Llevamos 10 millones de años borrachos

¿Bebedores los humanos? Noooo. Bebedores nuestros ancestros simios. Beodos.

Bueno, tampoco es para tanto, pero un estudio nuevo sugiere que hace 10 millones de años ellos comenzaron a desarrollar la capacidad de descomponer el alcohol. Tal vez fue para digerir los frutos podridos, fermentados, que encontraban en el suelo de la selva.

El hallazgo, pocos lo pensarían, ayuda a los científicos a descifrar cuándo esos ancestros comenzaron a moverse sobre la superficie terrestre abandonando un poco la vida arbórea.

El estudio apareció publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

“Mucho de nuestra condición actual -del dolor en la espalda a la ingestión de sal y azúcar- tiene piso en nuestra historia evolutiva”, en palabras de Matthew Carrigan, líder de la investigación.

Para conocer más sobre cómo evolucionó la descomposición del alcohol, los investigadores se enfocaron en genes que codifican por un grupo de enzimas digestivas la familia ADH4 que se hallan en el estómago, garganta y lengua de los primates y que son las primeras enzimas metabolizantes que encuentra el etanol cuando es ingerido.

Se investigaron los genes ADH4 de 24 mamíferos distintos, incluyendo 17 primates.

Tras un dispendioso análisis en el que incluyeron el uso de bacterias para leer genes ancestrales, los resultados sugieren que esa capacidad provino de una sola mutación presentada hace 10 millones de años.

Esta coincidió con el cambio al estilo de vida terrestre. Y para Carrigan, fue la segunda opción de escoger entre frutas buenas y otras podridas: estas se tenían que aprovechar cuando había escasez.

Los humanos, sugiere la ciencia, tenemos problemas de salud con el exceso de alcohol porque no hemos evolucionado suficientemente los genes para procesar el etanol.

El modelo de evolución del consumo de alcohol indica que el etanol solo llegó a la dieta humana luego de que la gente comenzó a almacenar alimentos y se desarrolló intencionalmente ña fermentación hace cerca de 9.000 años.

Por eso, sugiere la teoría, el alcoholismo es una enfermedad porque el genoma humano no ha tenido tiempo suficiente para adaptarse plenamente.

¿Bebedores? Nuestros ancestros.

(Nota: con base en documentos LiveScience)

Genes para aliviar el alcoholismo

Ya no bebo más. Lo que parece una frase más pronunciada por una persona sumida en el alcoholismo podría ser verdad.

Investigadores de la Clínica Mayo identificaron marcadores genéticos que ayudan a identificar individuos que podrían beneficiarse del tratamiento con acamprosato, una droga usada para tratar esta adicción.

El estudio fue publicado en Translational Psychiatry.

Ese medicamento es recetado con frecuencia como medio de recuperación del alcoholismo. Los científicos estudiaron la asociación entre ciertos genes y la duración de la etapa de sobriedad en esas personas dependientes del alcohol tratados con aquel medicamento.

Cuando se consideraban factores ambientales y sicológicos, aquellos con el alelo común de la variante genética rs2058878 en el gen GRIN2B, permanecían sobrios más tiempo que aquellos con una variante del mismo polimorfismo.

El hallazgo fue replicado en una muestra de colaboradores alemanes.

“Este es un primer paso hacia el desarrollo de un test farmacogenético que permita a los médicos elegir el tratamiento adecuado para subgrupos específicos de pacientes dependientes del alcohol”, dijo Victor Karpyak. Siquiatra de Mayo y líder del artículo.

“Creemos que la selección de un tratamiento individualizado eliminará la necesidad de recetas ensayo-error y mejorará la eficacia del tratamiento”.

El estudio aprota evidencia sólida del rol de los receptores N-Methyl-D-aspartate en los efectos del tratamiento con acamprosato.

Se requerirán más estudios para determinar la importancia de variantes genéticas identificadas en los efectos a largo plazo de esa droga.

El hambre y el alcoholismo están relacionados

Si nos preguntaran qué tiene que ver el hambre con el alcoholismo, diríamos que nada. No parece tener sentido.

Pero investigadores del Scripps Research Institute hallaron vínculos entre la proteína que controla nuestra necesidad de comer y las células cerebrales relacionadas con el desarrollo del alcoholismo.

El hallazgo fue publicado en Neuropsychopharmacology, centrado en el péptido grelina, conocido por estimular la necesidad de comer.

“Es el primer estudio que caracteriza los efectos de la grelina en las neuronas de una región cerebral llamada el núcleo central de la amígdala”, explicó la líder del equipo, Marina Roberto.

“Cada vez hay evidencia más evidencia de que los sistemas de péptidos que regulan la comida son también actores críticos en el consumo excesivo de alcohol. Estos sistemas tienen un potencial como objetivos para nuevas terapias dirigidas a tratar el alcoholismo”.

El abuso del alcohol explica cerca del 4% de las muertes globalmente cada año.

