quema. Su obra se vende por si está interesado. Si conoce Amagá y quiere ver su material, pregunte por la carnicería de Conrado Tangarife.

Ver más acerca de este tema:

Una crónica de Alejandro Millán Valencia.

Este es mi recomendado: La crónica de Hermes, un amigo carnicero que entre corte y corte de Solomos y Morrillos, se dedica a masajear el barro para sacar unos rostros llenos de dolor: los mineros de Amagá.

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