¿Qué beneficia más: la naranja o su jugo?

Cortesía JAFC

La pregunta no es tonta: ¿qué es mejor: comerse una naranja o beber su jugo?

Un estudio publicado en el Journal of Agricultural and Food Chemistry encontró ciertos beneficios del jugo, aunque deja en claro que la respuesta no es fácil.

En contra del jugo juega la cantidad de azúcar que por lo general se le agrega, pero tiene una ventaja en la absorción de ciertos elementos, encontró la investigación encabezada por Ralf Schweiggert y Julian Aschoff.

El estudio consideró el jugo de naranja pasteurizado.

Las naranjas contienen nutrientes como carotenoides y flavonoides que entre otros beneficios pueden ayudar a personas a disminuir el riesgo de ciertos tipos de cáncer y de enfermedad cardiovascular. No obstante, muchos prefieren tomar el jugo a comerse la fruta.

Los investigadores encontraron que el jugo de naranja pasteurizado disminuye un poco los niveles de carotenoides y de vitamina C, pero al mismo tiempo, mejora de manera sustancial la bioaccesibilidad de estos dos componentes, o sea cuánto puede absorber el cuerpo.

Explicaron que contrario a la creencia popular, aunque el jugo procesado corta de manera dramática los flavonoides, los que quedan son más bioaccesibles que los que están en la fruta.

El perfil de los carotenoides de la naranja ha sido calificado como uno de los más complejos en frutas, siendo objeto de muchas investigaciones. Estos son pigmentos orgánicos con propiedades antioxidantes.

Los flavonoides son metabolitos secundarios de las plantas y han adquirido notoriedad médica por sus beneficios antimicrobianos y anticancerígenos.

El jugo de naranja es el preferido en muchas regiones del planeta, incluidos Europa y Estados Unidos.

Antibióticos en el ganado serían una amenaza

Desde las fincas y haciendas ganaderas podría estar activándose un arma contra los humanos: las bacterias, un problema al que no se le ha puesto la atención debida.

Bueno, no hasta ahora, al menos en ciertos países: alarmados por las señales de que el exceso de antibióticos aplicados a los animales en las granjas, algunos gobiernos comienzan a tomar medidas.

Y aunque no está claro si el uso excesivo de antibióticos en ellos puede crear resistencia bacteriana que se transmita a los humanos, la preocupación tiene sobradas razones de peso.

En las granjas industriales, los antimicrobianos se suministran con frecuencia a los animales para tratar infecciones o como medida profiláctica para prevenir la aparición de enfermedades. Existe una preocupación creciente de que el uso excesivo de esos medicamentos está ayudando a crear microbios resistentes, de la Salmonella a la Escherichia coli, que son más difíciles de tratar cuando atacan personas.

La Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA) está ahora protegiendo antibióticos claves, las cefalosporinas, que se emplean en humanos para tratar un rango amplio de condiciones médicas, incluida la neumonía.

A comienzos de año, la agencia informó que prohibiría ciertos usos de esa droga en animales como el ganado, los cerdos, pollos y pavos, pues su uso exagerado “probablemente contribuirá a cepas de ciertos patógenos resistentes a la cefalosporina”.

Si eso llegara a suceder en humanos, habría que tratarlos con medicamentos que hoy no son tan efectivos contra ciertas condiciones o que poseen efectos secundarios más notorios.

Las nuevas normas entrarán en vigencia en abril 5 y restringen esa clase de antibióticos a dos drogas específicas para uso de cirujanos veterinarios, ceftiofur y cephapirin, y prohíben su empleo profiláctico.

En animales como patos y conejos habrá mayor discrecionalidad para usarlas.

Como la mayoría de antibióticos se usan tanto en animales como en humanos, la FDA considera extremar el control sobre aquellos usados en las granjas. Por ejemplo, revisa las normas que prohibirían el uso de cualquier antimicrobiano para promover el crecimiento de los animales.

La Unión europea, que ya prohíbe el uso para estimular el crecimiento animal, fortalecerá también sus reglas. Los antibióticos solo podrán emplearse bajo prescripción veterinaria.

Pese a que es de pública aceptación que el abuso de antibióticos puede desencadenar la resistencia de los microbios, la evidencia que vincula los antibióticos usados en granjas con la resistencia en animales, es aún controversial.

La FDA y la World Organization for Animal Health, trabajan con la Organización Mundial de la Salud para ayudar a los países en desarrollo a mejorar la legislación que controle la distribución y uso de los antimicrobianos en animales.

Hoy más de 100 países carecen de legislación al respecto y esas drogas se venden como dulces.

Adaptado de Nature.