6 genes que influyen en tomar café (y sus efectos)

Es la bebida más popular. Dos pocillos diarios toman en unos países, cuatro en otros y mucho más en distintas regiones.

Ha sido ligada a un menor riesgo de enfermedad de Párkinson, de problemas hepáticos y de diabetes tipo 2, aunque resultados sobre su contribución al cáncer y problemas cardiovasculares son aún controversiales.

Sí, es e café. Ayer un grupo de científicos encabezados por Marlyn Cornelis revelaron en Molecular Psychiatry seis nuevas regiones del ADN (locus) asociadas con la conducta de tomar café, hallazgo que respaldaría el rol de la cafeína en influir en la ingestión del café. Sugiere además la existencia de mecanismos moleculares que podrían explicar porqué cierta cantidad de cafeína tiene efectos distintos en diferentes personas.

Los investigadores condujeron un estudio de asociación amplia del genoma sobre el consumo de café en 120.000 personas de origen europeo y africano-americano, e implicaron dos nuevos genes involucrados en el metabolismo de la cafeína, POR y ABCG2. Identificaron además dos nuevos locus cerca de los genes BDNF y SLC6A4 que potencialmente influyen en los efectos de la cafeína en el cerebro.

Identificaron otros dos locus cerca de los genes GCKR y MLXIPL relacionados con el metabolismo lípido y de la glucosa pero que no se habían vinculado hasta ahora bien al metabolismo o a los efectos neurológicos del café.

Para no pocas personas, el café es la mayor fuente de cafeína, un estimulante presente en otras bebidas y alimentos, habiéndose hablado mucho de la dependencia a esa sustancia.

El reciente Manual de Diagnóstico y Estadística de Enfermedades Mentales no incluye la dependencia de la cafeína ni su abuso, pero sí la intoxicación por cafeína y el síndrome de abstinencia como desórdenes.

Hallar los genes relacionados con la ingestión del café y los efectos de la cafeína u otros compuestos de la bebida podría ayudar en el futuro a las personas afectadas por las diferencias condiciones relacionadas con el café.

Forma del vaso influencia cuán rápido bebemos

Si tomó más de la cuenta, debería echarle la culpa no a la bebida sino… al vaso.

Sí. Angela Attwood y colegas de Bristol’s School of Experimental Psychology reclutaron para dos sesiones experimentales 160 bebedores sociales de 18 a 40 años sin historia de alcoholismo.

En una de las sesiones, bebieron una bebida no alcohólica en un vaso recto o en otro curvo, y una alcohólica en los mismos recipientes.

Los participantes bebían casi dos veces más lento cuando tomaban alcohol en los vasos rectos en comparación con los curvos. No hubo diferencias para las bebidas sin alcohol.

Los investigadores sugieren que la razón podría ser que es más difícil determinar el punto medio de los vasos curvos. Como consecuencia, a las personas les queda más difícil saber cuánto han bebido.

El hallazgo fue corroborado en la otra sesión en la que establecían en imágenes de computador si un vaso con una de las formas tenía más volumen de líquido que el otro.

Los investigadores indicaron que hacer más lenta la ingestión de bebidas tendría un impacto positivo en la persona y a nivel general en la población.

El café evitaría la diabetes tipo 2

Beber café aporta diferentes beneficios a la salud, un tema que está hoy fuera de discusión. Dentro de tales aportes se encuentra el menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Sí: aquellos que beben al menos 4 pocillos de café cada día tienen un 50% de menor riesgo de esa enfermedad, con cada pocillo adicional asociado con otro 7 por ciento de menor riesgo.

Ahora: ¿cómo es eso? Hasta ahora todo era especulación, pero por estos días investigadores chinos revelaron evidencias de que el café influye en el desdoblamiento de la hiAPP, una proteína implicada en causar aquella forma de diabetes. De acuerdo con su paper publicado en el Journal of Agricultural & Food Chemistry, ciertos compuestos en el café inhiben la formación de los hLAPP tóxicos, lo que probablemente explicaría el riesgo más bajo en los amantes del café.

“Estos hallazgos sugieren que los efectos benéficos del consumo de café sobre esa enfermedad debe deberse en parte a la capacidad de algunos componentes y metabolitos para inhibir la agregación tóxica de la proteína”, escribieron los autores. “Entonces se puede esperar un efecto benéfico para un tomador regular de esa bebida”.

Los genes no dejan que deje de beber

No todo sirve para todos. Una vez más, un estudio conduce a la era de la medicina personalizada o aquella basada en la genética de cada persona.

El Instituto del Abuso del Alcohol y el Alcoholismo de Estados Unidos encontró que la efectividad de un tratamiento experimental para el alcoholismo depende de la composición genética del individuo que lo recibe. El reporte aparece en el American Journal of Psychiatry.

“Es un paso importante en la búsqueda de tratamientos personalizados para la dependencia al alcohol”, dijo Kenneth R. Warren, director del Instituto.

Investigadores dirigidos por Bankole Jonson de la Universidad de Virgnia, condujeron un ensayo controlado para determinar si el medicamento ondansetron podría reducir el problema de la bebida en personas dependientes del alcohol. Esa medicina es usada actualmente para tratar las náuseas y el vómito siguientes a la quimioterapia. Funciona bloqueando receptores del químico cerebral serotonina.

Johnson y sus colegas efectuaron análisis genéticos para determinar que variantes del gen transportador de serotonina portaba cada individuo y luego a cada uno le asignaban tratamientos con ondansetron o placebo.

