Pillado árbol cuando se defendía

Trabajo con los árboles. Foto B. Ohse

Trabajo con los árboles. Foto B. Ohse

Es primavera y los jóvenes, delicados vástagos de los árboles se iluminan y reverdecen. Ellos y las yemas son el futuro del bosque al permitir que crezcan los árboles, pero tienen un problema, una amenaza: los corzos que los tienen por dieta, en especial las yemas.

Si tienen suerte, necesitarán unos años más para crecer. En el pero caso, serán árboles atrofiados o tendrán que detener su crecimiento un tiempo.

Los corzos son una amenaza real y pueden obstaculizar la regeneración de muchas especies de árboles frondosos.

Pero los árboles no se quedan quietos, Desean sobrevivir y preparan la lucha contra su gran enemigo.

Al estudiar jóvenes hayas (Fagus sylvatica) y maples (Acer pseudoplatanus), biólogos de Leipzig University y el German Centre for Integrative Biodiversity Research (iDiv) encontraron que son capaces de reconocer cuándo una rama o yema ha sido comida por un corzo o solo se ha roto por el viento u otro mecanismos.

¿Cómo lo logran? La pista está en la saliva de los animales. Son la señal de alerta. Si el corzo se alimenta en el árbol y deja trazas de su saliva, el árbol incrementa la producción de ácido salicílico. Esta hormona, de hecho, avisa a la planta para aumentar la producción de taninos específicos, que inciden sobre el gusto de los corzos y entonces pierden su apetito por esas estructuras de la planta. Además, los arbolitos aumentan la concentración de otras hormonas, las del crecimiento en particular. Con ellas se alienta el crecimiento de los brotes que quedan para compensar los que fueron comidos.

Pero si una yema se quiebra sin la intervención del corzo, el árbol no estimula la producción de ácido ni de taninos. En vez de eso, genera hormonas para las heridas”, explicó Bettina Ohse, cabeza del estudio.

Los científicos llegaron a sus conclusiones al simular el ataque de un corzo y poniendo saliva recogida en el lugar de la herida. Luego analizaron las concentraciones de hormonas y taninos.

¿Funciona así con otras especies arbóreas? Esa es la pregunta que se hacen ahora los autores. El artículo apareció en Functional Ecology.

La rana que se convierte en hielo durante 6 meses

No tienen que mover la nariz ni son víctimas de una bruja. Hay ranas en el ártico que por sí solas se convierten en ¡hielo! En cubos de hielo, para ser más exactos.

Son ranas que sobreviven a temperaturas increíblemente bajas y tras meses en ese estado resurgen victoriosas para la vida.

Se trata de las ranas del bosque Lithobates sylvaticus, conocidas por el superpoder, porque eso es, de congelarse hasta solidificarse en el invierno.

Estas ranas no emigran a zonas más tibias ni se esconden en cavernas para hibernar. Casi que se convierten en estatuas vivientes, congelando su piel, su sangre, el cerebro, algo que mataría la mayoría de los animales.

Y cuando llega la primavera, recuperan la vida y se reproducen como si nada hubiera pasado.

El caso fue analizado en la reunión anual de la Sociedad de Biología Comparativa e Integradora,

La rana, pequeña, vive en los bosques de Alaska y soporta los más crudos inviernos que uno pudiera imaginarse.

Estudios en el occidente medio canadiense o en el sur han mostrado que temperaturas de -7 grados pueden matar aranas. Y un estudio en laboratorio encontró que dos meses de congelamiento son fatales también.

El hábitat de estas ranas se extiende hacia el Círculo Ártico en Alaska y Canadá. Aún abajo del Círculo, su hábitat en Alaska puede permanecer bajo 0 la mitad del año y las temperaturas pueden llegar a -20 grados.

¿Las acaba el invierno? ¿Son más fuertes? Eso fue lo que estudió Don Larson, de la Universidad de Alaska en laboratorio y en su ambiente.

Con su grupo halló 18 ranas que se estaban preparando para el invierno y pusieron sensores en lugares ocultos. Tomaron algunas para encierros en exterior y otras las condujeron al laboratorio para ser congeladas artificialmente.

Las ranas en su medio permanecieron congeladas 193 días en promedio. En esos días los sensores mostraron una temperatura promedio de -6,3 grados y en algunos momentos descendió hasta -18,1. Pese a esas condiciones las ranas sobrevivieron.

¿Cómo lo logran? El secreto parece estar en el azúcar, dijo Larson. Para proteger sus células mientras se congelan usan la sola molécula de azúcar, la glucosa.

Al ‘empaquetar’ sus tejidos con glucosa evita que se sequen demasiado mientras el hielo se cristaliza alrededor de sus células. Y evita que algún hielo se forme dentro de las células,lo que sería letal.

Comparadas con las del laboratorio, las del exterior tenían 10 veces más glucosa en algunos de sus tejidos quizás por el cambio de temperatura del paso del otoño al invierno. Las ranas bombean glucosa tan pronto sienten que se están congelando.

Larson también halló una molécula anticongelante en los tejidos, fuera de las células, las que se unen a los cristales de hielo cuando se forman. Previene que el hielo traspase la membrana celular. Esa molécula ha sido hallada en otros animales y plantas.

Las ranas del estudio se congelaron mucho más de lo que los científicos habían visto antes y cada una despertó en la primavera. Se cree que podrían aguantar condiciones peores.