Saber cuándo y de qué morir

Prisioneros del momento de la muerte. Vive el hombre de joven creyendo que nunca morirá, pero cuando envejece…

Un examen de sangre a los 60 años puede predecir con precisión si un hombre morirá de cáncer de próstata en los siguientes 25 años, según investigadores del Memorial Sloan-Kettering Cancer Center en Nueva Cork y Luna University en Suecia.

El estudio, publicado en el British Medical Journal podría tener implicaciones para determinar quiénes deberían ser examinados luego de los 60 y a quiénes no beneficiaría el examen.

En el estudio se analizaron muestras de sangre de 1.167 hombres nacidos en 1921 y tomadas en 1981 y 1982. Todos fueron seguidos hasta que llegaron a los 85 o murieron.

Tras estudiar varios biomarcadores, se encontró que el anfígeno específico de próstata predecía con alta seguridad el riesgo a largo plazo.

126 hombres fueron diagnosticados con cáncer de próstata y de esos, el 90 por ciento de las muertes ocurrieron en aquellos en el top 25 de los niveles del anfígeno cuando tenían 60 años.

Así, aquellos con un nivel sobre 2ng/ml a los 60 años deberían ser considerados como de alto riesgo.

¿Se sometería usted?

Quién calzó el zapato más antiguo hallado

Si cubrió el pie de una mujer o de un hombre, no se sabe. Pero sí que es el zapato más antiguo hallado hasta ahora.
Un zapato perfectamente preservado, de unos 1.000 años antes que la gran pirámide egipcia de Giza y 400 años más antiguo que Stonehenge en el Reino Unido, fue hallado en una caverna en Armenia.
Fue elaborado y usado por alguien hace 5.500 años y lo descubrió un equipo internacional de arqueólogos que publicaron el hallazgo en el journal Plos One.
Está hecho de cuero de vaca y pertenece al periodo calcolítico 3.500 años antes de Cristo. Fue elaborado con una sola pieza de cuero y fue hecho para cubrir el pie de quien lo usó.
Estaba relleno con hierba, no sabiéndose si era para mantener el pie tibio o para mantener la forma del zapato.
Ron Pinhasi, de la Universidad College Cork en Irlanda, líder del grupo de científicos, indicó que no se sabe si perteneció a un hombre o a una mujer, correspondiendo a lo que hoy es el número 37 para mujeres en Estados Unidos, pero pudo haberle servido a cualquiera de esa era.
La caverna se encuentra en la provincia Vayotz Dzor en la confluencia de las fronteras con Irán, Nackhichevanian y Turquía.
Los científicos creyeron que se trataba de una pieza de hace 600 a 700 años, pero los análisis en Oxford y California confirmaron su antigüedad.
Este zapato es unos cientos de años más antiguo que los que calzaba Ötzi, el hombre de las nieves, encontrado en la región de Ötzal en Los Alpes italianos.

El cerebro que nunca se fue

Cortesía de PNAs.

Cerebro. Fue por casualidad. Y parece un hito. ¡Saben por qué? Pues porque nunca ha sido tarea sencilla sino casi imposible recuperar tejido blando con varios millones de antigüedad.

Mientras examinaban el cráneo de un iniopterigio con una holotomografía sincrotrónica, científicos franceses se encontraron una sorpresa: que tenía cerebro.

Este pez fue un antiguo pariente de los tiburones y peces rata que vivió hace cerca de 300 millones en aguas poco profundas y pantanosas del fondo marino. No medían más de 50 centímetros y de él se conservan pocos cráneos en tres dimensiones: la mayoría están aplastados.

En una de las muestras se encontró una estructura peculiar: era más densa que la matriz que rodeaba y llenaba la cavidad craneal y la cual está hecha de calcita cristalina.

Para ver bien la estructura en detalle, utilizaron una segunda técnica, la holotomografía. Sorprendentemente los resultados revelaron un objeto simétrico, elongado colocado donde hubiera estado el cerebro.

Cortesía de PNAS

La reconstrucción en 3D reveló diferentes partes del cerebro, como el cerebelo, los lóbulos ópticos y los tractos, entre otros. No se pudo apreciar el área frontal, quizás muy pequeña para haberse mineralizado.

¿Cómo se mineralizó? Para Alan Pradel, principal autor del estudio, se debió a la presencia de bacterias que cubrieron el cerebro poco después del fallecimiento e indujeron la fosfatación.

Sorprendente e interesante: ¡un cerebro de hace 300 millones de años!