Los perros llevan 10.000 años en América

Entierro de 2 perros hace más de 660 años. Cortesía Prairie Research Instituto

No entraron acompañando al hombre, pero lo siguieron unos milenios después.

Un estudio aparecido el Journal of Human Evolution sugiere que los perros llegaron al continente americano hace cerca de 10.000 años, miles de años después que los primeros humanos cruzaron el estrecho que separa América de Siberia.

En el estudio se analizó el ADN de restos de perros de distintos sitios de Norte y Suramérica. Se estudiaron las características genéticas de 84 perros, el más grande análisis de su tipo hasta ahora.

A diferencia de los lobos predecesores, los perros antiguos aprendieron a tolerar la compañía humana y se por lo general se beneficiaron de esa asociación.

Los perros ganaron así acceso a nuevas fuentes de alimentos y disfrutaron de la seguridad de los asentamientos humanos. Pero también fueron presionados para servir y en algunas ocasiones fueron servidos como alimento en ocasiones especiales.

Por todas esas razones los perros viajaron al nuevo mundo acompañando a sus maestros de dos pies.

Los perros, asociados a los humanos hace 16.000 a 11.00 años, son una ayuda prometedora para el estudio del comportamiento humano antiguo, incluyendo las migraciones, según Kelsey Witt, quien condujo el análisis con el antropólogo Ripan Malhi.

“Es que los perros son de los primeros organismos en haber migrado con los humanos a cada continente. Pienso que eso dice mucho sobre la relación que han tenido con las personas. Pueden ser una herramienta poderosa cuando se mira cómo se han movido los pueblos en el tiempo”.

Los restos humanos no siempre están disponibles para estudio “dado que las poblaciones vivas muy conectadas con sus ancestros en algunos casos se oponen a la naturaleza destructiva de los análisis genéticos”, dijo Witt. Eso no sucede con los perros.

Estudios anteriores de los perros antiguos en América se habían centrado en el ADN mitocondrial, que es más fácil de obtener que el ADN nuclear y a diferencia de este es heredado solo de la madre. Esto significa que el ADN mitocondrial ofrece a los investigadores una línea continua de herencia hacia el pasado”, agregó.

Especial fin de semana

Cuando Colón llegó, lo que aquí había era un gentío

 

Pise donde pisó Colón con todo su batallón. Pero es que antes del señor Cristóbal como que muchísimos más habían pisado y vivido en las tierras americanas.

Fue el 12 de octubre de 1492 cuando nació para el Viejo Continente un Nuevo Mundo, lleno de misterios, de retos y de recursos para saquear entonces y aún hoy.

Pero vayamos a un punto concreto: la Amazonia, esa región, pulmón del mundo, misteriosa por siempre.

Distintas versiones sugieren que lo que los exploradores encontraron allí fue un río repleto de pueblos. No se crea que sólo es ficción.

En su vendido libro 1941, Charles Mann, hace un recuento histórico para concluir que cuando Colón llegó, en América había mucha más población que lo que ha contado la historia. No todo eran selvas vírgenes aunque, obvio, no existían las multitudes de hoy.

Fue el contacto entre las dos poblaciones lo que minó a los aborígenes, cuya población se redujo por enfermedades como la viruela.

Hace pocos meses arqueólogos brasileños y de la Universidad de Gothenburg hallaron las ruinas de unos 90 asentamientos al sur de la ciudad de Santarem. “Lo más sorprendente es que muchos de ellos están alejados de los ríos y están situados en sitios de la selva poco poblados hoy”, dijo Per Stenborg, del Departamento de Estudios Históricos.

Desde siempre, hasta los arqueólogos han creído que las tierras del interior habían estado poco pobladas antes de la llegada de los españoles en los siglos 16 y 17. Una razón: los suelos en esas áreas son estériles por lo general, aparte de que el acceso al agua es difícil en las estaciones secas.

Por eso se constituyó en un misterio cuando Francisco de Orellana, en su viaje por el río Amazonas, dibujó la región como muy poblada, con pueblos situados no sólo a lo largo del cauce sino hacia dentro.

El grupo de arqueólogos suecos y brasileños hallaron suelos fértiles rodeados de otros áridos, suelos artificiales conocidos como la tierra del indio o tierra negra amazónica, creada por los pobladores.

“Encontramos depresiones en el paisaje, algunas de cientos de metros de diámetro en varios asentamientos”, dijo Stenborg. Podrían haber sido reservorios de agua.

Parecen corresponder los relatos de Orellana con los recientes descubrimientos.

Los hallazgos han sido complementados recientemente con otras intervenciones. En la Amazonia occidental, la arqueóloga Denise Schaan de la Universidad Federal de Pará ha rastreado misteriosas esculturas en la tierra, cavadas hace 700 a 2000 años. El propósito de esas 269 obras circulares y rectangulares en un área de unos 24.00 kilómetros cuadrados, es un misterio, pero sugiere la presencia de pueblos más avanzados de lo creído.

“Solamente pudieron ser levantadas por poblaciones grandes y coordinadas”, dijo.

Con base en análisis de los sedimentos enriquecidos con las sobras del carbón –que pudieron ser fertilizados intencional o incidentalmente por ocupantes humanos- el geógrafo emérito de la Universidad de Wisconsin estima en 9 millones los pobladores que vivían en la región en el siglo 15.

El exterminio irracional a que fueron sometidas las poblaciones americanas explica parte del colapso. Mann deduce que el imperio Inca, por ejemplo, fue diezmado gracias a los metales que tomaron y emplearon los españoles para fabricar armas. En ese entonces el número de incas superaba con creces a los exploradores ibéricos.

Si bien los incas tenían acceso y conocían los metales, los empleaban para otros fines.

“Los españoles llegaron y los indios morían a tasas increíblemente altas”, decía en los años 60 el antropólogo Henry F. Dobyns tras analizar registros en la catedral de Lima (Perú).

El impacto social y cultural de las enfermedades llegadas de Europa con los extranjeros fue colosal.

Aunque ha habido críticos a la obra, como David Henige, que creen que es imposible demostrar la existencia de una población numerosa, dataciones en cavernas en Lagoa Santa (Brasil) sugieren que los indios vivieron allí miles de años.

No será fácil ponerse de acuerdo en las cifras, pues hasta Dobyns habló de 100 millones de indígenas en América a la llegada de los españoles, una elevada tasa reproductiva para haberse dado en solo 15.000 años tras el paso de los siberianos por el estrecho de Bering. No puede olvidarse que recientes investigaciones apuntan a una presencia más antigua de pobladores en el continente americano.

Sea como sea, la historia está para ser redescubierta. Lo que vio y relató Orellana seguramente fue algo más que zombies o extraterrestres y, eso a la vez habla de que la tragedia tras la llegada española fue peor de lo que se ha reconocido, así no todos los pueblos hayan sido exterminados o reducidos por los codiciosos conquistadores.