Baile así para que sufra

Qué tal las bailarinas de tango: Usar zapatos de tacón mientras se baila podría añadir un toque de gracia a los movimientos de una mujer, pero los tacones también suponen una presión adicional para los dedos de la bailarina.

Eso concluyeron investigadores chinos y británicos, quienes midieron las fuerzas ejercidas sobre las plantas de los pies de seis bailarinas profesionales.

Hallaron que cuando bailaban con los pies descalzos, la fuerza se distribuía de forma equitativa entre el talón y los dedos de los pies. Sin embargo, bailar con tacones altos resultó en la transferencia de más fuerza a la parte delantera del pie.

El estudio aparece en el International Journal of Experimental and Computational Biomechanics.

Bailar con tacones de 10 centímetros (unas cuatro pulgadas) de alto puede conducir a una presión tres veces mayor que la de la atmósfera que se aplica a los dedos de los pies, dijo Yaodong Gu, de la Universidad John Moores de Liverpool en el Reino Unido.

Este aumento de la presión en la parte delantera del pie puede derivar en molestias y a una afección dolorosa llamada fascitis plantar durante un período prolongado de tiempo. Los hallazgos podrían ayudar a mejorar el diseño de zapatos de baile de tacones altos.

“La mayoría de los estudios publicados se han centrado en los efectos de los zapatos de tacón alto sobre caminar de forma normal, mientras que las investigaciones sobre una locomoción más intensiva como bailar son muy limitadas” señalaron los investigadores en un comunicado de prensa del editor de la revista.

Saque pareja, señor bebé

Bailarines de principio a fin: los bebés nacen para bailar, según un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.
Sí, científicos del Reino Unido y Finlandia les colocaron a 120 bebés entre 5 y 24 meses de edad canciones infantiles y de música clásica, sonidos de tambor, palabras infantiles y un discurso regular.
Encontraron que el habla les inspira poco movimiento, pero la música sí los hacía moverse continuamente. Se movían con un ritmo claro y ajustaban sus movimientos con las distintas variaciones. Además: cuando más igualaban su movimiento con la música, más sonreían.
Aún no se ha resuelto cómo los humanos evolucionamos nuestro sentido musical, pero es claro que lo disfrutamos desde muy pequeños.
Un video sobre el estudio fue presentado por los científicos.

Peligro a la vista, amigas

Cómo lo hacen, no se sabe, pero son más listas de lo esperado.
Sí, las abejas de la miel, Apis mellifera, como la mayoría de los animales, poseen una serie de adaptaciones antidepredadores empleadas para defender la colonia contra intrusos y para evitar las flores asociadas con un riesgo de depredación.
Estas abejas poseen también una destacada habilidad para comunicar a sus compañeras de nido, la dirección, la distancia y la disponibilidad relativa de flores, utilizando la famosa danza.
Kevin R. Abbott y Reuven Dukas, del Departamento de Psicología, Neurociencias y Comportamiento en McMaster University (Canadá), acaban de reportar que las abejas que regresan de una expedición de búsqueda de alimento en flores que ofrecen algún peligro, son menos dadas a bailar y se embarcan en menos desplazamientos bruscos que cuando retornan de sitios con flores seguras.
Los resultados, publicados en Animal Behavior, indican que las buscadoras experimentadas mantienen a las novatas alejadas de las flores donde hay riesgos, lo que desata interrogantes interesantes sobre cómo esta clase de información es integrada a su danza.