Suplementos de omega-3 serían poco útiles

Pese a tantos elogios y a ser tan recomendados por muchos médicos, los ácidos grasos omega 3 no serían nada benéficos para evitar las enfermedades del corazón.

No es que se haya hecho un nuevo estudio, aclaró un informe aparecido en Los Angeles Times, basado en un informe aparecido tan solo el miércoles en el Journal of the American Medical Association. No, lo que hizo un grupo de investigadores fue revisar 20 estudios de 1989 para acá, que involucraban cerca de 70.000 pacientes.

Tan recomendado ha sido este suplemento que en Europa, por ejemplo, si un médico no lo recomienda se considera como caso de mala práctica médica.

La revisión afirma con claridad que esos ácidos grasos poliinsaturados no reducen el riesgo de ataque al corazón, derrame ni muerte prematura.

Varios estudios recientes habían puesto en duda los beneficios de ese compuesto, creando confusión. Ahora llega este examen, de investigadores de la Universidad de Ioannina en Grecia, a la literatura que recomendaba los suplementos.

Entre las observaciones, los autores dijeron que los estudios más antiguos sobre los suplementos de omega-3 y la salud cardiovascular se mostraban sólidos, con un efecto significativo, pero cuando se hacían estudios al azar, los resultados no eran tan claros.

Una de las razones podría ser que los primeros estudios se realizaban con personas que sabían que estaban tomando esos ácidos grados, personas en su mayoría hombres que habían padecido un ataque cardiaco.

Uno de los debates sobre omega-3 tiene que ver con las recomendaciones clínicas. La Food and Drug Administration lo aprobó solo como agente reducidor de triglicéridos, mientras algunas autoridades europeas los recomiendan para pacientes que han sufrido un ataque u otros problemas cardiovasculares.

Las recomendaciones en la etiqueta, crean confusión, dijeron los autores.

Robert Bonow, citado por el diario, un cardiólogo de Chicago que no participó en el estudio, está de acuerdo con la conclusión de que no todos se benefician por ingerir ese suplemento.

Para él, cualquier efecto benéfico es poco frente a lo mucho que benefician el ejercicio, mantener un peso adecuado y controlar el colesterol alto así como la presión arterial. Sin embargo, aclaró, los suplementos parecen ser útiles para personas con corazones muy débiles, como lo reportó un estudio en JAMA.

También los omega-3 son útiles en reducir los peligrosos triglicéridos, grasas que circulan en la sangre y pueden ser nocivas en niveles altos.

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Explican al fin porqué fallan las dietas

Que eso me sirve, que antes me engordé, que esta dieta es la mejor, que siga aquella, que no coma, que sí coma, que no soy capaz de aguantar hambre… ¿Por qué es tan difícil seguir una dieta?

Científicos parecen haber hallado la respuesta o parte de ella. No es sencillo aguantar hambre por una razón que no se conocía.

En el número de esta semana de Cell Metabolism apareció un artículo en el cual se demuestra que cuando las neuronas del hipotálamo tienen hambre, toman un doble camino para luchar contra la escasez de nutrientes: se comen a sí mismas, un proceso llamado autofagia y desencadenan una cascada que hace que el organismo pida más alimento.

Por eso es que cuando se trata de una dieta estricta en ingestión de alimentos, las posibilidades de fracaso son mayores.

“Este estudio identifica el eslabón perdido (entre cerebro y control de peso) como la autofagia”, dijo Vojo Deretic, jefe del Departamento de Genética Molecular y Microbiología de la Universidad de Nuevo México, quien no estuvo involucrado en el estudio, consultado por The Scientist.

No son pocas las personas que cuando intentan una dieta no logran seguirla por mucho tiempo, cayendo ante la necesidad de ingerir alimentos ricos en grasa. Estudios anteriores han demostrado que niveles aumentados de ácidos grasos flotando extracelular en el hipotálamo, región del cerebro que monitorea el estado nutricional, dispara la necesidad de comer. No se conocían los mecanismos que controlaban los niveles de esas moléculas ácidas dentro del cerebro.

La bióloga molecular Susmita Kaushik y sus colegas del Alber Eisntein College of Medicine en Bronx, Nueva York, decidieron investigar una variedad de neuronas del hipotálamo, AgRP, cuya producción de la molécula AgRP ha sido ligada al aumento en la ingestión de alimentos.

Al remover suministros de nutrientes de las neuronas in vitro y manteniendo alejada la comida de ratones, descubrieron que el hambre activa la autofagia, un proceso común que involucra la descomposición de los organelos de la célula y de las proteínas.

En esencia ambos, in vitro como en los ratones, las neuronas AgRP comienzan a comerse a sí mismas, descomponiendo pedacitos de gotas de grasa dentro de sus organelos y citoplasma.

“El estudio demuestra la naturaleza única de las neuronas del hipotálamo y su capacidad de regular la autofagia como respuesta al hambre, que es consistente con los roles de tales neuronas en la alimentación y la homeostasis (mantenimiento estable) de energía”, dijeron los autores.

Bueno, ¿y cuánto pescado debo comer?

Que coma esto, que se tome lo otro. Que así andará mejor su salud. Todo eso es válido, pero, ¿cuánto me hace bien?
En el caso de los ácidos grasos Omega-3, la recomendación parece clara: 200 miligramos al día.
Un estudio en hombres, publicado en Faseb Journal, permitió establecer que 200 mg de ácido docosahexaenoico es justo la cantidad que se necesita para proteger contra la enfermedad cardiovascular en hombres sanos.
Con esa cantidad se afectan los marcadores bioquímicos que predicen con mayor confianza los problemas cardiovasculares, como los relacionados con el envejecimiento, la aterosclerosis y la diabetes.
En el estudio, Michel Lagarde, coautor, y colegas, suministraron a 12 machos dosis de 200, 400, 800 y 1.600 miligramos diarios del ADH durante dos semanas. Ellos tenían de 53 a 65 años de edad.
Tras eso se examinaron los marcadores y determinaron que 200 miligramos estaban bien. Lo que sigue será ampliar los estudios con más personas para corroborar y reafirmar los hallazgos.
Estos ácidos grasos se encuentran en alta proporción en los tejidos de ciertos peces, por regla general el pescado azul, así como en algunas fuentes vegetales, tales como la semilla del lino y las nueces.