El ADN es un baúl de los recuerdos

Recuerdos. Tal parece que las memorias podrían guardarse en… ¡el ADN!
Experimentos en ratones, según artículo en New Scientist, sugiere que ciertos patrones químicos en el ADN pueden ser responsables de preservar los recuerdos.
Para recordar un evento particular, se debe activar una secuencia específica de neuronas en el momento justo. Para que esto suceda, las neuronas deben estar conectadas de cierta manera por unas uniones químicas llamadas sinopsis. Cómo permanecen durante décadas considerando que las proteínas en el cerebro, incluyendo aquellas que forman la misma sinopsis, son destruidas y remplazadas constantemente, es un misterio aún.
Courtney Millar y David Sweatt, de la Universidad de Alabama en Birmingham sostienen que las memorias duraderas pueden ser preservadas por un proceso llamado ADN metilación, la suma de aquellos patrones químicos llamados grupos metilo en el ADN.
¿Podrán permanecer los recuerdos de alguien tras su muerte? Un tema del que se ha especulado en textos de ciencia ficción, que para algunos no son tan irreales.

Muerto, pero bien dorado

Ojo con la bronceada. Los estudios son, a veces, contradictorios. Pero… así avanza la ciencia.
En la edición de octubre de Pigment Cell & Melanoma Research se informa que no existe ninguna clase de bronceado seguro. Ni el que proporciona el Sol ni el que se consigue en las cámaras bronceadotas.
No se trata de uno. Son tres los estudios que trae sobre el tema, realizados por autores líderes en el campo de la biología celular, la dermatología y la epidemiología, que examinaron los efectos de la radiación ultravioleta sobre la piel. Y aunque reconocen que hay que investigar más al respecto, piden, por ejemplo, prohibir el uso de las cámaras en menores de 18 años.
La radiación en las cámaras o bajo el Sol afecta el ADN, envejece la piel y provoca cáncer. La cámara bronceadota, según los datos publicados, muy usada por mujeres jóvenes, incrementa el riesgo de melanoma, la forma más peligrosa de cáncer de piel. Ninguna es segura.
Pero tampoco la exposición al Sol, bajo ninguna circunstancia, es segura, concluyen los autores.