Reviven plantas congeladas hace 400 años

Musgo que revivió, cortesía C. La Farge

Qué fuerza tiene la vida: tras permanecer bajo el hielo cerca de 400 años, plantas volvieron a germinar, reportaron científicos en un artículo en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Esas plantas fueron cubiertas por el glaciar durante la Pequeña Edad de Hielo, un periodo frío entre 1550 y 1850 más o menos.

Un equipo de científicos de la Universidad de Alberta en Canadá exploraba la zona cerca del glaciar Teardrop en Sverdrup, ártico canadiense, cuando notó un asomo de vegetación extraño.

Eran colonias que salían debajo del glaciar, dijo Catherine La Farge, investigadora líder del estudio. En esa región los glaciares se han venido derritiendo de manera acelerada desde 2004, a un ritmo de 3 a 4 metros año, lo que expone terrenos que no veían la luz del día desde entonces.

Las plantas halladas son briofitas, plantas terrestres no vasculares como los musgos. En el Ártico sobreviven inviernos duros y vuelven a germinar al subir la temperatura.

Al llevarlas a laboratorio observaron que de algunos tallos habían brotado nuevas ramas laterales verdes, indicando que se estaban regenerando en el terreno.

Al retroceder, el Teardrop deja al descubierto diferentes especies, incluidas cianobacterias y algas verdes terrestres. Algunas son nuevas para la ciencia.

Qué desorden de criatura

Si tenenos 46 cromosomas y no nos entendemos aún, ¿qué decir de Oxytricha trifallax, una pequeña criatura de estanques? Posee 15.600 cromosomas.

El ADN está empacado en estas estructuras. Las moscas de las frutas tienen 8, los perros 78, pero la organización es en esencia la misma. Científicos secuenciaron el genoma de ese organismo, que no es animal ni planta sino protista -parte de los reinos de la vida que incluye algas y amebas, y encontraron un enorme caos.

Compuesto de una sola célula, nunca crece más de un cuarto de milímetro. Nada en estanques en busca de microbios para comer y se mueve batiendo sus pequeños pelos, las cilios, de donde su grupo obtiene el nombre: los ciliados.

Dentro de su célula posee dos núcleos que contienen el ADN. Uno de estos, el micronúcleo, porta la edición completa de su genoma, tal como un núcleo en nuestras células. Es el estante de la enciclopedia. Pero mientras el material en nuestro núcleo debe ser decodificado constantemente y transcrito para que podamos vivir, el núcleo de Oxytricha está inactivo: a duras penas esa enciclopedia es leída.

En vez de esta, depende de una segunda estructura llamada el macronúcleo. Es un desorden. Todo el ADN en el micronúcleo es copiado miles de veces y movido al macronúcleo. En el proceso, se parte en decenas de miles de puntos, se reorganiza y es cortado. Lo que queda es una colección de miles de nanocromosomas que contienen toda la información que Oxytricha requiere para sobrevivir. Esta es la materia que es decodificada y transcrita, usada y reutilizada mientras las originales acumulan basura.

Cómo reversar efectos de la cocaína

Gracias al poder de la optogenética, investigadores en Suiza no solo establecieron el primer vínculo causal entre los cambios inducidos por la cocaína en células cerebrales y el comportamiento físico, sino que han revertido tales modificaciones, reveló un artículo en Nature.

Es un resultado muy excitante, dijo Mark Thomas, de la Universidad de Minnesota, quien no estuvo envuelto en el estudio. “Es una prueba de que reversando la plasticidad sináptica inducida por la droga se puede modificar el comportamiento. Desde esa perspectiva, es un gran paso adelante”.

Como en humanos, los ratones que ingieren cocaína se hacen más activos físicamente y ansiosos y con dosis repetidas estas situaciones incrementan, un fenómeno denominado sensibilización locomotriz, que demuestra que las primeras dosis de la droga provocan cambios en el cerebro.

La cocaína aumenta la activación neuronal del núcleo accumbens, una región cerebral relacionada con el placer y la recompensa, según Christian Lüscher, de la Universidad de Ginebra, quien dirigió el estudio. Es decir “la eficacia con la cual la transmisión que ocurre entre las neuronas aumenta”. Pero no existía prueba de que esto estaba relacionado con cambios de comportamiento.

