Los ecosistemas están heridos

Llanuras en Kenya. Foto Good Free Photos

Llanuras en Kenya. Foto Good Free Photos

Aunque no lo notemos, las alarmas de la vida están en ON. El 80% de 94 procesos ecológicos que constituyen las bases de ecosistemas marinos, de agua dulce y terrestres sanos muestran señales de distrés ante el cambio climático.

Es el impacto provocado por el hombre que lo afectará asimismo con más pestes, enfermedades, menos pesquerías y campos agrícolas decrecientes.

Con solo un aumento de 1 °C se sentirán grandes impactos, en palabras de Brett Scheffers, de la Universidad de la Florida, uno de los autores del estudio aparecido en Science.

Ese grado de más ya se ha alcanzado en ocasiones. Si la temperatura aumenta 1,5 °C, meta máxima de las acciones globales contra el calentamiento global, el futuro ecológico será incierto, según David Dudgeon, de la Universidad de Hong Kong, otro de los autores.

Los genes están cambiando, la fisiología de las especies y rasgos como el tamaño corporal están cambiando, las especies se están moviendo para estar en un espacio de clima adecuado y todos estos son signos de ecosistemas bajo presión”, precisó Scheffers.

Los extremos de temperatura están provocando un proceso evolutivo de adaptación, incluyendo tolerancia a la temperatura, cambios en la relación de sexos, menor tamaño corporal y migración, enfatizó John Pandolfi, de la Universidad de Queensland.

En los sistemas marinos las condiciones cambiantes son generalizadas.

Los humanos dependen de ecosistemas saludables para un amplio rango de bienes y servicios, como alimento y agua limpia. Conocer la salud de los ecosistemas es vital para la adaptación a las nuevas circunstancias.

Para James Watson, también de Queensland, los impactos del cambio climático se sienten en todos los ecosistemas, no hay ninguno libre en la Tierra y ya no se puede pensar que es un tema preocupante en el futuro.

Para los investigadores hay que poner un mayor esfuerzo en reducir las emisiones con miras a evitar un incremento mayor de la temperatura.

Ayayay: dormir mal aumenta gasto en víveres con más calorías

i duerme mal, aparte del cansancio del día posterior, podría tener un ingrediente adicional que no le ayudará: las personas que duermen mal compran al día siguiente más alimentos y muchos con más calorías según un estudio publicado en Obesity, journal oficial de The Obesity Society.

La falta de horas de sueño también aumenta a la mañana siguiente los niveles de grelina, una hormona que aumenta el hambre, aunque no se halló una correlación entre los niveles de la hormona y la compra de alimentos lo que sugiere que otros mecanismos, como una decisión impulsiva, pueden ser los responsables de ese exceso de compras.

El estudio surgió de la curiosidad de investigadores suecos que querían ver si el mal dormir alteraba las decisiones de compra de alimentos por la tendencia a no pensar con claridad tras una mala noche y al aumento del hambre.

“Lanzamos la hipótesis de que el impacto de la falta de sueño en el hambre y la toma de decisiones sería la ‘tormenta perfecta’ para comprar, dejando a las personas hambrientas y con menos capacidad de autocontrol para evitar la compra impulsiva de alimentos con alto contenido calórico”, dijo Colin Chapman, MSc, de Uppsala University.

En la mañana siguiente a una noche de total privación del sueño así como una noche de buen dormir, Chapman y Christian Benedict, dieron a 14 personas de peso normal una cantidad dada de dinero y se les pidió comprar lo que pudieran entre 40 productos, incluyendo 20 con alto contenido de calorías y 20 de bajo contenido. Los precios de los alimentos muy calóricos fueron variados para determinar si la falta de sueño afectaba la flexibilidad de compras de alimentos. Antes de la tarea, los hombres recibieron un desayuno estandarizado para minimizar el efecto del hambre en sus compras.

Los hombres privados del sueño compraron muchas más calorías (9%) y gramos (18%) de alimento que cuando durmieron bien bien toda la noche.

