Una planta con nariz

Aunque no se crea, algunas plantas pueden oler a sus vecinos y escogen entonces con cuál juntarse, recuerda Daniel Chamovitz en su libro What a Plant Knows, en el cual cita un caso particular que fue noticia hace unos años.

Se trata de una planta del género Cuscuta, que es parásita del tomate, aunque puede degustar otros suculentos platos del mundo vegetal, como el trigo.

Sí, esta planta sabe cuándo hay una de tomate y entonces se dirige hacia ella, enredándola hasta estrangularla.

Chamovitz describe experimentos en los cuales se coloca una de estas malezas en una maceta al lado de otra matera con una planta de tomate. La Cuscuta, conocida en inglés como dodder vine, se inclina hacia ella de a poco. Si se colocan cerca, pero la de tomate está oculta, tapada, también se dirige hacia ella, lo mismo que cuando se ponen en cubículos separados unidos solo por la mitad: busca ese hueco.

Esta maleza es un dolor de cabeza para los cultivadores y parece obvio porqué.

Aunque cuando el experimento se repite con un tallo de trigo también se le acerca, en presencia de las dos prefiere el tomate.

Aunque lógico que las plantas no tienen nariz, esta puede captar feromonas. Captan químicos volátiles en el aire y convierten esa señal en una respuesta fisiológica.

Prefieren el tomate porque combina tres químicos que las atrae, frente a uno del trigo, revela el autor.

Maravillas de la naturaleza.

Bacterias e insectos se unen contra insecticidas

Por algo son animales tan exitosos. Sí. En un sorprendente hallazgo se detectó que insectos comenzaron a unirse con bacterias para protegerse contra químicos.

Lo que se convierte en una dieta desintoxicante es el primer ejemplo conocido de una relación simbiótica que provee resistencia a los insecticidas, reportaron científicos en Proceedings of the National Academy of Sciences.

“Se ha creído que mecanismos de resistencia a insecticidas están codificados en los genomas de los insectos”, explicó Yoshitomo Kikuchi, microbiólogo del National Institute of Advanced Industrial Science and Technology en Hokkaido, Japón. “Nuestros hallazgos controvierten el sentido común”.

Kikuchi y colegas trataron puntos del suelo con fenitrothion, un insecticida barato empleado en todo el mundo. La bacteria Burkholderia, que puede desarmar el pesticida y romperlo por el carbono, florece en el mugre.

Los microbios come insecticidas también progresan dentro de los insectos de leguminosas, los Riptortus pedestris, expuestos en semilleros en esos puntos en los que se alimentaban de las bacterias puestas por los investigadores.

Se cree que cada insecto tiene unos 100 millones de células de Bukholderia en su intestino. En respuesta por proveerles un sitio cómodo para vivir, los insectos infectados adquirían una nueva tolerancia al pesticida en laboratorio. La mayoría sobrevivió a dosis de fenitrothion, que mataba en solo 5 días al 80% o más de los insectos sin bacterias.

Algunos investigadores creen que esta ruta de resistencia se podría diseminar con rapidez en los campos agrícolas. La resistencia a insecticidas evoluciona por lo general con lentitud a medida que cambios genéticos surgen en las sucesivas generaciones de insectos. Tomar la bacteria del suelo, que se reproduce y entonces evoluciona más rápido, parece un atajo fácil. Y los insectos que vuelan de sitio en sitio podrían también diseminar sus aliados microbianos.

“Esto podría explicar porqué los insecticidas son más efectivos unas veces que otras”, dijo Nacy Moran, bióloga evolutiva de Yale University.

En un trabajo de campo en la isla Minani-Daito, el grupo de Kikuchi encontró que 8 por ciento de ciertos insectos poseían la bacteria Burkholderia, que podía desactivar el insecticida.

Para científicos como Bruce Tabashnik, entomólogo de la Universidad de Arizona en Tucson, no es una cifra significativa para hacer la diferencia.

Pero por algo se empieza.

Imagen de R. pedestris

El pique del ají ayuda a la salud del corazón

No importa que le pique mucho con tal que le lata bien. Sí: el ají es un alimento benéfico que podría proteger contra la causa número uno de muerte en el mundo desarrollado: el corazón.

Ante la American Chemical Society, científicos presentaron un estudio enfocado a la capsaicina y sus feroces y calientes parientes, la familia de picantes denominados capsaicinoides. Eso que les da a jalapeños y habaneros y otros ajíes su calor, la capsaicina, ha sido usado ya en medicina en cremas para la piel que tratan dolencias como la artritis y algunos dolores.

