Los jóvenes alegres ganan más dinero como adultos

Los jóvenes más felices, aquellos que llamamos entradores, son los que ganan más dinero cuando adultos de acuerdo con una investigación reciente.

Jan-Emmanuel De Neve, de UCL, y el profesor Andrew Oswald de la University of Warwick analizaron datos de 15.000 adolescentes y adultos jóvenes en Estados Unidos, encontrando que aquellos que reportaban un afecto positivo más grande -que es una medida técnica de la felicidad- o una mayor satisfacción por la vida, recibían más dinero de adultos.

La mayor riqueza de estas personas se debe en parte a que es más probable que la gente feliz se gradúe, halle un trabajo y sea promovida antes que los otros menos alegres.

Y a mayor felicidad, mayor el impacto financiero: el estudio mostró, por ejemplo, que un punto de incremento en la satisfacción con la vida (en una escala de 5) a la edad de 22 se asocia con ganancias casi 2.000 dólares más altas a los 29 años. Es la máxima influencia sobre los ingresos.

En el estudio se encontraron diferencias entre hermanos, que aunque creciendo en la misma familia, los más contentos tendían también a ganar más. Los resultados son más sólidos considerando otros factores como educacion, salud, variación genética, autoestima y coeficiente intelectual.

Los investigadores estudiaron también cómo la felicidad puede influenciar los ingresos. Los tests revelaron efectos directos e indirectos que trae la influencia de la felicidad: desde la obtención de un título hasta un trabajo, mayores niveles de optimismo y extroversión, así como menos neurotismo.

Para De Neve “quizás lo más importante, para el público general -y padres en particular- estos hallazgos revelan que el bienestar emocional de los niños y los adolescentes es llave para el éxito futuro, una razón más para asegurar la creación de ambientes hogareños sanos”.

De niñas a… objetos sexuales: pliegues de la moda

Que las mujeres son objetos sexuales. Una afirmación que tiene tanto de ancho como de largo. En eso, se afirma, las ha convertido la sociedad. Claro, no a todas, pero sí a muchas, comenzando por las más jóvenes. Y las niñas.

El consumismo exagerado, basado en prototipos de mujeres casi inexistentes, ha sido uno de los factores claves en la cosificación de la mujer. Y aunque puede haber quienes se sientan bien así, la discusión se ha mantenido vigente.

Una pregunta válida se puede hacer, dentro de las tantas posibles, sobre la influencia de un sector específico.

¿Están ayudando los diseñadores y fabricantes de moda y prendas a convertir a las niñas y jóvenes en objetos sexuales?

Un nuevo estudio reveló que más del 30 por ciento de las prendas para niñas y jóvenes disponibles en internet en Estados Unidos son sexys o sexualizantes.

No se hace necesario ir tan lejos en vista de la globalización. En nuestro medio las niñas, adolescentes y mujeres en sus 20 visten de una manera que podría llamarse provocativa, sin que signifique que hablamos de insinuación y menos de incitación. Pero que hoy hay más piel descubierta que antes o realce de ciertas formas, no cabe la duda, sin entrar a calificar si esto es bueno o malo. Hablemos sólo de que es la tendencia.

Volvamos al estudio de Samantha Goodin y Sarah Murnen, del Kenyon College. En su opinión, esa sexualización tiene serias implicaciones sobre cómo las jóvenes se evalúan a sí mismas según el modelo sexualizado de atracción física femenina. Las hace confrontar muy pronto en sus vidas el tema de la identidad sexual.

Los hallazgos serán publicados en el journal Sex Roles.

La teoría de la “objetificación”, las mujeres de las culturas occidentales son caracterizadas y tratadas como objetos de la mirada masculina. Esto deriva en el desarrollo de una auto-objetificación (hay que llamarlo de modo no muy castizo, tal vez), en las que las niñas y las mujeres interiorizan esos mensajes y ven sus cuerpos como objetos a ser evaluados de acuerdo con estándares estrechos, a menudo sexualizados, de la atracción

Teniendo en mente los efectos negativos de esa autocalificación, tales como la insatisfacción con el cuerpo, la depresión, la poca confianza y la baja autoestima, Goodin y su equipo analizaron el rol de la ropa de niñas en una posible influencia social que puede contribuir a la auto objetificación en niñas preadolescentes.

Examinaron la frecuencia y la naturaleza de la ropa sexualizante disponible para niñas (no adolescentes) en los sitios web de 15 tiendas populares en Estados Unidos. La ropa sexualizante revela o enfatiza una parte sexualizada del cuerpo, tiene características asociadas con ser sexy y/o porta mensajes sexualmente sugestivos. También miraron si las prendas tenían características infantiles, como cintas y otros.

De los 5.666 artículos estudiados en las tiendas, 69% tenía características infantiles solamente. Un 4% tenía sólo características sexualizadas y un 25% tenía ambas. La sexualización se da con más frecuencia en artículos que enfatizan una parte del cuerpo sexualizada, tales como camisetas y vestidos cortados de tal manera que hicieran más notorios los senos o pantalones muy decorados que llamaban la atención de las nalgas.

El tipo de tienda fue ligado al grado de sexualización, con tiendas para adolescentes o preadolescentes más dadas a exhibir ropa sexualizada comparadas con las tiendas para niños.

Para los autores “nuestro estudio presenta la categoría ambigua de ropa sexualizante de niñas. La co-ocurrencia de características sexuales e infantiles hacen que la sexualización esté presente en esas prendas. Padres confundidos pueden ser persuadidos a comprar una minifalda tipo leopardo si es de un rosado brillante. Claramente, lo sexual es visible en la disposición de los colores teñidos. Proponemos que las niñas que se visten de esta manera podrían contribuir a socializarse dentro del estrecho rol de la mujer sexualmente convertida en objeto”.

Un tema para pensar, aunque la ola de la moda es irresistible hoy.

El cuerpo es la perdición

Esto no tiene solución. Fuera de que hoy muchas mujeres creen que las prendas de vestir les darán lo que no son ni tienen, el sueño de tener un cuerpo perfecto trae cada vez más problemas.
En Estados Unidos se acaba de hacer una investigación al respecto que, diría uno, podría aplicarse a otras regiones del mundo occidental. Fue hecha por la organización YWCA USA.
Un informe de la juventud reveló el impacto que la belleza idealizada y la obsesión por la imagen tienen en el bienestar económico, social y de la salud de las jóvenes.
No solo se gastan cantidades alarmantes en cirugías plásticas sino que se amenaza la salud personal al tomar prácticas como el fumar para mantener un bajo peso.
Aparte de la inseguridad de muchos productos utilizados en las cirugías, se está afectando la parte psicológica con una baja autoestima y problemas interpersonales para crear esa imagen poco saludable de la cultura de las nuevas chicas a la que alientan decenas de mensajes emitidos 24 horas al día por los medios de comunicación, una situación que también compromete a las mujeres mayores.
¡A lo que se ha llegado!