La historia de Cleopatra y sus dos hijos

No todos saben que Cleopatra tuvo dos hijos hace casi 100 millones de años y aún los conserva.

No están en Egipto ni en pirámide alguna. Tampoco exhibidos en un museo. Andan pandos y orondos girando alrededor de su madre, un asteroide de unos 217 kilómetros de longitud compuesto de pedazos de roca reunidos por la atracción gravitacional.

De la existencia de la madre se sabía, no así de estos mellizos. La confirmación de su existencia llegó en el journal Icarus y no por expertos egiptólogos, sino por un equipo de astrónomos franceses y americanos que hicieron el hallazgo y, a la vez, confirmaron que Cleopatra parece un hueso para perros, lo cual en este caso no es un insulto.

En el grupo estaban Franck Marchis, de la Universidad de California en Berkeley y Pascal Descamps, del Institut de Mecanique Celeste et de Calculs des Ephemerides del Observatorio de París.

Hasta ahora se creía que los asteroides de tal tamaño eran sólidos, no una sumatoria de pedazos rocosos y de metal, pero su composición se dedujo de la órbita de los dos satélites mellizos, dijo Marchis.

Los acompañantes de Cleopatra se llamarán, de acuerdo con aprobación de la Unión Astronómica Internacional, Alexhelios, el más cercano a ella, y Cleoselene, el exterior, tal como los hijos que la egipcia Cleopatra tuvo con Marco Antonio.

El asteroide fue descubierto en 1880 y en 2000 se reveló que poseía una estructura parecida a un hueso para perros. Quizás surgió de la reunión de pedazos tras una colisión con otro asteroide, lo cual sucedió en algún momento después de la formación del Sistema Solar hace 4.500 millones de años.

Cleopatra es uno de varios asteroides que se encontró recientemente se formaron de restos rocosos reunidos por atracción gravitacional. Otros son Silvia, de 280 kilómetros de diámetro; Antiope, de 86 kilómetros; Hermione, de 190; y Kalliope, de 166.