Investigaciones pasadas sugerían que alimentos con chiles podían bajar la presión arterial, reducir el colesterol y disminuir la tendencia a formación de coágulos.

“Nuestra investigación refuerza y expande el conocimiento acerca de cómo obran esas sustancias en los chiles para mejorar nuestra salud”, dijo Zhen-Yu Chen, quien presentó el estudio.

“Ahora tenemos un retrato más claro y detallado de su efecto en genes y otros mecanismos que influyen en el colesterol y la salud de los vasos sanguíneos”.

El grupo encontró, por ejemplo, que la capsaicina y un químico pariente mejoran la salud del corazón de dos maneras: menores niveles de colesterol reduciendo su acumulación en el cuerpo, aumentando su descomposición y excreción en las heces. También bloquean la acción de un gen que hace contraer las arterias, restringiendo el flujo sanguíneo al corazón y otros órganos. Al bloquearlo, permite que fluya más sangre a través de loas vasos sanguíneos.

“Concluimos que los capsaicinoides eran benéficos al mejorar un amplio rango de factores relacionados con la salud del corazón y los vasos sanguíneos”, dijo Chen, profesor de la Universidad de Hong Kong.

“Pero no recomendamos que la gente comience a consumir chiles en exceso. Una dieta buena es asunto de balance. Y los chiles no son sustitutos de los medicamentos prescritos por el médico. Pueden ser un buen suplemento para quienes hallen agradable el sabor caliente”.

El estudio fue hecho en hámsteres.

Pierda peso con café verde

La frase que está de moda no es se la fumó verde, sino: se lo tomó verde. Sí científicos reportaron lo que consideran evidencias sólidas de que los granos verdes de café, no tostados, pueden producir una reducción sustancial en el peso corporal en un periodo relativamente corto.

El estudio fue presentado en la reunión anual de la American Chemcial Society. Allí, Joe Vinson y colegas describieron cómo un grupo de personas obesas consumió una fracción de onza de granos verdes de café cada día y perdió cerca del 10% de su peso.

“Basados en nuestros resultados, ingerir varias cápsulas de extracto de café verde e ingiriendo una dieta baja en grasas y ejercitándose regularmente, para ser una forma segura, efectiva y barata de perder peso”, dijo Vison.

El estudio incluyó 16 personas obesas de 22-26 años que tomaron esas cápsulas o un placebo durante 22 semanas. Las personas alternaron entre bajas y altas dosis del extracto. La dosis baja era de 700 mg mientras la alta de 1.050. Los participantes se rotaban las dosis y el placebo cada seis semanas.

Todos los sujetos fueron monitoreados en su dieta y ejercicio durante las 22 semanas. “Sus calorías, carbohidratos, grasas y proteínas no cambiaron durante el estudio ni su ejercicio”.

Las personas perdieron en promedio 17 libras durante las 22 semanas. Esto incluyó un promedio de 10,5 de disminución en el peso corporal y 16 en la grasa. La pérdida de peso pudo ser más rápida pero no fue porque también alternaron con placebo y la dosis baja del extracto.

Otros estudios han mostrado pérdida de peso con el extracto de café verde, pero este midió la respuesta a varias dosis.

Los efectos, cree Vinson, podrían deberse al ácido clorogénico presente en los granos sin tostar, ácido que se descompone cuando el café es tostado (usualmente a una temperatura de 240 a 250°C.

Ese proceso le confiere al café su color, aroma y sabor inconfundibles.

Ahora se requeriría un estudio con mayor número de participantes.

Ya sabe: tómeselo verde.

Foto de granos verdes de café.

Crean plástico que se autorregenera

Científicos revelaron el desarrollo de un nuevo género de plásticos que imitan la piel humana: se reparan a sí mismos cuando se cortan o rajan, lo que ofrece una oportunidad para la reparación de teléfonos celulares, portátiles, carros y otras superficies que podrían autorrepararse.

La revelación fue hecha por Marek Urban en la American Chemical Society, quien describió los plásticos, que cambian de color para advertir daños y se sellan a sí mismos cuando son expuestos a la luz.

“La Madre Naturaleza nos ha endosado toda clase de sistemas biológicos con la capacidad de repararse”, dijo Urban.

“Algunos podemos verlos, como la piel regenerándose, o la corteza de árboles. Otros son invisible, como el sistema de autorreparación que el ADN emplea para arreglar daños en los genes. Nuestro nuevo plástico trata de imitar la naturaleza, mostrando una señal roja cuando se daña y renovándose a sí mismo cuando es expuesto a la luz visible, cambios de temperatura o pH”.