Encontraron que los sujetos con el fenotipo LL y que tomaban el medicamento reducían el promedio de tragos diarios a menos de cinco, pero quienes que recibían el placebo continuaban tomando más de cinco.

Los que tomaban el ondansetron tenían más días de abstinencia. Los efectos eran más pronunciados entre quienes portaban las variantes LL y TT, mientras que quienes carecían de la LL no experimentaban ningún beneficio con la medicina.

Quizás no es que no quiera dejar de beber. Es que sus genes no se lo permiten.

¿Será que sí?

Lo que se bebe a los 5, se nota a los 15

¿Hasta dónde se aplicará? Los padres estarían generando problemas futuros de peso en sus hijas al permitirles que tomen una o más bebidas azucaradas por día durante la niñez, según un estudio.
El consumo de refrescos azucarados, como gaseosas, jugos de fruta y bebidas deportivas, a los 5 años estaba relacionado con una mayor grasa corporal durante los siguientes 10 años, indicó la doctora Laura Fiorito, de la Pennsylvania State University.
Tener más grasa corporal durante la adolescencia se ha vinculado con el sobrepeso y otros problemas de salud, como la diabetes y la enfermedad cardíaca, a largo plazo, señaló el equipo de Fiorito en el American Journal of Clinical Nutrition.
Fiorito y sus colegas observaron lo que bebieron 166 niñas no hispanas entre los 5 y los 15 años. También midieron su peso, altura y grasa corporal.
El peso y la grasa corporal no variaron según cuánta leche o jugo 100 por ciento frutal tomaban las pequeñas.
En cambio, después de tener en cuenta otros factores relacionados con el peso y la grasa corporal, las niñas que consumían dos o más bebidas azucaradas al día tenían mayores porcentajes de grasa corporal y peso y eran más propensas a la obesidad que aquellas que tomaban cantidades menores de esas bebidas.
Por ejemplo, en aquellas de 5 y 15 años que bebían menos de uno de esos refrescos azucarados por día, hallaron entre un 16 y un 19 por ciento de sobrepeso, respectivamente.
Entre las que tomaban dos o más de esas bebidas dulces al día, cerca del 39 por ciento tenía sobrepeso a los 5 años, mientras que el 32 por ciento lo hacía a los 15.
Se sugiere que quienes cuiden niños pequeños sustituyan las bebidas azucaradas por leche reducida en grasa y agua, concluyó el equipo de Fiorito.

Beba para que tiemble

Temblor. ¿No ha visto que algunas personas experimentan algún temblor en sus manos?
Un estudio en el Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry encontró que beber más de un par de bebidas al día puede duplicar el riesgo de desarrollar un temblor involuntario, trastorno neurológico que solo en Estados Unidos afecta a alrededor de cinco millones de personas mayores de 60.
Las personas que bebían al menos tres unidades de alcohol al día tenían más del doble de riesgo de esa clase de temblor, llamado esencial. En ese nivel de consumo de alcohol, cada año adicional de bebida regular diaria aumentaba el riesgo en 23 por ciento. Aunque no era tan grande, el riesgo también era mayor entre la gente que bebía menos unidades de alcohol, pero lo hacía de forma regular.
Se sabe que el alcohol es una toxina cerebral, sobre todo en el cerebelo, la parte del cerebro que tiene que ver con el temblor involuntario. Con frecuencia, el alcohol se usa para aliviar los síntomas de temblor esencial, pero este estudio sugiere que en realidad podría acelerar la progresión de la afección y empeorar los síntomas.
La causa exacta del temblor involuntario no está clara, pero se considera que es causado por un daño a las células cerebrales llamadas células de Purkinje, y a una interrupción en la señalización entre las sinapsis nerviosas, reveló un informe de prensa sobre la investigación.

Camino a un ataque al corazón

Alcohol. No solo es cuánto se bebe, sino cómo. Bueno, al menos tratándose de problemas para el corazón.
Investigadores identificaron el mecanismo preciso por el cual la forma como se bebe contribuye a los coágulos en las arterias que derivan en ataques al corazón y a los derrames, según un estudio publicado en Atherosclerosis.
La investigación aporta nuevos datos a la creciente evidencia de que los patrones de bebida importan tanto, sino más, para el riesgo de enfermedad cardiovascular que la cantidad total ingerida.
Un exceso es considerado como ingerir cinco o más tragos para los hombres y cuatro o más para mujeres en dos horas.. Existen varios estudios que sugieren que un patrón irregular de beber en exceso dobla el riesgo de un ataque al corazón, pese a que se considera que beber con moderación reduce el riesgo (el llamado efecto del vino tinto).
Las bebidas alcohólicas contienen etanol, que es convertido en acetaldehído en el cuerpo humano. Sus niveles permanecen altos durante varias horas tras beber en exceso. Esos altos niveles de acetaldehído hacen que un tipo importante de células inmunes, los monolitos, se adhieran más a los vasos sanguíneos, un paso para el inicio de la enfermedad aterosclerótica.
En el pasado, se creía que la aterosclerosis se desarrollaba cuando el colesterol atascaba las arterias con depósitos grasosos denominados placas. Cuando los vasos sanguíneos se obstruían del todo, se presentaban los infartos. Ahora la mayoría de los expertos creen que la reacción del sistema inmune del cuerpo, más que la acumulación misma, origina el riesgo de ataque. Las paredes de los vasos consideran intrusos los depósitos de grasa, afines a las bacterias, y piden ayuda al sistema inmune. Entre otras clases de células los monolitos llegan con el objetivo de prevenir la infección, pero terminan provocando inflamación que conduce al bloqueo del vaso sanguíneo.