Medicinas que pueden causar disfunción eréctil

No está de más. La impotencia sexual afecta un alto porcentaje de la población. Muchos medicamentos inciden en esa situación, aparte de otras condiciones..

El sitio Medline Plus publicó una lista de medicinas que pueden causar el problema. Y no son pocos, aunque no todos actúan del mismo modo en los distintos organismos.

Eso sí, la advertencia es más que clara: nunca deje de tomarlos sin consultar con el médico. Podría ser peor el remedio que la enfermedad.

La vista escueta es esta.

Antidepresivos y otros medicamentos psiquiátricos:

Amitriptilina (Elavil), Amoxapina (Asendin),  Buspirona (Buspar), Clorodiazepóxido (Librium), Clorpromazina (Thorazine), Clomipramina (Anafranil), Clorazepato (Tranxene), Desipramina (Norpramin), Diazepam (Valium), Doxepina (Sinequan), Fluoxetina (Prozac), Flufenazina (Prolixin), Imipramina (Tofranil), Isocarboxazida (Marplan), Lorazepam (Ativan), Meprobanato (Equanil), Mesoridazina (Serentil), Nortriptilina (Pamelor), Oxazepam (Serax), Fenelzina (Nardil), Fenitoína (Dilantin), Sertralina (Zoloft), Tioridazina (Mellaril), Tiotixeno (Navane), Tranilcipromina (Parnate), Trifluoperazina (Stelazine).

Anntihistamínicos (ciertos tipos de antihistamínicos también se utilizan para tratar la acidez gástrica):

Cimetidina (Tagamet), Dimenhidrinato (Dramamine), Difenhidramina (Benadryl), Hidroxizina (Vistaril), Meclizina (Antivert), Nizatidina (Axid), Prometazina (Fenergan), Ranitidina (Zantac),

Antihipertensivos y diuréticos:

Atenolol (Tenormin), Betanidina, Bumetanida (Bumex), Captopril (Capoten), Clorotiazida (Diuril), Clorthalidona (Hygroton), Clonidina (Catapres), Enalapril (Vasotec), Furosemida (Lasix), Guanabenzina (Wytensin), Guanetidina (Ismelin), Guanfacina (Tenex), Haloperidol (Haldol), Hidralazina (Apresoline), Hidroclorotiazida (Esidrix), Labetalol (Normodyne), Metildopa (Aldomet), Metoprolol (Lopressor), Minoxidil (Loniten), Nifedipina (Adalat, Procardia), Fenoxibenzamina (Dibenzyline), Fentolamina (Regitine), Prazosina (Minipress), Propranolol (Inderal), Reserpina (Serpasil), Espironolactona (Aldactone), Triamtereno (Maxide), Verapamilo (Calan).

Entre los medicamentos antihipertensivos, los tiazídicos son la causa más común de disfunción eréctil (DE), seguidos por los bloqueadores beta. En general, es menos probable que los bloqueadores alfa ocasionen este problema.

Medicamentos contra la enfermedad de Parkinson:

Benztropina (Cogentin), Biperideno (Akineton), Bromocriptina (Parlodel), Levodopa (Sinemet), Prociclidina (Kemadrin), Trihexifenidilo (Artane).

Medicamentos hormonales y quimioterapéuticos:

Antiandrógenos (Casodex, Flutamida, Nilutamida), Busulfán (Myleran), Ciclofosfamida (Cytoxan), Ketoconazol

Agonistas de LHRH (Lupron, Zoladex).

Otros medicamentos:

Ácido aminocaproico (Amicar), Atropina, Clofibrato (Atromid-S), Ciclobenzaprina (Flexeril), Ciproterona, Digoxina (Lanoxin), Disopiramida (Norpace), Estrógenos, Finesterida (Propecia, Proscar), Furazolidona (Furoxone), Bloqueadores H2 (Tegamet, Zantac, Pepcid), Indometacina (Indocin), Agentes reductores de lípidos, Dulce de regaliz, Metoclopramida (Reglan), AINES (ibuprofeno, etc.), Orfenadrina (Norflex), Proclorperazina (Compazine), Seudoefedrina (Sudafed).

Analgésicos opiáceos (tranquilizantes):

Codeína, Fentanilo (Innovar), Hidromorfona (Dilaudid), Meperidina (Demerol), Metadona, Morfina, Oxicodona (Oxycontin, Percodan).

Drogas psicoactivas:

Alcohol, Anfetaminas, Barbitúricos, Cocaína, Marihuana, Heroína, Nicotina.

Los genes no dejan que deje de beber

No todo sirve para todos. Una vez más, un estudio conduce a la era de la medicina personalizada o aquella basada en la genética de cada persona.

