Crean e implantan vaginas a 4 jóvenes

Molde con forma de vagina y capas celulares

Cuatro jóvenes tienen hoy y disfrutan con una vagina nueva. Una vagina desarrollada en laboratorio con las células de cada una e implantadas luego, un avance logrado por un equipo del Wake Forest Institute for Regenerative Medicine.

Es el primer caso de esta naturaleza se reportó en el journal The Lancet, un ensayo piloto que puede dar paso a un implante común.

Todas las pacientes en el estudio fueron sometidas a cirugía hace 5 a 8 años dado que nacieron con una condición genética escasa en la cual la vagina y el útero quedan subdesarrollados o ausentes.

Las vaginas fueron cultivadas en laboratorio con las células de las entonces niñas, logrando una forma tubular parecida a ese órgano. Hasta hoy el desarrollo ha sido exitoso y las jóvenes tienen una vida sexual activa sin inconvenientes.

Pese a ser un número pequeño, los resultados indican que las vaginas pueden ser reconstruidas y usadas con éxito en las personas, indicó Anthony Atala, director del instituto.

El procedimiento podría ser útil además para mujeres con cáncer vaginal o lesiones que requieran cirugías reconstructivas.

Las pacientes en el estudio tenían una deformidad congénita llamada síndrome Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser, que afecta entre 1 en 1.500 y 1 en 4.000 niñas, dijeron los investigadores.

Para la reconstrucción personalizada, los investigadores tomaron un pequeño pedazo de tejido de la vulva, menos de media estampilla, de cada pacientes y luego permitieron que las células se multiplicaran en laboratorio.

La vagina está constituida por dos grandes capas con dos tipos de células: musculares y epiteliales vaginales. Para construir esas capas, los científicos pudieron un tipo de célula en un lado de un molde especial y el otro en el otro lado.

“Pudimos darle forma al molde para cada paciente y poner ese dispositivo con las células en un biorreactor, una especie de horno con las mismas condiciones del cuerpo humano, por una semana hasta que estuvo más maduro.

Una vez los órganos estuvieron listros, los médicos crearon quirúrgicamente una cavidad en los cuerpos de las pacientes y unieron un lado del nuevo órgano vaginal en la apertura de la cavidad y el otro hacia el útero.

El proceso entero tarda de 5 a 6 semanas, desde que se toma el tejido de la persona hasta que se implanta.

Al tiempo de las cirugías las mujeres tenían entre 13 y 18 años. Durante cada año se les hizo seguimiento por unos 5 a 8 años, y examinaron los órganos con rayos X y biopsias para chequear su estructura. Las mujeres reportaron buen funcionamiento, incluso en la actividad sexual.

No solo funcionaban bien sino que el deseo sexual era normal y no sentían dolor durante el coito.

Los tratamientos más comunes hoy para ese síndrome incluyen la dilatación del tejido existente p, en caso más severos, cirugía reconstructiva utilizando un pedazo de intestino o de piel para crear un nuevo órgano vaginal. Pero el riesgo de complicaciones es alto dado que el tejido sustituto no es vaginal y no tiene la misma funcionalidad.

A más labores domésticas, menos vida sexual

Hay estudios que aparecen con unas cosas que causan hilaridad o… preocupación. Este revela una faceta social insospechada y que da mucho para hablar.

Los hombres casados que hacen más oficios tradicionales en la casa como cocinar, asear y comprar, reportan tener menos sexo que los maridos que no lo participan tanto de estas actividades.

Esto dice un estudio que aparece en el número de febrero de American Sociological Review.

“Los hallazgos sugieren la importancia de los roles de género socializados en la frecuencia sexual en un matrimonio heterosexual”, dijo Sabino Komrich, investigador del Centro de Estudios Avanzados en el Instituto Juan March en Madrid, cabeza de la investigación.

“En las parejas en las que el hombre participa más de las actividades hogareñas típicamente hechas por mujeres, se reporta tener sexo con menos frecuencia. Y en las parejas en las que el hombre participa más de tareas consideradas masculinas, como arreglar el patio, pagar las facturas y darle mantenimiento al auto, la frecuencia sexual es más alta”.

