Crispetas ganan reputación: contienen antioxidantes

De golosina a alimento: las crispetas, palomitas de maíz o popcorn acaban de ganar unos peldaños en su reputación gracias científicos que hablaron ante el pleno de la reunión anual de la American Chemical Society.

¿La explicación? Un estudio reveló que contienen más antioxidantes de los llamados polifenoles que las frutas y vegetales en general.

Joe Vinson, Ph.D., pionero en el análisis de componentes saludables del chocolate, las nueces y otros alimentos comunes, explicó que los polifenoles están más concentrados en las palomitas de maíz, con promedio de apenas 4% de agua, mientras que en frutas y vegetales se diluyen en el 90% del agua que los componen.

Los científicos descubrieron que en el cascarón del popcorn –esa parte que todos odian por la tendencia a meterse entre los dientes, está la mayor concentración de polifenoles y fibra.

“Este merece más respeto”, dijo Vinson, de la Universidad de Scranton en Pennsylvania. “Son nuggets nutritivos”.

Para él, las crispetas son la golosina perfecta : el único scnack que tiene el 100% de grano sin procesar.

Una porción diaria de palomitas provee cerca del 70% de la ingesta diaria de grano integral. La persona promedio (en E. U.) solo obtiene cerca de media porción de granos integrales al día, mientras que las crispetas podrían llenar de manera muy agradable el faltante.

Pero Vinson también lanzó la alerta: la manera como se preparan, con mucho aceite, mantequilla y azúcar no es nada adecuada. Lo ideal es una crispetera casera sin agregarle aceite, pues las preparaciones que vienen para microondas tienen el doble de calorías que las caseras, aunque si en estas se añade aceite la situación tampoco es la mejor.

Las crispetas, sin embargo, no remplazan las frutas frescas ni los vegetales en una dieta sana, pues estos contienen vitaminas y otros nutrientes indispensables para gozar de buena salud.

El estudio halló que la cantidad de polifenoles en las palomitas de maíz era de hasta 300 mg por porción, comparada con 114 del maíz dulce o 160 de una porción de frutas.

Una porción de crispetas debe proveer el 13% de la ingesta diaria de polifenoles.

Meta de la vida sintética supera otro escollo

Hágase la vida y la vida se hizo. En tiempos en el que el hombre juega a

ser la máxima expresión del universo, científicos dieron un paso adelante hacia la anhelada, por muchos, creación de vida artificial de la nada.

Abracadabra. Mediante una novedosa reacción, químicos crearon membranas celulares autoensambladas, esas coberturas que contienen y soportan las reacciones requeridas para la vida y que serían el sobre para las células sintéticas que pretenden crear.

El éxito fue reportado en el journal of the American Chemical Society. “Una de nuestras metas a largo plazo, muy ambiciosa, es intentar crear una célula artificial, una unidad sintética viva, crear un organismo vivo a partir de moléculas no vivas que nunca han sido parte ni tocado un organismo”, expresó Neal Devaraj, profesor de Química en la Universidad de California en San Diego, quien adelantó el desarrollo con Itay Budin.

“Esto debió ocurrir en algún punto en el pasado. De otro modo, la vida no existiría”.

Con el ensamblaje de un componente esencial de la vida terrestre con precursores no biológicos, se espera dilucidar el origen de la vida.

“No entendemos este paso fundamental de nuestra existencia, que es cómo la materia no viva se convirtió en materia viva”, dijo.

Los científicos crearon moléculas similares con una reacción novedosa que junta dos cadenas de lípidos. “En nuestro sistema, usamos una especie de catalizador primitivo, un ión de metal muy simple”, según Devaraj. “La reacción es artificial. No existe un equivalente biológico a esta reacción química”.

Así, crearon membranas sintéticas de una emulsión acuosa de un aceite y un detergente. Sola es inestable. Si se le agregan iones de cobre, vesículas y túbulos, comienzan a emerger gotas de aceite. Luego de 24 horas, esas gotas se han esfumado, consumidas por las membranas autoensambladas.

Hace dos años, el grupo del reconocido genetista Craig Venter publicó el desarrollo de una célula sintética, en la que solo su genoma era artificial. El resto fue sustraído de una célula bacterial.

La vida artificial como tal, completa, requiere la unión de un genoma que porte la información como de una estructura tridimensional que lo albergue

El valor de esta membrana sintética es su simplicidad. A partir de precursores disponibles en el comercio, solo se necesita un paso preparatorio para crear una cadena de lípidos iniciadora.