Con el uso de optogenética se logró, una técnica en la cual canales de iones de algas sensibles a la luz se expresan en neuronas específicas haciendo que actúen en respuesta a la luz.

En una pequeña variación de esa técnica, Lüscher y colegas utilizaron estimulación por luz para reducir la actividad de las neuronas en aquel núcleo, reversando la actividad aumentada, llamada potenciación, que provoca la cocaína.

Cuando los ratones a los que se les había suministrado inyecciones de cocaína y fueron tratados con la optogenética modificada, la sensibilización locomotriz no aparecía y en cambio parecía que hubieran recibido la primera dosis de cocaína.

“Es destacable que en verdad funciona”, dijo Lüscher. “Ese era nuestro objetivo, pero que haya funcionado de tal manera tan confiable es muy interesante”.

La capacidad de reversar cambios celulares y conductuales provocados por drogas adictivas abre un camino de potenciales terapias, aunque estas están todavía un poco más lejanas.

Conchudos: tortugas transportan decenas de animales

Uno de los últimos ecosistemas descubiertos en el mundo, uno en especial que camina lento es un viejo conocido de la humanidad: la tortuga.

“Es extraño pensar en ella como un ecosistema”, dice Amanda Feuerstrin, investigadora del Museo de Historia Natural Smithsoniano. “Pero lo son”.

Aunque resulte difícil de digerir, llevan en su caparazón y en su piel una amplia variedad de animales.

Sobre las tortugas se encuentran crustáceos, moluscos, algas y otros organismos marinos en las tortugas Olive Ridley tortugas verdes del Pacífico.

Durante tres años examinó con colegas la caparazón, el cuello y las aletas de tortugas hembras, documentando esos organismos, conocidos como epibiontes.

Se encontraron 16 especies asociadas, incluyendo cangrejos, rémoras, sanguijuelas y una variedad de cirrípedos. La mayoría son epibiontes obligados o sea que sólo se encuentran encima de las tortugas y en ningún otro sitio.

En comparación con sus similares del Atlántico, las tortugas del Pacífico son muy limpias. Las del Atlántico cargan hasta 90 especies de epibiontes.

No se sabe porqué las del Pacífico tienen menos.

“Durante años consideramos que los epibiontes eran polizontes no nocivos para las tortugas”, según Eric Lazo-Wasem, del Museo Peabody.

“Los cirrípedos en alto número pueden provocar un lastre importante para ellas. Algunos se adhieren tanto a la piel que pueden atravesarla. Y se sabe que las sanguijuelas pueden transmitir enfermedades.

Un ecosistema que viaja sin afanes.

En la foto, crustáceos que viven sobre las tortugas, cortesía Museo Peabody.

El océano se hace insostenible

Peces en peligro. Pesca amenazada. Posible hambruna. Desbarajuste oceánico.

El exceso de pesca de grandes depredadores durante los últimos 40 años, tales como atún, tiburón y bacalao ha dejado los océanos en desequilibrio y podría llevar a su extinción hacia 2050, según Villy Christensen, del Centro de Pesca de la Universidad de British Columbia.

La predicción la hizo en el panel Habrá Peces en el Océano en 2050, que se realizó en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia.

Con la desaparición de estos grandes peces, las poblaciones de los más pequeños que se alimentan de plancton, como sardinas, anchoas y capelanes se ha duplicado, informó Christensen. Su equipo estudió los datos de más de 200 modelos de ecosistemas marinos, que permitieron establecer más de 68.000 estimaciones de biomasa de peces entre 1880 y 2007.

Mientras la ausencia de depredadores les permitirá a los pequeños prosperar, también los deja expuestos a más enfermedades, pudiendo su muerte masiva desembocar en grandes explosiones de algas o grandes agrupaciones de bacterias que reducirían el oxígeno de las aguas circundantes, dejando amplias porciones del océano como zonas muertas, incapaces de mantener la vida.

En la foto, sardinas.