El sorprendente pez que prefiere yo con yo

Esta es la historia del pez que se aparea consigo mismo aunque a veces hace trampa: el killifish de los manglares, quien parece estar un paso delante de nosotros.

Este pez vive en estanques que son proclives a secarse, por lo que puede vivir en tierra por meses, a menudo dentro de huecos en los palos, en donde sobrevive respirando a través de la piel.

Es también uno de los dos vertebrados –el otro es el pariente cercano el pez ocellated rivulus- que pueden autofertilizarse.

Estas capacidades dan paso a una sociedad peculiar compuesta de grupos de clones que competen uno contra el otro por la supervivencia.

Muchos animales son hermafroditas, con órganos masculinos y femeninos a la vez, pero también tienden a aparearse con otros para mezclar un poco sus genes. Este killifish no. Los adultos poseen ovarios y testículos, así que cuando quieren reproducirse liberan esperma y huevos a la vez. Luego de que estos son fertilizados, los ponen en la grava.

La constante autofertilización dice que pierden toda variación genética. Aquellos que se han fertilizado por unas pocas generaciones se convierten en homocigotos: tienen dos copias idénticas de cada gen, por lo que dentro de cada población existen unos cuantos grupos de killifish genéticamente idénticos, cada uno clonado por un ancestro distinto.

Pese a ello, algunas poblaciones tienen unos pocos machos. Y aunque la autofertilización es la norma para los hermafroditas, ocasionalmente se aparean con un macho. Con eso distintos grupos clonales intercambian genes, usando machos como intermediarios.

Los peces en estas poblaciones no son homocigotos, pues tienen dos versiones distintas de sus genes.

Pese a ello, la mayor parte del tiempo no hay machos, sólo grupos de clones de hermafroditas, grupos que pueden ser muy diferentes, con tasas de crecimiento y número de descendientes distintos.

En Animal Behaviour, Mathew Edenbrow y Darren Croft de University of Exeter en el Reino Unido querían averiguar si pese a todo esto los grupos diferían en sus personalidad y hallaron que algunos son más maleables que otros, siendo más notorio en los jóvenes. Esto es una ventaja para acomodarse a los ambientes cambiantes.

Fuente: new Scientist

La increíble autofertilización

Dentro de sus pequeñas flores blancas, Arabidopsis thaliana presenta lo que la mayoría de las plantas evita: la autofertilización.
Haiti Paves, de Tallinn University of Technology en Estonia tomó esta foto, cedida por la National Science Foundation de Estados Unidos, de la flor con sus granos de polen y ovarios teñidos de azul para mostrar el proceso que ocurre. De las seis cabezas de polen, los granos desarrollan delgados tubos hacia los ovarios con forma de fríjol en el estigma de la flor para fertilizarlo.
Dada la técnica de microscopio empleada, la luz polarizada convierta en amarilla la usualmente blanca flor y el fondo azul.
Los científicos han utilizado la A. thaliana en muchos estudios genéticos dado que su auto fertilización hace sus experimentos más claros. Como indica Paves, Gregor Mendel empleó una auto fertilizadora, el guisante, para construir sus teorías genéticas.