Adictos al dolor

Que hay personas a las que les da muy duro, sí. Pero de ahí a que eso pueda ser un mecanismo especial ligado a otras condiciones… bueno, no se había pensado.
La aflicción es universal, un sentimiento de dolor que a veces nos embarga, como cuando se muere alguien cercano. Con el tiempo, aceptamos la pérdida y superamos la pena.
Eso sí, a algunas personas, la minoría, les resulta imposible hacerlo y el dolor como que se apodera de sus vidas. E incluso años después, tras el mínimo recuerdo de su pérdida, vuelven a llorar y a sentirse mal. ¿Por qué? ¿Qué hace que unos superen ese estado y otros no? No se trata solo de que son muy llorones o tratan de llamar la atención y recibir consuelo.
Científicos de la Universidad de California en Los Ángeles, sugieren que esa pena de larga duración activa neuronas en los centros de recompensa del cerebro, dándoles probablemente a los recuerdos propiedades casi adictivas. El estudio lo acaban de publicar en NeuroImage.
Es la primera vez que se comparan personas con una pena complicada o severa y otros que la llevan de mejor manera. El hallazgo, de todas maneras, abre campo para que los sicólogos puedan tratar el problema, según Mary-Frances O’Connor, profesora de Psiquiatría en UCLA y cabeza del estudio.

Me interesa y me gusta divulgar temas científicos y medioambientales como una forma de acrecentar el interés por estas temáticas. Espero hacerlo bien cada día.

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