Hallan animal con esqueleto más antiguo

Como que a veces uno da por sentado que todo siempre fue igual. Pero no: un equipo de paleontólgos acaba de reportar el descubrimiento del animal más antiguo con esqueleto.

Llamado Coronacollina acula, data de hace 560 a 550 millones de años, del periodo Ediacarano, antes de la gran explosión de vida y diversificación de organismos que se presentó en la Tierra en el Cámbrico.

Pero, ¿qué aporta este descubrimiento?

El fósil entrega una nueva visión acerca de la evolución de la vida, en especial las primeras formas vivas del planeta, de cómo se extinguieron los animales y cómo responden los organismos a los cambios ambientales.

El periodo Ediacarano, nombre que proviene de las colinas Ediacara al sur de Australia, va de hace 630 a hace 542 millones de años. Por su parte el Cámbrico, durante el cual la vida en la Tierra creció de manera sustancial. se sitúa entre hace 542 y 488 millones de años.

Los especimenes de Coronacollina muestran (foto) el cuerpo principal con espículas articuladas.

“Hasta el Cámbrico, se entendía que los animales tenían cuerpo blando y carecían de partes duras”, dijo Mary Droser, profesora de Geología en la Universidad de California en Riverside, cuyo grupo hizo el descubrimiento. Pero al hallar este organismo con esqueleto de antes del Cámbrico, se trata de una gran innovación en las formas de vida que no se había visto, una transición entre uno y otro periodo.

Los animales tienen unos 2 centímetros, pero pudieron haber sido de 5 o algo así. Llama la atención que tienen una estructura como las esponjas.

En la foto de M. Droser, aspectos del primer animal conocido con esqueleto.

Increíble: milpiés trazan frontera

Entre humanos, las barreras siempre han estado presentes. No son solo las geográficas. Los límites entre posesiones, territorios y países están bien marcados y se respetan so pena de que vengan serios problemas.

Una línea misteriosa donde se encuentran dos especies de milpiés ha sido rastreada en el noroccidente de Tasmania, Australia.

Son dos especies comunes en sus respectivos rangos, pero ambas cruzan muy poco el territorio de la otra.

La zona de mezcla, donde se encuentran, es de unos 230 kilómetros de longitud y de menos de 100 metros de ancha.

La zona fue mapeada durante dos años por Bob Mesibov, especialista en milpiés e investigador del Queen Victoria Museum and Art Gallery en Launceston, Tasmania. Los resultados acaban de ser publicados en el journal ZooKeys.

“No tengo idea de porqué esta línea es tan exacta”, dijo. “La frontera sube y desciende colinas, cruza ríos y diferentes suelos, e ignora el tipo de vegetación y las diferencias climáticas. Su posición y su exactitud parece ser resultado de una disposición biológica inexplicada entre las dos especies”.

Los biogeográfos utilizan la palabra parapatría para el caso donde dos rangos de especies se encuentran pero no se trasponen, o trasponen muy poco.

Mesibov dijo que la parapatría se ha reportado antes en otras especies de milípedos e invertebrados terrestres, en Tasmania y en otras partes del mundo. Sin embargo, las fronteras parapátricas a menudo siguen rasgos geográficos como una ladera o los bordes de una fuente de agua.

“No parece haber una explicación ecológica o geográfica para esta frontera en particular. Con 230 kilómetros, es 50% más larga que la frontera entre Inglaterra y Escocia. Y el control fronterizo parece ser mejor que el que practicamos los humanos”, dijo.

Las dos especies de milpiés, Tasmaniosoma compitale y T. hickmanorum,

son del mismo género y se cree que están emparentadas. Fueron descritas en 2010 por el mismo autor.

Fósiles de cuando comenzó la vida

Si la Tierra tiene unos 4.500 millones de años, ¿cuándo surgió la vida?

Desde hace años hay debate y no es fácil resolverlo, pues fósiles de microorganismos no son fáciles de identificar.

Fue en 2002 cuando Martin Brasier, de Oxford, cuestionó los fósiles de las que se consideraban las formas más antiguas de vida, hallada por J. W. Schopf, de la Universidad de California.

