Un pollo para curar las penas del alma

Papas fritas, hamburguesa o qué tal una buena carne o unos espaguetis. Todos ellos, en su momento, son alivio para el alma, así no sean siempre lo mejor para las arterias.

La comida ayuda al corazón a lidiar con las emociones, según se desprende de un estudio publicado en Psychological Science, centrado en cómo la alimentación confort, como la llaman, hace sentir a la gente.

Jorgan Troisi de la Universidad de Buffalo y Shira Gabriel veían cómo cosas no humanas hacían sentir a las personas vinculadas. Por ejemplo, las personas pueden combatir la soledad mediante una película de televisión, estableciendo lazos virtuales con un cantante o un personaje o simplemente mirando fotos de las personas cercanas y las amistades.

Los investigadores se preguntaban si la comida tenía el mismo efecto haciendo que las personas pensaran de los seres queridos y cercanos.

En un experimento con dos grupos, quienes escribían acerca de una discusión con una persona cercana los hacía sentir solitarios. Pero aquellos generalmente seguros en sus relaciones salían de la soledad escribiendo acerca de la comida confort. “Son alimentos asociados consistentemente con aquellos cercanos a nosotros”, dijo Troisi. “Pensar sobre ellas o consumirlas sirve como un recordatorio de los demás.

En otro experimento, tomar una sopa de pollo en el laboratorio hizo que las personas pensaran más sobre sus relaciones, pero sólo si consideraban esa sopa como una comida confort.

“A través de la vida diaria de cada uno se experimenta estrés, a menudo asociado con nuestras conexiones con otros. La comida confort puede servir como una manera fácil de remediar el sentimiento de soledad”.

Los humanos, parece, pueden encontrar una variedad de maneras de estar conectados con los demás.

El dolor físico expía las culpas

¿Se siente culpable? El dolor lo exculpará.

Comenzó para los católicos la Cuaresma, tiempo de preparación parar la Semana Santa, momento de reflexión y de expiación de culpas y pecados. Tiempo de purificación y reconciliación, días parar limpiar el alma.

Dejando de lado los asuntos teológicos, ¿alivia el dolor las culpas relacionadas con actos inmorales? Parece que sí.

Un estudio de esta semana en Psychological Science explora las consecuencias psicológicas de experimentar dolor físico.

Broca Bastian, de la Universidad Queensland en Australia y colegas, reclutaron un grupo de jóvenes mujeres y hombres, diciéndoles que eran parte de un estudio de exactitud mental y física. Se les pidió escribir ensayos cortos sobre algún momento de sus vidas en los que habían opacado a alguien; el recuerdo de haber sido injustos tenía la intención de que primara su sentido de inmoralidad y los hiciera sentir culpables. Un grupo de control sólo escribió sobre asuntos rutinarios en sus vidas.

Luego se les dijo a algunos de los voluntarios, aquellos ‘inmorales’ y algunos de control, que metieran la mano en un cubo lleno con hielo y la mantuvieran tanto como pudieran. Otros hicieron lo mismo, pero en un balde con agua tibia. Todos calificaron después el dolor que habían experimentado, si lo experimentaron y luego completaron un inventario emocional que incluía sentimientos de culpa.

La idea era ver si el pensamiento inmoral hacía que los voluntarios se sometieran a más dolor y si ese dolor de veras aliviaba sus sentimientos de culpa. Y eso fue lo que encontraron los investigadores.

Aquellos que fueron motivados a pensar sobre su naturaleza no ética no sólo mantuvieron más tiempo sus manos en el cubo helado, sino que además calificaron su experiencia como más dolorosa, que lo que dijeron los del grupo de control.

Pero hay más: experimentar dolor redujo en las personas el sentimiento de culpa, más que la comparable pero no dolorosa experiencia con agua tibia.

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