Olor a comida invita al sexo

Es el olor a comida lo que inspira los encuentros sexuales de acuerdo con nueva investigación en la mosca de las frutas, Drosophila melanogaster.

Cuando se conquistar una hembra atractiva se trata, el excitado macho se convierte en una especie de trovador, tocando una canción de amor con una ala mientras danza detrás del objeto deseado. Qué provoca ese cortejo era un misterio.

Experimentos reportado online en Nature muestran que al remover un gen de una proteína olfativa denominada IR84a hace que la mosca sea menos hábil para realizar el canto y su baile. Situada entre las células nerviosas que alientan la actividad reproductiva en las moscas de las frutas, la proteína es estimulada básicamente por dos aromas (ácido fenilacético y fenilacetaldehído). Resulta llamativo que esos aromas no los proporciona la hembra sino los tejidos de la planta y los frutos con los que la mosca se alimenta y que emplea para poner sus huevos.

La mayoría de los insectos se rinden amorosamente cuando sienten las feromonas sexuales –un perfume bioquímico natural- que proviene de una potencial pareja. Ser enloquecido por el olor de comida en vez de la feromona, podría ser una ventaja evolutiva para especies cuyos recién nacidos pasan varios días comiendo y creciendo antes de abandonar la casa.

“Las larvas de la mosca comen constantemente y necesitan un buen suministro de alimento para respaldar su crecimiento”, dice Richard Benton, del Center for Integrative Genomics en Lausana (Suiza), quien adelantó el estudio con colegas de Suiza, Francia e Inglaterra.

Ser eastimulado sexualmente por olores de alimentos les asegura a las moscas que se aparearán cerca de una fuente de nutrientes, lo que les permitirá criar la familia en donde permanezca bien alimentada.

Pero las moscas no son guiadas exclusivamente por los olores de la comida. “Su circuito reproductivo es complejo”, aclara Benton, “y responde a distintas señales sensoriales”. Por ejemplo, moscas excitadas ‘probarán’ posibles parejas tocándolas, adquiriendo información a través del contacto de feromonas. Sin embargo, oler una fruta juega un rol esencial en la activación del cortejo.

Comida y sexo… a la vez.

Una eterna danza cósmica

Aunque a veces se crea que solo los humanos podemos bailar, en el Universo hay estructuras trenzadas en una marcha lenta, plácida, aunque no por ello tranquila.
En los años 1960, Halton Arp expuso un catálogo de galaxias peculiares. Y dentro de ellas estaba Arp 261, que ahora ha sido mirada en detalle por el gran telescopio de la Organización Europea para la Investigación Astronómica.
Arp 261 se encuentra a unos 70 millones de años luz, en la constelación Libra. Es una estructura caótica y muy inusual creada por la interacción de dos galaxias que se involcuraron en un movimiento lento, pero también en un encuentro cercano desestabilizante.
Aunque es poco probable que las estrellas en esas dos galaxias colisionen en tan colosal encuentro cósmico, las grandes nubes de gas y polvo sí lo hacen a altísimas velocidades, conduciendo a la formación de nuevos y brillantes cúmulos de estrellas muy calientes que se pueden osbervar bien en las imágenes obtenidas.
Este par de galaxias eran quizás enanas no muy diferentes a las Nubes de Magallanes que orbitan nuestra propia galaxia.
En la imagen de la ESO se aprecia el baile galáctico.

El baile de los dinosaurios

Imagínese cómo sería un baile de dinosaurios… muy llamativo y peligroso para quien resultase pisado. En la frontera de UTA y Arizona, en Estados Unidos, se encontró una pista de baile de dinosaurios… bueno es un decir, lo que sucede es que hay tantas huellas que parece como si hubieran estado bailando hace decenas de millones de años.
En el lugar, en Vermilion Cliffs, se encontraron más de 1.000 huelas, hechas en el jurásico, cuando la región estaba cubierta, hace 190 millones de años, con tantas dunas como tiene hoy el desierto del Sahara.
Se pensaba que los huecos en el piso habían sido formados caprichosamente por el viento, pero el estudio minucioso permitió descubrir que fueron hechas por varias especies de dinosaurios, cuatro, según Marjorie Chan, profesora de Geología y Geofísica en la Universidad de Utah, quien participó en el estudio.
En la foto de Nicole Millar se ve al geólogo Wisnton Seiler junto al campo de las huellas.