Cuándo perdimos ese sexto sentido

La mayoría de los vertebrados, entre ellos 30.000 especies de animales terrestres, humanos incluidos y casi un número igual de peces espátula, descienden de un ancestro común que tenía un sexto sentido: un sistema de recepción eléctrica.

Aunque los humanos sentimos el mundo a través de cinco sentidos, los tiburones y peces espátula y otros vertebrados acuáticos tienen otro sentido: pueden detectar los débiles campos eléctricos en el agua, información que usan para detectar presas, comunicarse y orientarse.

En un estudio en Nature Communications que reúne más de 25 años de trabajo, se encontró que ese ancestro común era quizás un pez depredador marino con muy buena vista, dientes y mandíbula y un sistema lateral para detectar los movimientos del agua, visible como una franja a través del flanco de la mayoría de los peces. Vivió hace 500 millones de años aproximadamente.

La mayoría de las 65.000 especies vivas de vertebrados descienden de él.

Cientos de millones de años en el pasado hubo una gran división en el árbol evolutivo de los vertebrados. Un linaje condujo a los peces tipo raya o actinopterigios y el otro dio paso a los peces de aleta-lóbulo o sarcopterigios, que luego dieron origen a los vertebrados terrestres.

Pocos conservaron ese sexto sentido, como la salamandra mexicana axotoli, que se ha convertido en modelo para los estudios evolutivos.

Algunos peces espátula conservaron también esos receptores en la piel, siendo el americano el animal viviente con más receptores de esa clase: hasta 70.000 en la trompa y la piel de la cabeza.

¿Qué tal si los hubiéramos conservado nosotros? ¿Por qué perdimos ese sexto sentido?

Las ballenas se broncean sin bikini

Las ballenas también se broncean. Sí, no es que les guste, pero andar en el mar, así no sea en la playa, tiene sus riesgos incluso y para estos mamíferos también parece ser una realidad.

Científicos de la Zoological Society of London y las universidades Queen Mary, de Londres y Cicimar revelaron que la piel de estos cetáceos exhibe daño consistente con la exposición al sol, condición que parece empeorar con el tiempo. Los hallazgos fueron publicados en Proceedings of the Royal Society B.

Los investigadores estudiaron ballenas azules, de aleta y el cachalote en el Golfo de California y determinaron los efectos de los niveles crecientes de rayos ultravioleta sobre su piel.

Durante años, se han observado ampollas sobre su piel. Mediante fotografías de alta calidad pudieron analizarlas bien, así como las áreas afectadas. Encontraron que el daño es similar al que presentan los humanos cuando se tuestan al sol.

Es más: hallaron que el daño era más severo en las ballenas de piel pálida, las azules, en comparación con las más oscuras. Los síntomas, además empeoraron durante los tres años que duró la investigación.

Los índices de radiación ultravioleta en ese golfo se mantienen entre altos y extremadamente altos durante todo el año. Las ballenas, dijo la científica Laura Martinez-Levasseur, necesitan salir a la superficie a tomar aire, para socializar y alimentar los bebés, quedando más expuestas al sol.

El aumento en el daño de la piel en las ballenas azules es motivo de preocupación, pero aún no se sabe qué provoca ese incremento.

Tal como se esperaba, explicó el profesor Edel O’Toole, las ballenas que pasan más tiempo al sol, son las más afectadas.