Con genes cerebrales abejas cambian de tarea

Hacemos esto o aquello y listo, ¿pero qué hay detrás? Científicos demostraron que las abejas obreras pueden cambiar de actividad entre cuidar el nido o buscar comida activando o apagando ciertos genes del cerebro para cada labor.

Es la primera vez que se demuestra que diferentes conductas tienen patrones específicos de genes, un descubrimiento que podría tener implicaciones para ver cómo nuestro comportamiento puede tener un set específico de genes también.

Los cambios fueron registrados cuando un grupo de abejas obreras (Apis mellifera), que habían comenzado su vida como cuidadoras de nidos se activaron para ser buscadoras de alimento, siendo regresadas a cuidadoras por los científicos.

La mayoría de las obreras comienzan como ‘enfermeras’ o nanas que alimentan la reina y sus larvas. Tras 2 a 3 semanas, la mayoría se convierte en buscadoras de comida. Andrew Feinberg, de John Hopkins University School of Medicine y colegas vaciaron un nido de cuidadoras. Esto hizo que las proveedoras de alimento cambiaran su rol: tras retornar de una expedición, algunas volvieron a ser cuidadoras apra salvar la reina y sus larvas.

Los investigadores escanearon el ADN del cerebro en busca de un proceso denominado modificación epigenética, una forma de activar o desactivar genes sin modificar la secuencia del genoma.

Fue así como advirtieron un patrón específico apra cada tarea. Y cuando las buscadoras volvían a ser cuidadoras, desactivaban el patrón de genes y activaban el requerido para su nuevo papel.

Los cambios fueron drásticos: unos 150 genes se afectaban. Feinberg explicó que es difícil decir su el cambio en conducta provoca la activación genética o al revés.

“Es la primera evidencia, hasta donde sabemos, de un cambio epigenético ligado a una conducta reversible en un organismo”, dijo.

Eso abre las puertas a nuevas formas de pensar problemas humanos como la adicción, así como sobre el aprendizaje y la memoria.

El estudio fue presentado en Nature Neuroscience

Peligro a la vista, amigas

Cómo lo hacen, no se sabe, pero son más listas de lo esperado.
Sí, las abejas de la miel, Apis mellifera, como la mayoría de los animales, poseen una serie de adaptaciones antidepredadores empleadas para defender la colonia contra intrusos y para evitar las flores asociadas con un riesgo de depredación.
Estas abejas poseen también una destacada habilidad para comunicar a sus compañeras de nido, la dirección, la distancia y la disponibilidad relativa de flores, utilizando la famosa danza.
Kevin R. Abbott y Reuven Dukas, del Departamento de Psicología, Neurociencias y Comportamiento en McMaster University (Canadá), acaban de reportar que las abejas que regresan de una expedición de búsqueda de alimento en flores que ofrecen algún peligro, son menos dadas a bailar y se embarcan en menos desplazamientos bruscos que cuando retornan de sitios con flores seguras.
Los resultados, publicados en Animal Behavior, indican que las buscadoras experimentadas mantienen a las novatas alejadas de las flores donde hay riesgos, lo que desata interrogantes interesantes sobre cómo esta clase de información es integrada a su danza.