Brasier, junto a David Wacey, de University of Western Australia, pusieron sobre el tapete lo que para ellos es el fósil más antiguo: unas células halladas en una antigua playa australiana, solo a unos 32 kilómetros de donde Schopf hizo su descubrimiento.

Brasier sostiene que estas células son restos de una bacteria anaeróbica primitiva que vivió hace unos 3.400 millones de años. Para él, los fósiles de Schopf son partes de una roca nada más.

El presunto hallazgo de Brasier sugiere que la vida en la Tierra se originó no cerca de alguna vena hidrotermal en el océano sino en un ambiente tibio, sin oxígeno, cerca de la superficie.

Ambos científicos usaron la misma técnica en busca de huellas químicas de esos microorganismos, pero Brasier se ayudó además con varias más para obtener imágenes en 3-D. Halló carbono, azufre, y nitrógeno, sugiriendo un origen biológico. Schopf detectó carbono también, pero Brasier sostiene que no se relaciona con la vida. Para Shopf, nadie ha encontrado en el registro geológico que no sea un remanente de vida.

La discusión está casada entre ambos científicos. ¿Cuándo surgió entonces la vida?

Hace 3.400 millones más o menos según el fósil de Brasier, o 3.465 millones de acuerdo con el de Shopf.

Imagen de las células y el sitio donde se hallaron en Australia, cortesía D. Wasey-Science

Hay que estar atentos con este cometa

Este 2011 podría no ser tan malo para la observación de cometas.

Tras la desaparición de la gran promesa, Elenin, que no sobrevivió entero su paso por las cercanías del Sol y ahora es un escuálido remedo de cometa, las noticias no son del todo desalentadoras.

Garradd podría ser una sensación. En estos momentos tiene una magnitud algo menor de 7, lo que lo hace visible al ojo desnudo, pero bajo condiciones excepcionales de observación.

Se cree que brillará hasta los primeros meses de 2012, de acuerdo con el análisis del experto Seiichi Yoshida.

El cometa fue hallado en 2009 por Gordon. J. Garradd del Siding Spring Observatory en Australia.

Hoy se encuentra pasando hacia la constelación Hércules y permanecerá allí buen tiempo.

Su cabeza es brillante y el núcleo distinguible, aparte de una cola bien definida según reporte en Sky and Telescope.

Se espera que se mantenga en magnitud 6 en las próximas semanas.

En donde haya cielos despejados, una buena tarea es encontrar este mensajero del pasado que se acerca hasta nuestra vecindad, aunque de la Tierra nunca estará más cerca de los 300 millones de kilómetros en noviembre y diciembre. En marzo estará a unos 180 millones de kilómetros.

Es lo único malo del cometa, pues si se acercara más la vista habría sido fenomenal.

De todas maneras, vale la pena intentarlo.

Ser papá después de los 40 o 50: riesgo para el bebé

Aunque las mujeres pierden su fertilidad al envejecer y se ha sabido que los hombres no, eso podría no ser cierto de acuerdo con un nuevo estudio.

Ser padre en la vejez tiene sus riesgos para… los descendientes. Los hombres también tendrían su reloj biológico de la fertilidad.

Los descendientes de ratones de edad avanzada tienen varias mutaciones en regiones con genes asociados con los desórdenes de la conducta, de acuerdo con una investigación publicada en Translational Psychiatry.

Los hallazgos podrían explicar porqué los niños de hombres viejos tienen tasas más altas de esquizofrenia y autismo que los de hombres más jóvenes.

En The Scientist, Dolores Malaspina, quien no estuvo vinculada al estudio dijo que “este estudio es muy importante”. Científicos han sido reticentes a creer que las mutaciones en los espermatozoides de los mayores derivarían en desórdenes del comportamiento, agregó.

En 2006, Malaspina y colegas, al estudiar una cohorte israelí halló que los niños de hombres con más de 40 años era casi seis veces más probable que tuvieran autismo que aquellos de padres menores de 30. Otros estudios han mostrado que quienes sufren esquizofrenia o autismo tienen más copias de mutaciones, en las que un pedazo de ADN no está o aparece replicado, que aquellos sin los desórdenes. Pero no era claro si convertirse en papá a edad avanzada llevaba a esas mutaciones o si las mutaciones eran la causa de los problemas, explicó John McGrath, psiquiatra de Queensland Brain Institute en Australia.