Urban, de la University of Southern Mississippi en Hattiesburg, avizora una amplia variedad de aplicaciones potenciales para este desarrollo. Desde rayones en los guardabarros de los autos hasta partes críticas en la estructura de aviones, en cuyo caso los ingenieros mirarían, al aparecer la señal roja si se hace el autosellado o se remplaza la pieza.

Aunque los plásticos son de uso extendido, un problema con ellos ha sido que una vez rasgados su reparación es difícil o imposible. Este avance soluciona el inconveniente.

El equipo de Urban desarrolló el plástico con pequeñas uniones moleculares o puentes que extienden las largas cadenas de químicos que componen los plásticos. Cuando el material es rasgado, esas uniones o vínculos se rompen y cambian de forma, con lo que se produce un cambio visible de color, un manchón rojo alrededor del defecto. Ante la luz solar o la luz de una bombilla, cambios en el pH o la temperatura, el puente se reforma, sellando el daño y borrando la marca roja.

Crispetas ganan reputación: contienen antioxidantes

De golosina a alimento: las crispetas, palomitas de maíz o popcorn acaban de ganar unos peldaños en su reputación gracias científicos que hablaron ante el pleno de la reunión anual de la American Chemical Society.

¿La explicación? Un estudio reveló que contienen más antioxidantes de los llamados polifenoles que las frutas y vegetales en general.

Joe Vinson, Ph.D., pionero en el análisis de componentes saludables del chocolate, las nueces y otros alimentos comunes, explicó que los polifenoles están más concentrados en las palomitas de maíz, con promedio de apenas 4% de agua, mientras que en frutas y vegetales se diluyen en el 90% del agua que los componen.

Los científicos descubrieron que en el cascarón del popcorn –esa parte que todos odian por la tendencia a meterse entre los dientes, está la mayor concentración de polifenoles y fibra.

“Este merece más respeto”, dijo Vinson, de la Universidad de Scranton en Pennsylvania. “Son nuggets nutritivos”.

Para él, las crispetas son la golosina perfecta : el único scnack que tiene el 100% de grano sin procesar.

Una porción diaria de palomitas provee cerca del 70% de la ingesta diaria de grano integral. La persona promedio (en E. U.) solo obtiene cerca de media porción de granos integrales al día, mientras que las crispetas podrían llenar de manera muy agradable el faltante.

Pero Vinson también lanzó la alerta: la manera como se preparan, con mucho aceite, mantequilla y azúcar no es nada adecuada. Lo ideal es una crispetera casera sin agregarle aceite, pues las preparaciones que vienen para microondas tienen el doble de calorías que las caseras, aunque si en estas se añade aceite la situación tampoco es la mejor.

Las crispetas, sin embargo, no remplazan las frutas frescas ni los vegetales en una dieta sana, pues estos contienen vitaminas y otros nutrientes indispensables para gozar de buena salud.

El estudio halló que la cantidad de polifenoles en las palomitas de maíz era de hasta 300 mg por porción, comparada con 114 del maíz dulce o 160 de una porción de frutas.

Una porción de crispetas debe proveer el 13% de la ingesta diaria de polifenoles.

Insectos comen veneno para defenderse

Eso de darle al atacante una dosis de su propia medicina no es mala idea, ni aún siendo uno un gusano o un grillo.

Eso es lo que hacen, precisamente, el grillo africano Zonocerus variegatus y la oruga de la mariposa cinabrio Tyria jacobaeae, nativa de Asia y Europa.

Estos insectos se alimentan con plantas tóxicas para adquirir las toxinas que los hagan poco atractivos a sus depredadores naturales.

Un grupo del Instituto Botánico de la Christian-Albrechts-Universität zu Kiel (CAU), con investigadores del Technische Universität Braunschweig y City University College en Nueva York, publicaron nuevos hallazgos en este fenómeno.

Los científicos de Kiel han estado estudiando por más de 10 años cómo determinados insectos ingieren las toxinas de las plantas y las almacenan en sus cuerpos. Estas toxinas, llamadas pyrrolizidine alkaloids, se encuentran en diferentes plantas.

En el nuevo estudio mostraron que aquel grillo ha desarrollado una enzima específica , permitiéndole almacenar las toxinas como arma de autodefensa.

