El soroche está en los genes

Pobladores del Tíbet

El problema es frecuente: subir a una montaña, sentir que falta el aire y sufrir un mareo. Hasta desmayos se dan. No es mal de todos: algunos suben y suben como si nada. Y uno se pregunta: ¿cómo puede haber pueblos a semejantes alturas?

Bueno, ahora un estudio explicó qué sucede: en los genes estaría la diferencia.

Los cambios genéticos descritos en el American Journal of Human Genetics le permiten a la gente tomar suficiente oxígeno del aire de la montaña sin sufrir los ataques al corazón y los derrames del llamado soroche crónico.

“Hemos descubierto que hay un gran componente genético que le permite a la población de zonas altas vivir mejor”, dijo Gabriel Haddad, coautor del estudio, pulmonólogo pediátrico en la Universidad de San Diego en California.

Cuando las personas que viven en zonas bajan van a las altas, esa falta temporal de oxígeno produce el mareo, las náuseas y el dolor de cabeza.

Algunos viven sin embargo siempre en la altura y no se acostumbran. Para adaptarse al menor contenido de oxígeno en el aire, estas personas tienen cuerpos que han aumentado la fracción de glóbulos rojos, por lo que su sangre es más viscosa, lo que hace que se bloqueen sus vasos sanguíneos.

Como resultado, esas personas son más proclives a infartos y derrames. También padecen fatiga, depresión y dolores de cabeza.

Pese a ello, en poblaciones donde los ancestros de las personas han vivido por miles de años en las alturas, algunas personas toman suficiente oxígeno del aire sin un mayor riesgo para la salud.

Haddad y colegas analizaron los genes de 20 personas que han vivido al menos a 4.300 metros sobre el nivel del mar en Los Andes y cuyos ancestros lo han hecho por generaciones. La mitad tenía síntomas de soroche.

Se halló que poseían diferencias de genes en 11 regiones en comparación con quienes no padecen de problemas en las alturas.

Al insertar los genes de personas bien adaptadas en moscas de las frutas puestas luego en cámaras con poco oxígeno, las que tenían dos de las mutaciones vivieron más lo que sugiere que los genes son responsables de la adaptación a la altura.

Se reduce altura de las nubes

Nos estamos nublando. El cielo está cayendo encima de nosotros. Sí. Durante los últimos 10 años, la altura de las nubes se ha estado reduciendo según un nuevo estudio.

Y aunque 10 años es poco para mediciones válidas, si las observaciones del futuro confirman que están bajando, los efectos sobre el cambio climático global serán evidentes. Las nubes que están bajas en la atmósfera permitirían que la Tierra se refrescara con mayor eficiencia, quizás aliviando alguno de los nocivos efectos del calentamiento provocados por los gases de invernadero.

“No sabemos exactamente qué hace que las nubes tengan una altura menor”, dijo en una declaración Roger Davies, autor del estudio en la University of Auckland en Nueva Zelanda. “Pero debe ser por un cambio en los patrones de circulación que forman nubes a gran altura”.

Las nubes son una de las cartas difíciles para entender el clima de la Tierra. Efímeras como son, son difíciles de seguir en el tiempo y factores como la altura y su ubicación hacen una gran diferencia en si disminuirán los efectos del calentamiento global o si los exacerbarán. Nadie sabe hoy cómo responderán al cambio climático.

Pero durante 10 años, el espectro-radiómetro a bordo del satélite Terra de la Nasa ha estado observando las nubes. Davies y colegas analizaron los primeros 10 años de medición de la altura de las nubes, de marzo de 2000 a febrero de 2010 y encontraron que la altura promedio decreció alrededor de 1 por ciento sobre la década, o sea de 30 a 40 metros. La mayor parte de la reducción se observó con una menor formación de nubes a mayores alturas.

Los resultados fueron presentados en el journal Geophysical Research Letters. El satélite Terra continúa recogiendo datos y lo hará toda esta década para ver si se confirma la tendencia.