Un océano en una luna vecina

¿Cuántos océanos tiene la Tierra? La pregunta elemental de geografía de un profesor, podría cambiar un poco en adelante: ¿cuántos océanos hay en el Sistema Solar?

Pues aparte de los de la Tierra, hay otro. Bueno, tal parece. Los últimos análisis de los científicos de las imágenes enviadas por la sonda Cassini, sugieren que debajo de la superficie de la luna Encelado de Saturno, yace un océano, que podría ser salado y, quién quita, poseer las condiciones para que existiese alguna forma de vida.

De esa luna se desprenden chorros de vapor de agua, partículas de hielo y compuestos orgánicos, chorros que fueron hallados hace años. Tras su hallazgo los científicos sugirieron la presencia de un océano subterráneo, pero había un problema: ¿dónde estaba la sal?

En 2009 en otro sobrevuelo de la sonda sobre la luna, el analizador de polvo cósmico encontró la respuesta: halló sal en un lugar sorprendente.

“Las sales de sodio y potasio estaban en las partículas congeladas de los chorros. Y las fuentes de esas sustancias tiene que ser un océano”, dijo Dennos Matson, del Laboratorio de Propulsión a chorro de la Nasa.

Las últimas observaciones de la sonda revelaron otro dato intrigante: las medidas térmicas mostraron fisuras con altas temperaturas, que tienen que deberse a actividad volcánica. El calor debe fluir del interior, derritiendo parte del hielo subterráneo, originando flujos de agua subterránea.

Ese océano fluye a la superficie en forma de burbujas, como cuando se destapa una botella de gaseosa, emergiendo por los chorros en las fracturas existentes.

Para Larry Esposito, de la Universidad de Colorado, Encelado reúne las condiciones para la existencia de vida: “tiene un océano líquido, orgánicos y una fuente de energía. Y sabemos que en la Tierra hay organismos que viven en ambientes similares”.

Encelado fue descubierto en 1789 por William Herschel y su diámetro es de 498 kilómetros.

Foto cortesía Nasa.

Sacando fuego de las entrañas de la Tierra

De esas cosas que podría uno estar desocupado, sentado en cualquier banca mirando por la ventana o al campo y los pensamientos van y vienen. Ideas locas o no tan locas.

Eso podría aplicarse al tema que presenta Unni Skoglund, periodista alemana freelance en Gemini Magazine.

¿Se puede tomar energía del fondo de la Tierra? Allí, bajo los pies de los miles de millones de seres humanos, hay una poderosa fuente de calor. Aunque no lo crea, 99 por ciento del planeta tiene una temperatura de 1.000 grados centígrados o más.

Hasta ahora, apenas se araña la superficie, pero poco a poco el hombre comienza a cavar. O a perforar.

Una sola fracción del calor geotermal, serviría para alimentar las necesidades de todo el planeta, cree Are Luna, investigador en Sintef Materials and Chemistry. Con un ingrediente: no contamina.

Un tercio del flujo de calor proviene del calor original en el núcleo de la Tierra y en el manto (la capa más cercana a la corteza). Los otros dos tercios se originan en la radioactividad de la corteza, en donde sustancias radiactivas continuamente se transforman y generan calor, que es transportado a las capas rocosas más cercanas a la superficie.

Hasta acá, todo bien. Pero… ¿y cómo obtenerlo?

La energía geotermal que proviene de los 150 a 200 metros debajo de la superficie es energía geotermal de baja temperatura. Hoy en día es extraída en distintas partes.

Una compañía noruega, Rock Energy, quiere recoger energía a 5.500 metros de profundidad, en la cual se puede tener agua a 90-95 grados para ser utilizada en plantas de calentamiento.

Pero si se quiere reducir la emisión de CO2 y obtener energía limpia, hay que cavar más hondo. En ese país se creó el Norwegian Centre for Geothermal Eenrgy Research, con universidades, instituciones de investigación y la industria.

La meta: llegar a los 10.000 metros o más. Allí se puede obtener la llamada agua supercrítica con una temperatura de al menos 374 grados y una presión de al menos 200 bares. Eso multiplica por 10 la cantidad de energía que puede ser extraída y la cantidad de energía geotermal producida podría igualar la que genera una planta nuclear.