Hace unos años se halló una enzima idéntica en la mariposa cinabrio. “Lo más excitante de este hallazgo es que la evolución desarrolló tan complejo mecanismos dos veces en distintas especies”, dijo el profesor Dietrich Ober, del grupo de Kiel.

Las plantas venenosas emplean alcaloides como armas químicas para evitar ser comidas. Cuando los animales las consumen, inicialmente son nocivos, peor una vez en el sistema digestivo las sustancias se transforman en toxinas. La enzima identificada les permite a aquellos dos insectos convertir los alcaloides a un estado no tóxico para un almacenamiento seguro en sus cuerpos.

Por esa razón el grillo africano no tiene casi enemigos naturales, habiéndose convertido en plaga con frecuencia.

En la foto de Wikipedia Commons, el gusano cinabrio.

Ojo con el aire puertas adentro

No es extraño ver amas de casa y empleadas domésticas barriendo con todo esmero la calle, olvidando que quizás… ¡la basura esté adentro de la vivienda! Y la basura peligrosa.

Buena parte de nuestro tiempo diario lo pasamos de puertas para adentro. Muchas personas pasan la mayor parte del día en el interior de una residencia u oficinas. Pues bien, miren lo que se ha encontrado.

Investigadores encontraron (en Estados Unidos) químicos en el aire interior de las edificaciones que se van directamente a un sitio poco recomendado: nuestra sangre.

El informe fue publicado en el journal Environmental Science and Technology.

Una amplia variedad de químicos que se usan para fabricar desde alfombras a muebles fueron encontrados en el suero de 31 trabajadores de oficinas en Boston.

Los investigadores hallaron los niveles más altos de esos químicos en el aire dentro de las edificaciones más nuevas y, por tanto, en quienes trabajaban en ellas. Incluso algunos tenían trazas de químicos retirados del mercado hace casi una década.

Se reportó ademá que cientos de miles de personas mueren cada año del hollín producido por el fuego que usan para cocinar sus alimentos.

Los impactos de estos químicos en la salud humana no son del todo claros, aunque en animales afectan hígado, el sistema inmunitario y la reproducción.

Por eso un buen consejo sería: de vez en cuando, abra ventas y puertas y respire aire más fresco.

Un químico que hace perder la masculinidad

Si su hijo actúa como raro… bueno, quién sabe.

Un estudio de la Universidad de Missouri encontró que el polémico químico bisfenol A hace que una especie de ratones actúan de manera poco masculina y se comporten como hembras en sus habilidades de navegación espacial.

Para estos investigadores, la exposición al BPA (como se le conoce) durante el desarrollo humano podría ser nocivo para los rasgos cognoscitivos y conductuales únicos de cada sexo e importantes en la reproducción.

En Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Drogas sólo ha expresado hasta ahora algo de preocupación por ese químico y otros países como Japón y Canadá han considerado prohibirlo, pero los científicos no se ponen de acuerdo sobre sus efectos.

“Los ratones expuestos en el estudio parecían normales; no se nota nada malo con ellos. Pero en realidad son muy diferentes”, expresó Cheryl Rosenfeld, del College of Veterinary Medicine en esa universidad.

“Las hembras no se quieren aparear con los ratones expuestos al BPA, que se comportan peor en tareas de navegación espacial que responden por su capacidad para hallar pareja femenina en su medio natural”.

El estudio pone las bases para que se examine cómo el BPA podría actuar diferencialmente en los patrones cognitivos y de comportamiento de los chicos versus las chicas.

En la investigación hembras fueron alimentadas con dietas suplementadas con BPA dos semanas antes de parir y durante la lactancia. A las madres se les suministró una dosis que la Administración de Drogas considera no tóxica y segura para que tomen las madres. A los 25 días los ratoncitos fueron puestos en una dieta sin BPA y se examinó su conducta cuando se convirtieron en adultos.

Ya sexualmente maduros se les examinó la capacidad de moverse en un laberinto hasta estar seguros. Esta capacidad es importante para ellos porque les permite hallar parejas dispersas en su medio natural.

Las hembras no tienen que buscar machos, por lo que su habilidad para navegar en su medio no fue reforzada por la evolución.

Ratones machos que fueron expuestos al BPA temprano en su desarrollo, no hallaron nunca la salida, mientras los no expuestos siempre la hallaron.

Los no tratados aprendieron pronto la aproximación más directa, mientras que los expuestos parecían emplear una estrategia de ensayo y error.

El estudio fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

El BPA es usado principalmente en la fabricación de plásticos y es un monómero clave en la producción de la resina epoxi.