También se midieron sus niveles de grelina, encontrando concentración más alta luego de una noche de vigilia.

O sea: si quiere comer sano y mantener el peso, duerma bien.

El cerebro también siente el hambre

Con hambre no somos los mismos ni actuamos como siempre y cuando comemos nos cambia el genio, un fenómeno que podría sobrepasar muchas especies.

Científicos del Max Planck Institute de Neurobiología en investigaciones con la mosca de las frutas Drosophila, demostraron que el hambre modifica el comportamiento y cambia la actividad cerebral.

La conducta animal es afectada severamente por la disponibilidad y cantidad de comida. Estudios han demostrado que la disposición de animales a tomar riesgos varía según si el animal está lleno o hambriento, Un depredador solo caza presas más peligrosas si está cerca de la inanición. Esa conducta ha sido vista en humanos también: un estudio demostró que individuos hambrientos tomaban más riesgos financieros que sus colegas saciados.

En la mosca Drosophila, los cambios en la conducta dependen de su estado nutricional. Los animales perciben bajas cantidades de dióxido de carbono como señal de peligro y optan por volar. Pero las plantas y las frutas podridas de las que se alimentan también emiten CO2. Ahora los neurobiólogos del Max Planck descubrieron cómo lidia el cerebro con el conflicto constante de decidir entre una sustancia peligrosa y una fuente potencial de alimento, tomando la mosca como modelo.

En experimentos, los científicos les presentaron a las moscas ambientes con dióxido de carbono o una mezcla de CO2 y el olor a comida. Las hambrientas dejaron de lado su aversión al CO2 más rápido que las alimentadas -si había un olor a comida en el ambiente al mismo tiempo. Al enfrentar la posibilidad de comida, las hambrientas eran más dadas a tomar riesgos.

Los investigadores identificaron la región cerebral responsable de estos cambios, lo que muestra que el hambre produce modificaciones en las conexiones cerebrales.

“Es fascinante ver hasta qué grado los procesos metabólicos y el hambre afectan los sistemas de procesamiento en el cerebro”, expresó Ilona Grunwald-Kadow, quien encabezó la investigación.

Gases de saurópodos calentaron la Tierra

Que los animales modifiquen el clima, no es nada nuevo, pero que sean sus gases los que lo hagan sí es nuevo. Y llamativo.

Un estudio presentado en Current Biology sugiere que los dinosaurios saurópodos producían suficiente metano como para haber transformado el clima de su época, de húmedo y templado a caliente.

Esos animales estaban por todos lados hace 150 millones de años. Tal como en las vacas, los microbios productores de metano ayudaban en la digestión de estos enormes dinosaurios fermentando el alimento vegetal que ingerían.

“Un simple modelo matemático sugiere que los microbios que vivían dentro de los saurópodos pueden haber producido el suficiente metano para tener un efecto importante en el clima del Mesozoico”, dijo Dave Wilkinson, de Liverpool John Moores University. “De hecho, nuestros cálculos sugieren que esos dinosaurios pudieron haber producido más metano que todas las fuentes actuales –naturales y antrópicas-puestas juntas”.

Wilkinson y el coautor del estudio, Graeme Ruxton de University of St Andrews estudiaban la ecología de los saurópodos cuando se preguntaron si una vaca puede producir suficiente metano para llamar la atención de los climatólogos, ¿qué tal los saurópodos? Entonces se unieron con un experto en metano, Euan Nisbet, de la University of London, apra realziar los cálculos.

Los fisiólogos de animales han estudiado la producción de metano en varios animales modernos para sacar ecuaciones que predigan la producción de ese gas en animales de distintos tamaños. Un saurópodo mediano pesaba unos 20.000 kilos y estos vivían en grupos de unos pocos adultos a unas pocas decenas de individuos por kilómetro cuadrado.

Wilkinson, Ruxton y Nisbet calcularon las emisiones globales de metano de los saurópodos en 520 millones de toneladas por año, comparables con las emisiones modernas. Antes de que la industria se desarrollara hace 150 años, las emisiones eran de unas 200 toneladas año. Los rumiantes –desde vacas a cabras y jirafas- emiten hoy de 50 a 100 toneladas años.

