Hay tiempo de tomar un buen café

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Los agujero negros tampoco son eternos. Ilustración Wikipedia

Todavía tenemos tiempo de tomar un café. Una modelación sobre el fin del universo dice que al menos durará otros 2.800 millones de años, pero seguramente será más.

La observación de las galaxias y estrellas muestra que el universo está en expansión a una tasa creciente. Si se asume que la aceleración permanecerá constante, en algún momento las estrellas morirán, todo se separará y el universo entrará en una muerte térmica, referida no a una temperatura específica sino a que no podrá haber nada que funcione mediante transferencia de calor, un momento de mínima energía.

Otro destino, descartado por ahora, es el big crunch o aplastamiento: el universo ‘se devolvería’ a su comienzo, atraído por la gravedad y todo colapsaría en el mismo punto.

Se cree que la aceleración se debe a la energía oscura. Si esta aumenta, la aceleración también y llegará un punto en que la fábrica del espacio-tiempo se desgarre y el cosmos acabe su existencia. Este es el tercer escenario: big rip o gran desgarramiento.

Cierto modelo dice que ese escenario se presentaría en unos 22.000 millones de años. ¿Podría suceder antes? Eso trataron de resolver en el nuevo análisis Diego Sáez-Gómez de la Universidad de Lisboa, Portugal, y colegas, que modelaron una variedad de escenarios.

Encontraron que el big rip o gran desgarramiento no se daría antes de 2.800 millones de años, muy poco considerando que el Sol aún estaría vivo y no parecería cuadrar.

¿Y cuál sería el límite máximo? No existe, encontraron en sus modelos. El desgarramiento no ocurriría y el universo se enfriaría en esa muerte térmica.

El artículo revela que falta por entender mucha parte de la física que domina el universo y que determinará su futuro y su suerte.

Solo hay una forma de tapar un tiro penal

No queda otra alternativa: si usted quiere detener un penalti, tírese antes de tiempo. Eso revelan los cálculos del profesor de Física y columnista Rhett Allain en Wired.

El profesor de Southwestern Louisiana University se tomó el trabajo de calcular en la pantalla del televisor la velocidad de los tiros desde el punto penal en la definición Brasil-Chile y la reacción de los porteros.

Y aunque advierte que puede haber pequeñas diferencias dado a que en el televisor no se puede establecer el ángulo del disparo, las cifras son concluyentes.

Los tiros penal de esa definición oscilaron entre 17,9 metros/segundo en el tercer tiro hasta 39,18 del segundo. El último, por ejemplo, que rebotó en el palo, tenía una velocidad de 30,47 metros/segundo.

Los porteros, determinó, comienzan a moverse 0,2 segundos antes de que se patee el balón.

Parece haber una aceleración constante de unos 5,26 metros/segundo2. Si comienza en el centro de la línea de gol, ¿cuánto le tarda llegar a un costado? Respuesta: 1,18 segundos.

Si se considera una distancia de 12 yardas del balón a la portería (eso en línea recta) con la velocidad más baja observada, 17,9 m/s, tarda solo 0,61 segundos en llegar a la línea de gol.

¿Cómo detener entonces un penal? La respuesta es muy, pero muy sencilla: ¡adivine!

Adivine a qué lado irá el balón y muévase antes de que el pateador lance.

Si por ejemplo se dobla la aceleración del portero a 10,51 metros segundos, le tomará 0,83 segundos en llegar a un rincón, mientras el balón va más rápido.

El 85% de los tiros penal son goles. O sea, si detiene uno, podría considerarse un portero exitoso.

El hongo más veloz y el hongo que escupe

Tal como los futbolistas y beisbolistas que se la pasan escupiendo todo un partido, no porque los hayan visto, diferentes hongos escupen literalmente para ayudarse a enviar sus esporas lejos con una aceleración sorprendente.

Los hongos amantes de los excrementos, los coprophilous han perfeccionado una técnica con la cual pueden lanzar las esporas a velocidades de 4 a 21 metros por segundo. La medalla de oro en aceleración la obtiene Ascobolus immersus, con un registro de 1.800.000 m s-2, una aceleración que puede ser el récord del vuelo más rápido en la naturaleza.

Para ponerlo en contexto, de acuerdo con el experto Moselio Schaechter en su blog de las pequeñas cosas (Small Things Considered), una bala que sale por el tubo de un rifle con una velocidad de 600 m s-1 alcanza una aceleración de 200.000 m s-2.

La marca en cuanto a distancia la tiene Pilobolus kleinii, cuyas esporas se han encontrado a 2,5 metros de distancia. Todo un suceso considerando que el hongo no pide ni la vigésima parte de una pulgada.

Para alcanzar esa distancia, la esporangiofora aumula fluido rico en azúcares e iones, lo que incrementa la concentracio´n de osmolitos y aumenta la presión dentro de la vesícula bulbosa. Con eso se lgora la explosiva descarga del fluido que lleva la espora más lejos que cualquier otro hongo.

Lo llamativo del mecanismo es que la ruptura de la esporangiofora se da en un punto muy preciso por lo que el líquido es lanzado casi instantáneamente con la espora.

Un escupitajo al fin y al cabo, como se aprecia en el video.

Resuelto el misterio: ¿cómo salta una pulga?

Salta hasta 200 veces su tamaño y alcanza una velocidad de 1,9 metros por segundo, aunque sólo mide menos de 1,8 milímetros. Uno de los animales mejor dotados para el salto.

Tirana de perros, gatos y muchos otros animales, había mantenido su secreto bien guardado. Y aunque pudiera parecer asunto loco, tras 44 años de dudas, científicos lograron descifrar el salto de la pulga.

Fue en 1967 cuando Henry Bennet-Clark descubrió que las pulgas almacenaban en una especie de cojincito la energía requerida para catapultarse en el aire, un cojín hecho de la elástica, por decirle así, proteína resilina.

Pero la gran pregunta no quedó resuelta: ¿cómo lograban liberar esta explosiva energía

Mediante un equipo de grabación de alta velocidad y con modelos matemáticos sofisticados, Malcolm Burrows y Gregory Sutton, probaron que las pulgas usan la punta de sus dedos para empujarse a través del aire, hallazgo reportado en el Journal of Experimental Biology.

El grupo pudo filmar 51 saltos de 10 pulgas, luego de entender que permanecen quietas en la oscuridad y saltan en la luz.

En la mayoría de los saltos. Dos partes de la pata, el tarso (dedo) y el trocanter (rodilla) estaban en contacto con el piso para el empujón, pero en 10 por ciento de los saltos no usaron su rodilla. O no era necesario o tenían dos mecanismos para impulsarse.

Al analizar las películas, los cinéticos pudieron ver que los insectos continuaron acelerando durante el impulso, aún cuando el trocanter no estaba empujando. Los que saltaban sin usar su rodilla aceleraban de la misma manera como los que empleaban tarso y rodilla. Cuando miraron la pata con un microscopio electrónico, la tibia y el tarso estaban equipados con garras para asirse, mientras que la rodilla era lisa.

O sea, no todas saltan de la misma manera, aunque en la mayoría de los casos, la rodilla comenzaba en el piso pero se levantaba unos 0,6 milisegundos antes del salto, antes de alcanzar la máxima aceleración del cuerpo.

Un estudio nada fácil, pues estos animalitos de apenas 0,7 miligramos de peso, debían ser incitados a saltar, bien con el suave toque de un cepillo o con el cambio de iluminación.