El extraño caso de la boa constrictor

A veces, los machos parecen estorbar. O, al menos, no hacen falta. Para eso, las boas constrictor se la han arreglado muy bien.

Sí: por primera vez se demuestra que estos reptiles pueden reproducirse asexualmente. Y, más sorprendente, los hijos producidos de esta manera poseen atributos que se pensaba eran imposibles.

Las camadas de bebés hembras producidos por la supermamá boa, mostraron que carecían de la influencia de un padre para haber nacido. Todas retenían una rara mutación recesiva materna del color.

El estudio de este caso de partenogénesis fue liderado por Warren Booth, investigador de postdoctorado en Entomología y publicado en Biology letters.

Los resultados pueden forzar a los científicos a reexaminar la reproducción de los reptiles, en especial entre las más primitivas especies de culebras como las boa constrictor.

Llama la atención también que en dos años, la misma madre produjo no una sino dos camadas de puras hembras, con cromosoma W-W que poseían la rata mutación de color de su madre.

Los cromosomas sexuales de las culebras son un poco diferentes de los de los mamíferos. Las células de las culebras macho poseen dos cromosomas Z, mientras las de las hembras tienen un Z y un cromosoma W. En el estudio, todas las hembras nacidas de la reproducción asexual tenían cromosomas WW, algo que se creía imposible: sólo se puede lograr tras una manipulación complicada en laboratorio y sólo en peces y anfibios.

Una camada contenía 12 bebés y la segunda 10. Y no era que no tuviera opciones: en la zona había machos que cortejaban las hembras antes de que nacieran los bebés.

La mamá había tenido previamente bebés al viejo estilo, apareándose con un macho antes de sus dos experiencias de reproducción asexual.

Booth no cree que estos extraños nacimientos fueran provocados por cambios ambientales. Mientras los ambientes estresantes han sido vinculados con la reproducción asexual en algunos peces y otros animales, no encontró cambios ambientales en el medio donde vivía la boa.

La foto, cortesía Booth-NCSU.

Cambiándoles la sexualidad a las plantas

Sería la dicha: en todo el mundo, los granjeros gastan cerca de 36.000 millones de dólares al año en la compra de semillas para sus cultivos, en especial aquellas resistentes a ciertas pestes. No pueden obtenerlas de sus cultivos, pues el mismo acto de reproducción sexual borra muchas de las características seleccionadas con mucho cuidado.
¿Sabía que algunas plantas evaden el problema? Los álamos y los dientes de león se reproducen asexualmente clonándose.
Jean-Philippe Vielle-Calzada, investigador del Howard Hughes Medical Institute se pregunto si podía conocer lo suficiente de la genética de la reproducción asexual para aplicarlas a las plantas que se reproducen sexualmente. Y está a un paso de lograrlo, según un reporte en Nature.
Al igual que con los animales, la reproducción sexual en plantas requiere la generación de gametos masculinos y femeninos que llevan la mitad de los genes del organismo. Las plantas con flores muestran la forma más avanzada de reproducción sexual de plantas, produciendo células espermáticas que derivan del polen que se unen con células ováricas para producir semillas. Por lo tanto cada semilla es genéticamente única. Existen distintos tipos de reproducción asexual en plantas, pero en todos se produce el mismo resultado: plantas hijas que son genéticamente idénticas.
Hace 10 años el investigador comenzó el desarrollo de una semilla asexual y decidió investigar la apomixis, un tipo de reproducción asexual. Muchas especies de planas la utilizan para generar semillas viables sin que sea necesaria la fusión entre esperma y óvulo. Este método origina semillas que son en esencia clones de la planta principal. En la apomixis, las células reproductivas conservan el material genético de los cromosomas en lugar de perder la mitad de los genes durante la meiosis, como sucede en la reproducción sexual. Cerca de 350 familias de plantas emplean la apomixis para reproducirse, pero casi todas las usadas para alimentos se reproducen sexualmente.
Vielle-Calzada estudió la apomixis en la Arabidopsis thaliana, que se reproduce sexualmente, y encontraron un gen, Argonauta 9, que parece silencia la apomixis.
¿Cuándo se logrará?