Para ver si la edad incidía en el número de copias de las mutaciones, McGrath y colegas aparearon ratonas jóvenes de 3 meses con ratones de la misma edad o de edad media (12 a 16 meses). Los descendientes de los padres mayores tenían seis nuevas copias de mutaciones, incluyendo varias en genes que han sido asociados al autismo, la esquizofrenia y el desarrollo del cerebro.

“Desde hace muchos sabemos que las mamás de edad más avanzada tienen un mayor riesgo de resultados adversos en la salud, como el síndrome de Down. Pero la epidemiología y los modelos animales están sugiriendo que el reloj de la fertilidad también suena para los hombres”, concluyó McGrath.

El gen de la infidelidad

Hasta en las sociedades humanas se presenta: el macho tiene menos objeciones cuando de promiscuidad se trata, aunque hay hembras que revolotean por acá y por allá.

Bueno, en el caso de las aves parece ser similar por razones que no se sospechaban: Sí científicos habrían hallado un gen de la infidelidad.

Algunos pájaros cantan para mostrar felicidad, pero cuando un macho del diamante mandarín (zebra finch, Taeniopygia guttata) le canta a una hembra que no ha visto antes está buscando una aventura. Si ella responde, es que también lo desea.

En distintas especies de aves se presenta una relación de monogamia, aunque cierta parte de la descendencia se debe a relaciones por fuera de la pareja.

Cuando un macho se aparea con una hembra que no es la usual, está pasando sus genes más allá, pero las hembras adúlteras no a sabiendas de que el padre no le ayudará a criar los hijos.

Entonces, ¿por qué lo hacen? Un nuevo análisis del cortejo de miles de encuentros entre estos pájaros paserinos comunes en Australia e introducidos a otros países, así como el estudio genético de la paternidad reveló que las hembras que son hijas de machos más promiscuos son más dadas a aparearse con varias parejas.

¿La razón? Investigadores reportaron en Proceedings of the National Academy of Sciences que los machos portarían un gen de la promiscuidad que transmiten a sus descendientes, tanto machos como hembras.

Los científicos encabezados por Wolfgang Forstmeier y colegas del Max Planck Institute for Ornithology, demostraron que en esos pájaros monógamos las diferencias individuales en el apareamiento por fuera de la pareja tienen un componente hereditario que extrañamente es compartido entre los sexos, así que una selección positiva en machos para procrear fuera del nido conducirá a un mayor apareamiento extra pareja por las hembras, como respuesta evolutiva correlacionada.

Esa conducta se da solo por los genes respectivos, independiente de que ella no obtenga beneficio alguno con ese apareamiento adicional.

Quién me mordió

No se porqué esas luchas prehistóricas guardan su encanto. Fueron prehistóricas, pero no en todas había humanos de por medio. Todo un arte descubrir cómo era la vida entonces que, al parecer, no era menos dura que hoy.

Bien: las cicatrices en la mandíbula de un reptil marino de 120 millones de años sugieren eso precisamente. Que la vida en los antiguos océanos polares no era nada sencilla.

Se trata de una mordida, probablemente hecha por otro miembro de la misma especie. ¿Peleaban por alimento? ¿Por una hembra? Es que quizás no por mucho más se podría pelear entonces.

El hallazgo proporciona datos sobre la vida social de esas extintas criaturas marinas y fue presentado en Acta Paleontologica Polonica.

El esqueleto fosilizado, hallado cerca al pueblo Marree en el norte de South Australia, es de un ictiosaurio, un reptil marino como un delfín, que vivió durante la época de los dinosaurios. (En Colombia, en Villa de Leyva, que fuera parte del océano entonces, también hay fósiles de ictiosaurio).

Estos reptiles eran depredadores de movimientos rápidos, que se alimentaban de peces y animales tipo calamares. Los adultos medían hasta seis metros y tenían cabezas alargadas, con más de 100 dientes estilo cocodrilo.

Cuando este ejemplar estaba vivo, Australia aún estaba unida a la Antártica y habría estado más al sur de lo que está hoy y lo que hoy son pastizales áridos habría sido un mar interior.