En el estudio, que se basó en datos de una encuesta nacional de familias de Estados Unidos, los hombres reportaban tener sexo 5,2 veces al mes antes de la encuesta, las mujeres 5,6 en promedio. Hombres y mujeres que reportaron una división más tradicional de género de las tareas hogareñas reportaron más vida sexual que aquellos con tendencia igualitaria.

¿Será existe un conjunto de escenarios sexuales referentes al género en los cuales el desempeño tradicional y la afirmación de género es importante para crear el deseo sexual y el desempeño en la actividad sexual? Eso sugiere Komrich.

Los científicos descartaron posibilidades como que en las parejas tradicionales los maridos sean más coercitivos sexualmente.

Pero algo debe haber.

El semen induce la ovulación

No parecería buena idea planificar con el método del ritmo a la luz de un sorprendente hallazgo sobre la vida secreta del semen.

Este no es solo el medio de transporte de los espermatozoides hacia su destino final. El líquido seminal contiene una sustancia que puede activar la ovulación en la hembra y varios mecanismos que apoyan las respuestas hormonales a la preñez en hembras de mamíferos, un hallazgo que podría conducir a nuevos tratamientos de fertilidad en humanos.

Como la mayoría de las hembras animales, las mujeres son ovuladoras espontáneas, o sea que liberan los óvulos de forma regular independiente de su actividad sexual. En pocas especies, como camellos y conejos, la liberación se produce en respuesta al sexo, son animales llamados ovuladores inducidos.

Por décadas se ha discutido que en esos animales la estimulación física por el seco activa respuestas hormonales en la hembra que conducen a la producción y liberación del huevo. En 1985, científicos chinos retaron tal idea al sugerir que debería haber un factor de inducción a la ovulación en el semen, una sugerencia en contravía de la sabiduría popular que pronto fue desechada.

Gregg Adams, de la University of Saskatchewan en Saskatoon, Canadá, examinaron la idea china en 2005, inyectando el fluido seminal de machos en hembra llama para ver si ovulaban sin estimulación genital. Para sorpresa, eso tuvo un poderoso efecto ovulatorio.

Eso alentó una búsqueda de aquel factor en el semen que duró 7 años. Ahora, en un estudio en Proceedings of the National Academy of Sciences-PNAS, Adams y colegas dicen que lo encontraron.

Se trata de una proteína crucial apra el desarrollo y supervivencia de las neuronas sensoriales: el Factor de Crecimiento Neuronal, una molécula encontrada en el cuerpo de muchas especies.

El FCN fue hallado en el semen de toros en los años 80 y Adams y su equipo la han encontrado en el semen de muchas otras especies, incluidos los humanos.

En otros experimentos, establecieron que la molécula facilita la reproducción en muchas especies. En vacas, sin embargo, tiene otros efectos, promoviendo el desarrollo y funcionamiento del corpus luteum, una estructura endocrina temporal crucial para el mantenimiento de la preñez.

Satisfacción sexual trae bienestar

La satisfacción sexual no es asunto de poca importancia. La mujeres pre y posmenopáusicas que se calificaban a sí mismas como satisfechas sexualmente, tenían un resultado de bienestar psicológico más alto y más vitalidad comparadas con las menos satisfechas, en un estudio con 295 mujeres sexualmente activas más de dos veces al mes.
El estudio, publicado en The Journal of Sexual Medicine, descubrió además una asociación positiva entre edad y bienestar, pero una negativa en cuanto a la salud general.
Los problemas sexuales más comunes reportados en el área de sexualidad consensual en las mujeres están relacionados con el interés y el deseo sexual, placer y la satisfacción, y para la mayoría de las mujeres estos forman parte de una experiencia sexual completa y están relacionados inextricablemente.
Pese a su insatisfacción, las mujeres que reportaron esa condición se mantenían sexualmente activas.
En el estudio con la cohorte australiana de mujeres de 20 a 65 años, 90 por ciento informó que su actividad sexual involucraba un compañero y era iniciada por él al menos el 50 por ciento de las veces. La actividad sexual de ellas podía verse afectada por la presencia o ausencia de su pareja, la salud de él y el desempeño sexual, que no fue incluido en el estudio.
El hecho de que las mujeres se identificaran a sí mismas como insatisfechas y mantuvieran la actividad sexual, probablemente representa un comportamiento y expectativas de la pareja, según los autores.