Bajas pasiones dominan al camarón

Si hay algún animal aparte del humano en el que las bajas pasiones salgan a flote, aunque esté en el fondo del mar, es el camarón limpiador.

Este crustáceo hermafrodita, Lysmata amboinensis vive por lo general en parejas monógamas, pero las pasiones oscuras minan su estructura social.

Una investigación publicada en Frontiers in Zoology, de BioMed Central, reveló que ese camarón, en cualquier grupo mayor de dos, se atacan furiosamente hasta que vuelva a quedar conformada una pareja.

Este camarón deriva su nombre de la costumbre de limpiar de parásitos otros organismos.

El camarón es un protándrico hermafrodita simultáneo. Esto significa que comienzan su vida como machos, pero a medida que crecen desarrollan también los órganos reproductivos femeninos. Sin embargo, mientras aún son tanto macho como hembra, no se pueden autofertilizar.

El momento del sexo es complicado. Los individuos apareándose como hembras solo pueden hacerlo en unas pocas horas tras mudar, pero son capaces de reproducirse como machos el resto del tiempo (incluso incubando los huevos).

Estos camarones sobreviven comiendo parásitos de la piel muerta de unos peces del Pacífico-Índico o del Mar Rojo. Como pago por su tratamiento de belleza, los peces no se los comen.

Janine Wong y Nico Michiels, de la University of Tübingen separaron camarones limpiadores en acuarios en grupos de dos, tres o cuatro. Para reducir la competición por los recursos, los camarones en cada tanque eran de tamaño similar, tenían acceso limitado a comida y cada uno tenía el mismo volumen de agua y un palo.

Luego de 42 días, los científicos hallaron que en todos los grupos más grandes que la pareja, uno o más camarones habían sido atacados y muertos. El camarón era muerto durante la noche, justo tras mudar de piel, cuando menos capacidad de defensa tiene.

Wong explicó que “en la monogamia en la naturaleza solo se sabe de este camarón que ha adoptado este estilo de vida de limpieza simbiótica. Para ellos, la competencia por alimentos es quizás la fuerza detrás de la monogamia y como el tamaño corporal está ligado al número de huevos puestos, un gran número reduciría el potencial individual de generar descendientes.

Al confirmar la hipótesis se hallaron con que la muda de piel se pospone en los grupos más grandes, a pesar de la libre disponibilidad de alimento, y que una vez el grupo se ha reducido en tamaño, la tasa de muda aumentó en el otro camarón.

Foto cortesía.

Me interesa y me gusta divulgar temas científicos y medioambientales como una forma de acrecentar el interés por estas temáticas. Espero hacerlo bien cada día.

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