Crean un par de ratas compinches

Dos ratas son mejores que una. Y funcionan mucho mejor también.

Científicos hicieron algo parecido a una fusión de ratas de laboratorio, ligando electrónicamente sus cerebros para que pudieran trabajar juntas resolviendo un problema. Y esa conexión cerebro-cerebro permaneció fuerte aún cuando las ratas estuvieran separadas por más de 3.000 kilómetros.

El estudio fue publicado en Nature Scientific Reports.

Los experimentos fueron encabezados por Miguel Nicolelis, neurobiólogo de Duke University, mejor conocido por su trabajo en prótesis controladas por la mente.

“Nuestros estudios con las interfaces cerebro-máquinas nos convenció de que el cerebro era mucho más plástico de lo que creíamos”, dijo. “En esos trabajos, el cerebro se adaptaba con facilidad para aceptar un impulso de dispositivos fuera del cuerpo y aprendía incluso cómo procesa luz infrarroja invisible generada por un sensor artificial. Por eso nos preguntamos si podía asimilar señales de sensores artificiales, ¿podría asimilar la información de sensores de un cuerpo distinto?”

Para sus experimentos, entrenaron pares de ratas para presionar cierta tecla cuando una luz se encendiera en su jaula. Si presionaban la tecla correcta, obtenían agua como recompensa.

Cuando una rata del par, denominada codificadora, realizaba la tarea, el patrón de su cerebro era traducido a una señal electrónica enviada a su compañera, la decodificadora, que estaba separada de la primera. La luz no se apagaba en su jaula, por lo que el animal tenía que recibir el mensaje de la codificadora para saber cuál tecla presionar para tener la recompensa.

La decodificadora presionó la tecla correcta el 70% de las veces.

En los experimentos los cerebros de las ratas estaban conectadas vía microelectrodos por lo que cuando una presionaba la tecla, la otra sabía hacer lo mismo. Si los animales realizaban la tarea cooperativa correctamente, recibían la recompensa.

Los electrodos fueron conectados en la región cerebral que procesa la información motriz. Y la interfaz cerebro-cerebro que Nicolelis describe como un computador orgánico, funcionaba de dos formas: si la decodificadora elegía la tecla que no era, la codificadora no recibía recompensa, lo que animaba a las dos a trabajar en conjunto

“Vimos que cuando la decodificadora cometía un error, la codificadora cambiaba su función cerebral y conducta para hacerle más fácil la tarea a su compañera”.

Imagen cortesía Duke U.-Nicolelis

Me interesa y me gusta divulgar temas científicos y medioambientales como una forma de acrecentar el interés por estas temáticas. Espero hacerlo bien cada día.

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