La rana que se convierte en hielo durante 6 meses

No tienen que mover la nariz ni son víctimas de una bruja. Hay ranas en el ártico que por sí solas se convierten en ¡hielo! En cubos de hielo, para ser más exactos.

Son ranas que sobreviven a temperaturas increíblemente bajas y tras meses en ese estado resurgen victoriosas para la vida.

Se trata de las ranas del bosque Lithobates sylvaticus, conocidas por el superpoder, porque eso es, de congelarse hasta solidificarse en el invierno.

Estas ranas no emigran a zonas más tibias ni se esconden en cavernas para hibernar. Casi que se convierten en estatuas vivientes, congelando su piel, su sangre, el cerebro, algo que mataría la mayoría de los animales.

Y cuando llega la primavera, recuperan la vida y se reproducen como si nada hubiera pasado.

El caso fue analizado en la reunión anual de la Sociedad de Biología Comparativa e Integradora,

La rana, pequeña, vive en los bosques de Alaska y soporta los más crudos inviernos que uno pudiera imaginarse.

Estudios en el occidente medio canadiense o en el sur han mostrado que temperaturas de -7 grados pueden matar aranas. Y un estudio en laboratorio encontró que dos meses de congelamiento son fatales también.

El hábitat de estas ranas se extiende hacia el Círculo Ártico en Alaska y Canadá. Aún abajo del Círculo, su hábitat en Alaska puede permanecer bajo 0 la mitad del año y las temperaturas pueden llegar a -20 grados.

¿Las acaba el invierno? ¿Son más fuertes? Eso fue lo que estudió Don Larson, de la Universidad de Alaska en laboratorio y en su ambiente.

Con su grupo halló 18 ranas que se estaban preparando para el invierno y pusieron sensores en lugares ocultos. Tomaron algunas para encierros en exterior y otras las condujeron al laboratorio para ser congeladas artificialmente.

Las ranas en su medio permanecieron congeladas 193 días en promedio. En esos días los sensores mostraron una temperatura promedio de -6,3 grados y en algunos momentos descendió hasta -18,1. Pese a esas condiciones las ranas sobrevivieron.

¿Cómo lo logran? El secreto parece estar en el azúcar, dijo Larson. Para proteger sus células mientras se congelan usan la sola molécula de azúcar, la glucosa.

Al ‘empaquetar’ sus tejidos con glucosa evita que se sequen demasiado mientras el hielo se cristaliza alrededor de sus células. Y evita que algún hielo se forme dentro de las células,lo que sería letal.

Comparadas con las del laboratorio, las del exterior tenían 10 veces más glucosa en algunos de sus tejidos quizás por el cambio de temperatura del paso del otoño al invierno. Las ranas bombean glucosa tan pronto sienten que se están congelando.

Larson también halló una molécula anticongelante en los tejidos, fuera de las células, las que se unen a los cristales de hielo cuando se forman. Previene que el hielo traspase la membrana celular. Esa molécula ha sido hallada en otros animales y plantas.

Las ranas del estudio se congelaron mucho más de lo que los científicos habían visto antes y cada una despertó en la primavera. Se cree que podrían aguantar condiciones peores.

No me congelo, no me congelo, brrr…

Cuando el agua se congela, se expande. Eso lo ha comprobado en carne propia quien ha dejado una botella con líquido dentro del congelador: se revienta. Entonces, ¿cómo sobreviven algunas plantas y animales a temperaturas mínimas extremas?
Los insectos expuestos a temperaturas bajo cero se pueden adaptar y sobreviven en temperaturas de congelación. Disponen de algún mecanismo que les permite hacerlo.
Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences describe una nueva clase de molécula anticongelante aislada de un escarabajo tolerante a las bajas temperaturas en Alaska, identificada por Ken Walters y colegas de la Universidad de Notre Dame.
La molécula anticongelante difiere de factores descritos antes en que no es una proteína, sino una combinación de sacáridos y ácidos grasos, que son otras clases de biomoléculas. ¿Qué significa esto? El tamaño es la diferencia. El tamaño exacto de esta molécula particular se desconoce, pero el hecho de que sea pequeña es benéfico. Su composición química podría facilitar la producción comercial dado que las pequeñas cadenas de azúcares pueden ser sintetizadas en laboratorio con mayor facilidad y a menor costo que una molécula biológicamente ensamblada.
Las moléculas anticongelantes se encuentran en varios organismos, incluyendo peces, insectos, plantas, hongos y bacterias. “Las proteínas anticongelantes más activas conocidas se han descrito en insectos que evitan la congelación, lo que les permite vivir a temperaturas de -60 grados”, indicó Walters, pero este es el primer aislamiento reportado de un insecto tolerante a la congelación (aquellos capaces de sobrevivir al congelamiento).
En la foto de Ken Walters se aprecia el escarabajo de Alaska que fue estudiado.