El Instituto del Abuso del Alcohol y el Alcoholismo de Estados Unidos encontró que la efectividad de un tratamiento experimental para el alcoholismo depende de la composición genética del individuo que lo recibe. El reporte aparece en el American Journal of Psychiatry.

“Es un paso importante en la búsqueda de tratamientos personalizados para la dependencia al alcohol”, dijo Kenneth R. Warren, director del Instituto.

Investigadores dirigidos por Bankole Jonson de la Universidad de Virgnia, condujeron un ensayo controlado para determinar si el medicamento ondansetron podría reducir el problema de la bebida en personas dependientes del alcohol. Esa medicina es usada actualmente para tratar las náuseas y el vómito siguientes a la quimioterapia. Funciona bloqueando receptores del químico cerebral serotonina.

Johnson y sus colegas efectuaron análisis genéticos para determinar que variantes del gen transportador de serotonina portaba cada individuo y luego a cada uno le asignaban tratamientos con ondansetron o placebo.

Encontraron que los sujetos con el fenotipo LL y que tomaban el medicamento reducían el promedio de tragos diarios a menos de cinco, pero quienes que recibían el placebo continuaban tomando más de cinco.

Los que tomaban el ondansetron tenían más días de abstinencia. Los efectos eran más pronunciados entre quienes portaban las variantes LL y TT, mientras que quienes carecían de la LL no experimentaban ningún beneficio con la medicina.

Quizás no es que no quiera dejar de beber. Es que sus genes no se lo permiten.

¿Será que sí?

De el guayabo y el alcohol

La píldora del día siguiente debería ser para aliviar e guayabo.

Para estos días: aunque no se trata de una nota propiamente científica, aunque sí con opiniones de expertos, veamos qué hacer con el guayabo.

En The Why files, se recuerda que el guayabo (resaca) es la reacción del cuerpo a una intoxicación por alcohol. Incluye síntomas como dolor de cabeza, náuseas, sensibilidad a la luz, sed, diarrea, letargo.

El alcohol, explica la fisiología, provoca deshidratación. Las enzimas del hígado convierten el etanol en el más tóxico acetaldehído. Menos glucosa llega al cerebro, induciendo el letargo.

Aparte de la abstinencia, hay algunas maneras de reducir el guayabo. La comida, en especial las grasas, disminuyen la absorción de alcohol, si el alimento llega al estómago primero. James Garbutt, profesor de Psiquiatría y especialista en alcoholismo en University of North Carolina en Chapel Hill, sugiere una comida antes del primer trago y mantenerse picando comida toda la noche o el rato.

Ingerir un vaso de agua entre bebidas, también disminuye el consumo.

A la mañana siguiente, el dolor de cabeza se puede tratar con ibuprofeno, no con aspirina ni acetaminofén, y beber agua o bebidas deportivas para restaurar los fluidos y los electrolitos.

Un estudio de 2005 decía que no ha evidencias de que alguna intervención complementaria o convencional sea efectiva para tratar el guayabo.

Por eso, la mejor solución sería: si va a beber, hágalo con moderación.

El licor mata las emociones

El exceso mata. O no deja obrar. La ingestión excesiva y crónica de bebidas alcohólicas pueden conducir a un daño cerebral en distintos niveles, incluyendo el desarrollo de anormalidades emocionales que pueden interferir con unas relaciones interpersonales sanas.
Hallazgos de un reciente estudio utilizando imágenes de resonancia magnética sugieren que la disminuida actividad de la amígdala y el hipocampo producen problemas emocionales como los observados en alcohólicos con una larga abstinencia.
Los resultados serán publicados en noviembre en Alcoholism & Clinical Experimental Research.
“Como la mayoría de órganos, el cerebro es vulnerable al daño por el excesivo consumo de alcohol”, dijo Ksenija Marinkovic, profesor en el departamento de Radiología de la Universidad de California en San Diego. “El riesgo de daño cerebral y los déficits de neurocomportamiento relacionados varían de persona a persona, dependiendo de un amplio rango de factores como la cantidad y la duración de la ingestión de alcohol, la edad, el género, la historia familiar de alcoholismo y la salud en general. La mayoría de los déficits comunes incluyen dificultades con la memoria, razonamiento reducido y discapacidad en la solución de problemas y anormalidades emocionales”.
Estas anormalidades debidas al alcoholismo pueden ser sutiles, explicó Marinkovic, como no captar señales faciales o verbales, o muy obvias, como la apatía y la inexpresividad de emociones, o los súbitos ataques de ira.
“Los alcohólicos también tienen problemas en juzgar las expresiones emocionales de los rostros de otras personas. Esto puede derivar en una mala comunicación durante situaciones muy emotivas y conducir a conflictos innecesarios en las relaciones interpersonales. Las repercusiones negativas pueden incidir, a la vez, en un aumento en el consumo de licor”.

