Brindemos: ¿una pastilla contra el alcoholismo?

¡Salud! Un nuevo estudio clínico controlado reveló que la medicina gabapentina podría servir para tratar la dependencia del alcohol.

Se trata de ese medicamento anticonvulsionante que mostró resultados alentadores en el estudio con 150 pacientes.

La investigación mostró que los pacientes dependientes del alcohol que ingerían el medicamento tenían más probabilidades de dejar de beber o mermar el licor que aquellos que solo tomaban un placebo.

Hoy gabapentina se prescribe para tratar dolores y epilepsia.

“Se soma a la lista de medicinas que se han mostrado promisorias para tratar la dependencia al alcohol”, dijo Kenneth R. Warren, director del instituto de salud relacionado con el abuso del alcohol y otras sustancias NIAAA.

El estudio apareció en Jama Internal Medicine.

Los investigadores asignaron al azar pacientes para recibir dosis moderadas o altas de gabapentina o un placebo. A las 12 semanas de tratamiento aquellos que recibían la dosis más alta tenían dos veces más probabilidad de dejar de beber en exceso y 4 veces más de dejar de beber en comparación con los que tomaron el placebo.

Reportaron además mejor sueño y genio y pocos episodios relacionados con la abstinencia.

Los efectos colaterales fueron pocos.

Quienes recibieron la dosis baja también obtuvieron resultados, pero no tan marcados.

Esos efectos poco deseados de la píldora

Tantas décadas después de su aparición y aunque los anticonceptivos de hoy no son los mismos que tomaron las mujeres cuando aparecieron, se detectan problemas relacionados con el placer femenino en las relaciones sexuales.

Un estudio de la Universidad de Indiana reveló que la píldora puede afectar aspectos como la excitación, la lubricación y el orgasmo, pese a los otros beneficios que trae como que ellas puedan planificar la familia.

“Si ellas experimentan esos efectos negativos, pueden dejar de usar los anticonceptivos. Necesitan saber que existen opciones como los lubricantes u otros productos para mejorar el desempeño sexual que les pueden ayudar a aliviar los efectos negativos que estén experimentando”, dijo Nicole Smith, coordinadora del Centro para la Promoción de la Salud Sexual de esa universidad.

También podrían pasarse a otro método de planificación para ver si les funciona mejor

El estudio de Smith involucró 1.101 mujeres activas sexualmente que usaban bien la píldora, el parche, el anillo o una inyección, mientras en otro grupo estaban las que no empleaban métodos hormonales como el condón, el diafragma, la abstinencia.

En la investigación halló que las mujeres reportaron niveles similares de satisfacción, incluyendo el romance y la intimidad, pero aquellas que empelaban métodos hormonales experimentaban menos excitación, menos orgasmos, dificultades con la lubricación, menos placer y sexo menos frecuente.

“Se ha hecho un gran esfuerzo para hacer los condones más agradables para los hombres, pero no se escucha lo mismo acerca de reducir el impacto negativo de la anticoncepción en el funcionamiento sexual de las mujeres”, dijo Smith.

Estudios sobre el tema son por lo general viejos y poco concluyentes y se centraron en mujeres europeas más que todo.

No embarazos sí, pero a costa del placer del buen sexo.

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Los genes no dejan que deje de beber

No todo sirve para todos. Una vez más, un estudio conduce a la era de la medicina personalizada o aquella basada en la genética de cada persona.

El Instituto del Abuso del Alcohol y el Alcoholismo de Estados Unidos encontró que la efectividad de un tratamiento experimental para el alcoholismo depende de la composición genética del individuo que lo recibe. El reporte aparece en el American Journal of Psychiatry.

“Es un paso importante en la búsqueda de tratamientos personalizados para la dependencia al alcohol”, dijo Kenneth R. Warren, director del Instituto.

Investigadores dirigidos por Bankole Jonson de la Universidad de Virgnia, condujeron un ensayo controlado para determinar si el medicamento ondansetron podría reducir el problema de la bebida en personas dependientes del alcohol. Esa medicina es usada actualmente para tratar las náuseas y el vómito siguientes a la quimioterapia. Funciona bloqueando receptores del químico cerebral serotonina.

Johnson y sus colegas efectuaron análisis genéticos para determinar que variantes del gen transportador de serotonina portaba cada individuo y luego a cada uno le asignaban tratamientos con ondansetron o placebo.

Encontraron que los sujetos con el fenotipo LL y que tomaban el medicamento reducían el promedio de tragos diarios a menos de cinco, pero quienes que recibían el placebo continuaban tomando más de cinco.

Los que tomaban el ondansetron tenían más días de abstinencia. Los efectos eran más pronunciados entre quienes portaban las variantes LL y TT, mientras que quienes carecían de la LL no experimentaban ningún beneficio con la medicina.

Quizás no es que no quiera dejar de beber. Es que sus genes no se lo permiten.

¿Será que sí?