Es decir, la incidencia sobre el clima de la Tierra de aquellos enormes dinosaurios es evidente.

¡Qué gasesitos!

Mamás pájaros favorecen hijos machos

Favorecer a los hijos sobre las hijas no sería una actitud exclusiva de las madres humanas, de acuerdo con una nueva investigación.

Científicos descubrieron que las mamás de los Taeniopygia guttata o diamantes mandarines, también favorecen a sus hijos sobre las hijas, por lo que aquellos terminan recibiendo más alimento, aunque los papás no parecen tener esa preferencia.

Ian Hartley, de Lancaster University, coautor del estudio, explicó que si la hembra se ha emparejado con un macho particularmente sexy, su gran interés es asegurar que sus hijos están bien cuidados porque la probabilidad es que crezcan para ser tan exitosos como sus padre y es más probable que sus genes sean pasados a la próxima generación.

El hallazgo sugiere que los pájaros reconocen cuál polluelo es macho y cuál hembra. Esto es sorprendente, según los autores, porque hasta ahora se había pensado que los padres no distinguían machos de hembras.

“No sabemos cómo lo logran, pero podría ser que como pueden ver la luz ultravioleta, verían cosas en sus polluelos que nosotros no podemos. O quizás machos y hembras emiten sonidos diferentes cuando piden alimento”.

A la par que es una sorpresa encontrar tal favorecimiento, también lo es que no se hubiera notado antes, dado que el área de conflicto sobre cuánto cuidado pone cada padre para criar sus hijos es un tópico caliente en biología evolutiva, en la que la teoría predice que cada padre invierte distinto.

Las hembras ponen mucha energía en producir e incubar los huevos; los machos no. Pero ellos ponen sus energías en atraer o defender las hembras. Estos costos reproductivos distintos –y la necesidad de ahorrar alguna energía para futuros intentos de reproducción- tienen efectos inevitables en cómo madre y padre invierten en sus descendientes.

Esto, advirtiendo la siempre presente tensión padres-hijos. Cuando aquellos llegan al nido con alimento, las crías emplean unos llamados elaborados para tratar de manipular la decisión de sus padres de quién obtiene la comida. Pero los padres son sabios en esto: como es dura labor buscar y traer la comida al nido, los papás aplican reglas de alimentación para evitar que uno solo monopolice sus esfuerzos.

Algunos estudios sugieren que los papás tienden a alimentar los hijos más grandes y aquellos que piden en tono más alto. Y aunque investigadores han demostrado que tanto madre como padre prefieren alimentar distintos tipos de crías, dejar de preferir alguno no es fácil de evitar.

En el nuevo estudio, se encontró que mientras más chillen las crías, más probable es que sean alimentadas por sus padres. pero a medida que el chillido se hace más alto e intenso, se encontró que el sexo de los polluelos y padres determina quién recibe más: las hembras dan más alimento a los machos cuando sus llamados se intensifican, pero los papás alimentan hijos e hijas con cantidades iguales de comida.

El estudio fue publicado en Behavioral Ecology and Sociobiology.

Foro de T. guttata, cortesía

Explican al fin porqué fallan las dietas

Que eso me sirve, que antes me engordé, que esta dieta es la mejor, que siga aquella, que no coma, que sí coma, que no soy capaz de aguantar hambre… ¿Por qué es tan difícil seguir una dieta?

Científicos parecen haber hallado la respuesta o parte de ella. No es sencillo aguantar hambre por una razón que no se conocía.

En el número de esta semana de Cell Metabolism apareció un artículo en el cual se demuestra que cuando las neuronas del hipotálamo tienen hambre, toman un doble camino para luchar contra la escasez de nutrientes: se comen a sí mismas, un proceso llamado autofagia y desencadenan una cascada que hace que el organismo pida más alimento.

Por eso es que cuando se trata de una dieta estricta en ingestión de alimentos, las posibilidades de fracaso son mayores.