Con el manos libres parece borracho

Celular. No es asunto de utilizar el manos libres o no. Lo que distrae es la conversación. Los conductores se distraen más al hablar por celular que conversando con un pasajero en el auto, según un nuevo estudio de Frank Drews, David Strayer y Monisha Pasupathi de la Universidad de Utah.
En el estudio, para el cual emplearon un sofisticado simulador, se encontró que cuando los conductores conversan por celular, se desvían de su carril y se pasan las salidas a otras vías de su ruta con más frecuencia que cuando conversan con un acompañante en el vehículo. Los hallazgos serán publicados en el Journal of Experimental Psychology: Applied en diciembre 15.
“El pasajero le suma ojos al conductor, le ayuda a navegar y le recuerda a dónde van, según Strayer.
Estudios previos de Drews y Strayer habían hallado que el mano libres distrae tanto como tomar el celular en la mano, pues es la conversación la mayor distracción. Encontraron además que cuando los jóvenes conversan por el celular mientras manejan, su tiempo de reacción es tan lento como el de los adultos mayores.
Y hay un dato adicional: los conductores que conversan por celular están tan impedidos como quienes poseen un 0,08 de alcohol en su sangre, lo que en la mayoría de los estados en E. U. es conducir ebrio.
Foto en el simulador, cortesía Nate Medeiros-Ward, U. Utah

Camino a un ataque al corazón

Alcohol. No solo es cuánto se bebe, sino cómo. Bueno, al menos tratándose de problemas para el corazón.
Investigadores identificaron el mecanismo preciso por el cual la forma como se bebe contribuye a los coágulos en las arterias que derivan en ataques al corazón y a los derrames, según un estudio publicado en Atherosclerosis.
La investigación aporta nuevos datos a la creciente evidencia de que los patrones de bebida importan tanto, sino más, para el riesgo de enfermedad cardiovascular que la cantidad total ingerida.
Un exceso es considerado como ingerir cinco o más tragos para los hombres y cuatro o más para mujeres en dos horas.. Existen varios estudios que sugieren que un patrón irregular de beber en exceso dobla el riesgo de un ataque al corazón, pese a que se considera que beber con moderación reduce el riesgo (el llamado efecto del vino tinto).
Las bebidas alcohólicas contienen etanol, que es convertido en acetaldehído en el cuerpo humano. Sus niveles permanecen altos durante varias horas tras beber en exceso. Esos altos niveles de acetaldehído hacen que un tipo importante de células inmunes, los monolitos, se adhieran más a los vasos sanguíneos, un paso para el inicio de la enfermedad aterosclerótica.
En el pasado, se creía que la aterosclerosis se desarrollaba cuando el colesterol atascaba las arterias con depósitos grasosos denominados placas. Cuando los vasos sanguíneos se obstruían del todo, se presentaban los infartos. Ahora la mayoría de los expertos creen que la reacción del sistema inmune del cuerpo, más que la acumulación misma, origina el riesgo de ataque. Las paredes de los vasos consideran intrusos los depósitos de grasa, afines a las bacterias, y piden ayuda al sistema inmune. Entre otras clases de células los monolitos llegan con el objetivo de prevenir la infección, pero terminan provocando inflamación que conduce al bloqueo del vaso sanguíneo.

Enmascare la gripa

En ciertas ocasiones, la gripa llega y ataca toda la familia, compañeros de trabajo o estudio y amigos. La cadena se riega.
¿Hay forma de evitarlo? Usar máscaras y desinfectantes de manos a base de alcohol reducen la diseminación de la gripa hasta en un 50 por ciento, según estudio de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Michigan, que trabajó con cerca de 1.000 estudiantes, indicó Allison Aiello, co autora.
El uso de las máscaras ha servido como medida protectora contra otras enfermedades respiratorias.
Los resultados son preliminares, pues la investigación proseguirá un año más.

El alcohol lo encoge

Mientras más alcohol beba una persona, menor será su cerebro. Y no es un juego. En la última edición de Archives of Neurology se reveló que el volumen cerebral decrece con la edad a una tasa de 1,9 por ciento por década, acompañado de un incremento en lesiones de la materia blanca. Los volúmenes cerebrales bajos y las lesiones en materia blanca mayores ocurren con frecuencia con el progreso de la demencia y los problemas de pensamiento, memoria y aprendizaje.
En los bebedores, Carol Ann Paul del Wellesley College y colegas, encontraron un menor volumen cerebral. El hecho es más acentuado en las mujeres, que en general beben menos, lo que podría explicarse por una predisposición biológica.