¿Hasta dónde se ha llegado? Las compañías petroleras han alcanzado los 5.000 metros, donde las temperaturas alcanzan los 170 grados centígrados. Perforar más hondo trae una serie de problemas tecnológicos no resueltos aún, tanto de orden de la perforación en sí como de los materiales empleados.

A esa temperatura el acero se torna quebradizo y el plástico y los componentes electrónicos se derriten.

La industria del petróleo y el gas, tiene ensayos para llegar a los 12.00 metros. Aprender de ellos será una opción válida en busca de la energía geotermal.

Para Luna, en 10 años se tendrían materiales que resistan hasta los 300 grados centígrados. En 25, quizás, para llegar a los 500 grados.

La energía termal además de limpia es democrática en teoría. Debajo de cada país hay calor almacenado, pero la temperatura varía de sitio en sitio debido al grosor de la corteza, que no es uniforme. En latitudes norte, como Noruega, la temperatura aumenta unos 20 grados por kilómetro dentro de la corteza. En otras regiones, pueden ser 40 grados.

¿Será posible? Los sueños, sueños son, pero este tras el viaje de Julio Verne en la segunda mitad del siglo XIX parece acercarse a ser verdad. Pero con calma. Todo a su debido momento.

El calor dispara el asma

Otro problema ante el aumento de la temperatura del planeta: Aunque muchos padres saben que los cambios en el tiempo pueden causar una mayor presencia en los síntomas del asma de sus hijos, un estudio confirma su conocimiento básico.
Investigadores hallaron que si los niveles de humedad en el aire aumentaban en más de diez por ciento o si la temperatura subía más de 5.6 grados centígrados en un mismo día, más niños terminaban acudiendo al departamento de emergencia de un hospital de Detroit por síntomas de asma.
Para Alan Baptist, autor del estudio y director del programa de Asma de la Universidad de Michigan en Ann Arbor, los papás deben estar pendientes de esta situación.
Los hallazgos fueron publicados este mes en Annals of Allergy, Asthma & Immunology.

Qué calor. ¿Sabía que las plantas responden al aumento de la temperatura con una rápida elongación de las yemas y una dramática elevación de las hojas?
Lo que parece tan simple no lo es. Esos cambios vienen acompañados por una reducción de la biomasa y una menor cosecha.

La situación no es sencilla cuando se habla del calentamiento global, que en algunas regiones ha traído cambios bruscos en la temperatura.

Kerry Franklin, del Departamento de Biología de la Universidad de Leicester en el Reino Unido, dirigió un estudio que encontró un solo gen responsable de controlar el crecimiento de la planta como respuesta al aumento en la temperatura.

El hallazgo se realizó en la planta Arabidopsis thaliana, quizás la más estudiada en el planeta. El estudio fue publicado en Current Biology.

Para Franklin, el hallazgo “provee un gran avance en entender cómo las plantas regulan su crecimiento en respuesta a mayores temperaturas, en el plano molecular”.

Con miras a entender lo que sucederá con el cambio global y la manera de reducir los efectos sobre las plantas, el estudio es un paso adelante.

En la foto de la Universidad de Leicester, una planta Arabidopsis thaliana.

¡Encontré comida!

¡Se imagina usted en un restaurante, oler un apetitoso plato y salir a las carreras a avisar dónde está la comida? Eso es lo que hacen los abejorros y abejas rayadas.
El buen polen las calienta. Según biólogos de la Universidad de California en San Diego, cuando encuentran un alimento rico en proteína, lo cual demostraron en dos experimentos por separado.
En ambos casos, los músculos para volar, ya calientes, aceleran el regreso del insecto al nido, permitiéndoles explotar con rapidez el valioso recurso antes de que aparezcan competidores.
Dado que las recolectoras de ambas especies no se comen la proteína sino que se la suministran a las larvas, ese calentamiento debe ser una respuesta de comportamiento antes que metabólica al nutritivo alimento, concluyeron los equipos.
Esta conducta parece ser un rasgo muy antiguo, dado que abejorros y abejas son dos linajes distintos que divergieron hace varios millones de años. Los abejorros, pero no las abejas, reclutan otras recolectoras que les ayuden a reunir la comida, y aún tienen ese calor extra cuando regresan al panal.
En la foto de la universidad se aprecia una abeja frente al jugoso alimento.

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