“Este estudio identifica el eslabón perdido (entre cerebro y control de peso) como la autofagia”, dijo Vojo Deretic, jefe del Departamento de Genética Molecular y Microbiología de la Universidad de Nuevo México, quien no estuvo involucrado en el estudio, consultado por The Scientist.

No son pocas las personas que cuando intentan una dieta no logran seguirla por mucho tiempo, cayendo ante la necesidad de ingerir alimentos ricos en grasa. Estudios anteriores han demostrado que niveles aumentados de ácidos grasos flotando extracelular en el hipotálamo, región del cerebro que monitorea el estado nutricional, dispara la necesidad de comer. No se conocían los mecanismos que controlaban los niveles de esas moléculas ácidas dentro del cerebro.

La bióloga molecular Susmita Kaushik y sus colegas del Alber Eisntein College of Medicine en Bronx, Nueva York, decidieron investigar una variedad de neuronas del hipotálamo, AgRP, cuya producción de la molécula AgRP ha sido ligada al aumento en la ingestión de alimentos.

Al remover suministros de nutrientes de las neuronas in vitro y manteniendo alejada la comida de ratones, descubrieron que el hambre activa la autofagia, un proceso común que involucra la descomposición de los organelos de la célula y de las proteínas.

En esencia ambos, in vitro como en los ratones, las neuronas AgRP comienzan a comerse a sí mismas, descomponiendo pedacitos de gotas de grasa dentro de sus organelos y citoplasma.

“El estudio demuestra la naturaleza única de las neuronas del hipotálamo y su capacidad de regular la autofagia como respuesta al hambre, que es consistente con los roles de tales neuronas en la alimentación y la homeostasis (mantenimiento estable) de energía”, dijeron los autores.

Quién me mordió

No se porqué esas luchas prehistóricas guardan su encanto. Fueron prehistóricas, pero no en todas había humanos de por medio. Todo un arte descubrir cómo era la vida entonces que, al parecer, no era menos dura que hoy.

Bien: las cicatrices en la mandíbula de un reptil marino de 120 millones de años sugieren eso precisamente. Que la vida en los antiguos océanos polares no era nada sencilla.

Se trata de una mordida, probablemente hecha por otro miembro de la misma especie. ¿Peleaban por alimento? ¿Por una hembra? Es que quizás no por mucho más se podría pelear entonces.

El hallazgo proporciona datos sobre la vida social de esas extintas criaturas marinas y fue presentado en Acta Paleontologica Polonica.

El esqueleto fosilizado, hallado cerca al pueblo Marree en el norte de South Australia, es de un ictiosaurio, un reptil marino como un delfín, que vivió durante la época de los dinosaurios. (En Colombia, en Villa de Leyva, que fuera parte del océano entonces, también hay fósiles de ictiosaurio).

Estos reptiles eran depredadores de movimientos rápidos, que se alimentaban de peces y animales tipo calamares. Los adultos medían hasta seis metros y tenían cabezas alargadas, con más de 100 dientes estilo cocodrilo.

Cuando este ejemplar estaba vivo, Australia aún estaba unida a la Antártica y habría estado más al sur de lo que está hoy y lo que hoy son pastizales áridos habría sido un mar interior.

La cicatriz se descubrió durante la limpieza del fósil en laboratorio, indicando el sellamiento avanzado que el animal sobrevivió al ataque.

Este tipo de hallazgo no ha sido común en ictiosaurios, dijo Benjamin Kear, uno de los autores del estudio.

Las marcas de la herida no cazan con las de otros depredadores o víctimas, sino con las de un ictiosaurio.

El pasado en presente.

Foto cortesía

Avispa agarra hormiga, la alza en vuelo y la deja caer

Que se quite, le dije… que me haga caso… ¡Váyase!

Dura es la vida porque, entre otras, hay que competir directa o indirectamente por la comida.

En la naturaleza se presenta cuando dos especies explotan una fuente alimenticia común o cuando una interfiere con la capacidad de otra de utilizar los recursos.