La cicatriz se descubrió durante la limpieza del fósil en laboratorio, indicando el sellamiento avanzado que el animal sobrevivió al ataque.

Este tipo de hallazgo no ha sido común en ictiosaurios, dijo Benjamin Kear, uno de los autores del estudio.

Las marcas de la herida no cazan con las de otros depredadores o víctimas, sino con las de un ictiosaurio.

El pasado en presente.

Foto cortesía

¿Busca a Nemo? Anda medio muerto

¿Recuerdan a Nemo, el gracioso pez naranja de la película animada Buscando a Nemo? Es un pez payaso (clownfish). Científicos liderados por Philip Murray de James Cook University en Australia, encontró algo llamativo: los niveles más altos de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera afectan la vida marina, en especial corales y moluscos gracias a la acidificación y calcificación de las aguas. Pues bien, Murray halló que este pez que vive cerca del fondo del mar, de larva se mueve con el plancton, pero al madurar debe buscar su grupo para defenderse y sobrevivir, pero esa conducta depende de señales químicas, que pueden ser susceptibles al cambio en el pH. En experimentos, encontró que a mayores niveles de CO2, las larvas actuaban de manera más arriesgada, alejándose del arrecife. Si esto sigue así, en unas décadas, Nemo no vivirá más.

El estudio fue publicado en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences.

Hallan criatura de hace 650 millones de años

Más viejos de lo que parecemos. El primer animal con cuerpo vivió 70 millones antes de lo que se tenía hasta ahora. Su mundo era aquel de hace al menos 650 millones de años.
Científicos de Princeton descubrieron el más antiguo fósil de un animal con cuerpo debajo de un glacial de hace 635 millones de años al sur de Australia.
Los más antiguos que se conocían, unos habitantes de corales, datan de hace 550 millones de años, el Namacalathus, descubierto en 2000 por John Grotzinger del Instituto de Tecnología de Massachussets, y el Clodina, hallado en 1972 en Sudáfrica. Pero hay otros restos que son objeto de controversia, que datan de hace 542 a 577 millones de años.
Ahora, Adam Maloof y Catherine Rose hallaron el Nuevo ejemplar mientras trabajaban en una capa de hielo que marcaba el fin del periodo Criogeniano hace 635 millones de años. El descubrimiento fue presentado el martes en Nature Geosciences.
El hallazgo sugiere que los animales existían mucho antes y que habrían sobrevivido la bola de nieve de la Tierra (snowball Earth), la glaciación marinoana que cubrió casi todo el globo terráqueo con hielo.
El fósil semeja las esponjas, cuyos fósiles más representativos datan de hace 520 millones de años, aunque existen evidencias de que aparecieron mucho antes.
Los científicos creían, al comienzo de los análisis, que se trataba de otro Namacalathus, una criatura con forma de bola.

Hábleme claro, dice el óvulo

Abran paso, que aquí voy yo. Los espermatozoides juegan un rol más complicado en el juego del apareamiento que lo que se pensaba, según investigadores de la Universidad de Adelaida en Australia.
Sarah Robertson, del Instituto Robinson de ese centro, dijo que los espermatozoides se comunican con el tracto reproductivo de la hembra y le ayudan a preparar el cuerpo para nutrir el feto. Si el sistema femenino no aprueba el mensaje del esperma, por llamarlo de esa manera, podría atacarlo.
“Descubrimos que los espermas no sólo fertilizan el óvulo“, dijo Robertson. “En realidad contiene moléculas de señales que son responsables de activar cambios inmunes en la mujer, de modo que pueda aceptar una sustancia extraña en su cuerpo, en este caso el esperma, derivando en la concepción y un embarazo sano”.
Como los humanos, todos los espermas no son buenos en comunicar y algunos cuerpos de las hembras tienen altos estándares. “El macho provee la información que incrementa la oportunidad de concepción y la progresión hacia el embarazo, pero el cuerpo femenino tiene un sistema de control de calidad que necesita convencerse de que el esperma es compatible y juzga además si las condiciones son las adecuadas para la reproducción.
La información recogida podría incentivar a los investigadores a buscar maneras de alentar al cuerpo de la mujer para que tolere mejor el semen de su compañero si es que están teniendo problemas para que ella quede embarazada.