Si se pudiera hallar un modo de bloquear la actividad de la grelina en aquella región, se podría disminuir o eliminar la ansiedad sentida por los alcohólicos. Sin embargo, Roberto dice que hay que ser cautos dado que las actuales terapias para el alcoholismo solo funcionan en ciertos pacientes.

“Como el alcohol afecta muchos sistemas en el cerebro, no será una sola pastilla la que aliviará los múltiples y complejos aspectos de la enfermedad. Por eso estudiamos el alcoholismo desde distintos ángulos, para entender los distintos blancos del cerebro involucrados”.

Forma del vaso influencia cuán rápido bebemos

Si tomó más de la cuenta, debería echarle la culpa no a la bebida sino… al vaso.

Sí. Angela Attwood y colegas de Bristol’s School of Experimental Psychology reclutaron para dos sesiones experimentales 160 bebedores sociales de 18 a 40 años sin historia de alcoholismo.

En una de las sesiones, bebieron una bebida no alcohólica en un vaso recto o en otro curvo, y una alcohólica en los mismos recipientes.

Los participantes bebían casi dos veces más lento cuando tomaban alcohol en los vasos rectos en comparación con los curvos. No hubo diferencias para las bebidas sin alcohol.

Los investigadores sugieren que la razón podría ser que es más difícil determinar el punto medio de los vasos curvos. Como consecuencia, a las personas les queda más difícil saber cuánto han bebido.

El hallazgo fue corroborado en la otra sesión en la que establecían en imágenes de computador si un vaso con una de las formas tenía más volumen de líquido que el otro.

Los investigadores indicaron que hacer más lenta la ingestión de bebidas tendría un impacto positivo en la persona y a nivel general en la población.

Los genes no dejan que deje de beber

No todo sirve para todos. Una vez más, un estudio conduce a la era de la medicina personalizada o aquella basada en la genética de cada persona.

El Instituto del Abuso del Alcohol y el Alcoholismo de Estados Unidos encontró que la efectividad de un tratamiento experimental para el alcoholismo depende de la composición genética del individuo que lo recibe. El reporte aparece en el American Journal of Psychiatry.

“Es un paso importante en la búsqueda de tratamientos personalizados para la dependencia al alcohol”, dijo Kenneth R. Warren, director del Instituto.

Investigadores dirigidos por Bankole Jonson de la Universidad de Virgnia, condujeron un ensayo controlado para determinar si el medicamento ondansetron podría reducir el problema de la bebida en personas dependientes del alcohol. Esa medicina es usada actualmente para tratar las náuseas y el vómito siguientes a la quimioterapia. Funciona bloqueando receptores del químico cerebral serotonina.

Johnson y sus colegas efectuaron análisis genéticos para determinar que variantes del gen transportador de serotonina portaba cada individuo y luego a cada uno le asignaban tratamientos con ondansetron o placebo.

Encontraron que los sujetos con el fenotipo LL y que tomaban el medicamento reducían el promedio de tragos diarios a menos de cinco, pero quienes que recibían el placebo continuaban tomando más de cinco.

Los que tomaban el ondansetron tenían más días de abstinencia. Los efectos eran más pronunciados entre quienes portaban las variantes LL y TT, mientras que quienes carecían de la LL no experimentaban ningún beneficio con la medicina.

Quizás no es que no quiera dejar de beber. Es que sus genes no se lo permiten.

¿Será que sí?

El licor mata las emociones

El exceso mata. O no deja obrar. La ingestión excesiva y crónica de bebidas alcohólicas pueden conducir a un daño cerebral en distintos niveles, incluyendo el desarrollo de anormalidades emocionales que pueden interferir con unas relaciones interpersonales sanas.
Hallazgos de un reciente estudio utilizando imágenes de resonancia magnética sugieren que la disminuida actividad de la amígdala y el hipocampo producen problemas emocionales como los observados en alcohólicos con una larga abstinencia.
Los resultados serán publicados en noviembre en Alcoholism & Clinical Experimental Research.
“Como la mayoría de órganos, el cerebro es vulnerable al daño por el excesivo consumo de alcohol”, dijo Ksenija Marinkovic, profesor en el departamento de Radiología de la Universidad de California en San Diego. “El riesgo de daño cerebral y los déficits de neurocomportamiento relacionados varían de persona a persona, dependiendo de un amplio rango de factores como la cantidad y la duración de la ingestión de alcohol, la edad, el género, la historia familiar de alcoholismo y la salud en general. La mayoría de los déficits comunes incluyen dificultades con la memoria, razonamiento reducido y discapacidad en la solución de problemas y anormalidades emocionales”.
Estas anormalidades debidas al alcoholismo pueden ser sutiles, explicó Marinkovic, como no captar señales faciales o verbales, o muy obvias, como la apatía y la inexpresividad de emociones, o los súbitos ataques de ira.
“Los alcohólicos también tienen problemas en juzgar las expresiones emocionales de los rostros de otras personas. Esto puede derivar en una mala comunicación durante situaciones muy emotivas y conducir a conflictos innecesarios en las relaciones interpersonales. Las repercusiones negativas pueden incidir, a la vez, en un aumento en el consumo de licor”.