Bueno: la avispa invasora Vespula vulgaris y la hormiga Prolasius advenus, nativa de Nueva Zelanda se encuentran con frecuencia en busca de alimento.

Cuando eso sucede, documentaron Julien Grangier y Phillip Lester en Biology letters, la avispa agarra la hormiga, alza vuelo y la deja caer centímetros más allá. La hormiga, por lo general, no regresa para no tener que sorportar ese vuelo gratuito pero nada agradable.

Los científicos de Victoria University en Wellington, Nueva Zelanda, documentaron en un video lo que sucede (http://tinyurl.com/3tbglxz).

La ecóloga del comportamiento, Monica Raveret-Ritcher, consultada por ScienceNews, encuentra esa conducta como intrigante y retadora. Las avispas son más dadas a retirar una hormiga cuando hay varias alrededor del alimento, entonces no es fácil entender porqué sólo retiran una.

Los científicos hallaron que el 90 por ciento de las hormigas que son retiradas y dejadas caer no se lesionan. No matarlas sorprendió a los investigadores, quienes dijeron que un líquido que segregan estas pequeñas hormigas es repelente de avispas.

Las dos especies de alimentan de sustancias ricas en carbohidratos excretadas por pájaros carpinteros en ciertos árboles. Ambas han sido vistas compitiendo por los cuerpos de cigarras.

La soltada de hormigas desde lo alto ha sido observada también en el medio natural entre una avispa y un grupo de hormigas buscando gusanos entre la hojarasca.

Restituyámosle el buen nombre al tiburón

Es más peligroso andar bajo una tormenta eléctrica o cerca de un enjambre de abejas que ir a la playa.
Aunque son estudios relacionados con Estados Unidos, un reporte de Andre Landry, experto marino del Texas A&M University en Galveston trae la calma.
De 1959 a 2008, en todo Estados Unidos 1.930 personas murieron por un rayo y sólo 25 por ataques de tiburones. En Texas, en ese periodo, 208 personas murieron por los rayos y sólo 1 por ataque de tiburón.
Es más peligroso el viaje hasta la playa, tal parece.
Landry expresó que “usted no tiene que preocuparse mucho por los tiburones cuando esté en la playa”. La gente siempre tiene un factor de miedo porque no sabe qué hay al lado o en la cercanía bajos las aguas.
De distintas maneras se ha probado muchas veces que estos escualos no atacan intencionalmente a los humanos como fuente de alimento. Cuando hay un ataque es porque hay una fuente de alimento cercana al mismo tiempo.
Algunos surfistas han sido atacados por tiburones. Se cree que es porque a los ojos de los tiburones aparecen como focas, una de sus comidas, cabalgando en la ola.
Este año van 28 ataques en Estados Unidos con sólo un caso fatal.
La probabilidad de ser atacado por un tiburón es 1 en 264 millones, según un reporte de The Internacional Shark Attack File.
En contraste, cada año en todo el mundo al menos de 50 a 100 personas perecen por ataques de abejas.
Aunque las estadísticas son claras, hay maneras de reducir las probabilidades de un ataque. Se pueden ver en el sitio de George Burgess.

Unos simios nada egoístas

Que nos parecemos mucho a los chimpancés, pero estos no parecen ser muy generosos. Por eso se ha dicho que sólo los humanos comparten voluntariamente su alimento con otros. Bueno, se creía.
Un estudio con bonobos (Pan paniscus) u pariente cercano, encontró que a individuos a los que se les daba la posibilidad de monopolizar su comida o compartirla, preferían liberar un recipiente en un cuarto contiguo y comer juntos en ves de ingerir solo sus alimentos, demostraron Brian Hare (Duke University) y Suzy Kwetuenda (Lola ya Bonobo Sanctuary en Congo) en un reporte en la revista Current Biology.
Parece entonces que compartir la comida entre los bonobos no depende del parentesco con otro miembro ni del acoso que se pueda tener por otro bonobo, sugiriendo que la generosidad al compartir alimentos no es exclusiva de los humanos entre os grandes primates.

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