La huella digital es el rostro

No tiene que colocar las huellas para entrar o para registrarse. Ponga la cara y listo. La próxima cosa en biométrica será una imagen termal que mapee los vasos sanguíneos bajo la piel de la cara y que será prácticamente imposible de falsear.

En una edición próxima del International Journal of Computational Intelligence Studies, un grupo de Jadavpur University en Calcuta, India, explica que el patrón de los vasos debajo de la piel es exclusivo, así como las huellas digitales, el iris u otra característica. Esa ‘red’ puede revelarse con una cámara de imagen infrarroja.

Huellas plásticas se usan para proveerse otra identidad, así como lentes de contacto se usan para simular otro iris, lo cual puede utilizar un impostor para pasar medidas biométricas de seguridad.

Pero sería casi imposible crear una máscara real con el patrón de vasos sanguíneos en el rostro de una persona. Sin importar cuán bien esté hecha, los vasos sanguíneos del falsificador serían detectados por la cámara.

Ayan Seal y colegas desarrollaron un algoritmo que puede analizar la minucia de los vasos revelados por una cámara de infrarrojos en el rostro de una persona. El termograma revela el patrón de esos vasos casi hasta la más pequeña capilaridad con una precisión de más del 97 por ciento. Un nivel suficiente para aplicaciones de alta seguridad.

Y si el reconocimiento de rostros es aceptado por sistemas de seguridad, las imágenes termales llevan este rasgo humano al plano subcutáneo.

Ponga la cara.

Logran que ciegos lean

Por primera vez investigadores proyectaron patrones braille directamente en la retina de paciente ciego permitiéndole leer con precisión palabras de 4 letras de manera rápida con un dispositivo ocular neutroprostético.

El dispositivo, Argus II, ha sido implantado en más de 50 pacientes, muchos de ellos cuales ahora pueden ver color, movimiento y objetos. Todos utilizan una pequeña cámara montada en un par de lentes, un procesador portátil para convertir la señal de la cámara en un estímulo eléctrico, y un microchip con electrodos implantado directamente en la retina.

El estudio fue hecho por investigadores en Second Sight, la compañía que desarrolló el dispositivo y fue publicado en Frontiers in Neuroprosthetics.

“En esta prueba clínica con un solo paciente ciego, omitimos la cámara, que es el suministro usual para el implante y estimulamos así directamente la retina. En vez de sentir el braille en la punta de sus dedos, el paciente pudo ver los patrones que proyectamos y luego leer las letras en menos de un segundo con una precisión del 89%”, expresó Thomas Lauritzen, principal autor del artículo.

Con un concepto similar a los exitosos implantes cocleares, el implante visual utiliza una red de 60 electrodos -adheridos a la retina- para estimular los patrones directamente sobre las células nerviosas. Para el estudio, los científicos usaron un computador para estimular seis de esos puntos en la red para proyectar las letras braille. Luego se hicieron pruebas con letras solas así como palabras de 2 a 4 letras. Al paciente se le mostró cada letra durante medio segundo y tuvo una precisión del 80% en las palabras cortas.

“No hubo corriente diferentes a la estimulación de electrodos y el paciente reconoció las letras braille con facilidad. Esto demuestra que tiene buena resolución espacial dado que pudo distinguir entre señales en sobre electrodos individuales diferentes”, dijo Lauritzen.

Argus II, inicialmente para quienes padecen le enfermedad genética retinitis pigmentaria, ha mostrado que restaura una capacidad limitada de lectura de grandes letras convencionales y palabras cortas cuando se usan en la cámara. Si bien leer puede mejorar con futuras mejoras de Argus II, este estudio muestra que el dispositivo podría ser adaptado para brindar un método alternativo más rápido de leer textos con la adición de un software de reconocimiento de letras.

Foto cortesía Second Sight

Una prótesis permitiría que algunos ciegos vean

La noticia es alentadora y se suma a otras que sobre la restauración de la visión han aparecido en los últimos meses.

Dos neurocientíficos crearon una prótesis que parcialmente devuelve la visión a ratones ciegos, un dispositivo que eventualmente podría beneficiar a los humanos.

Se cree que más de 20 millones de personas en todo el planeta se hacen ciegos a raíz de la degeneración de su retina, ese tejido delgado en la parte trasera del ojo que convierte la luz en una señal neurológica.

Al momento solo se ha aprobado, según un artículo en Nature, una sola prótesis para tratar tal condición: una red de electrodos implantados quirúrgicamente que estimulan el nervio óptico y les permite a los pacientes discernir bordes y letras. Sin embargo no pueden reconocer rostros ni ejecutar muchas tareas de la vida diaria.

Sheila Nirenberg, fisióloga de Weill Medical College en Cornell University en Nueva York cree que el problema se debe en parte a la codificación. Aunque la retina es tan delgada como una hoja de papel, contiene varias capas de nervios que parecen codificar la luz en señales neurológicas. “ La cosa es, nadie conocía el código”. Sin él, cree, ninguna prótesis podría crear imágenes que el cerebro reconozca con facilidad.

Con su estudiante Chethan Pandarinath, desarrolló un código y un dispositivo que lo usa para restaurar algún tipo de visión en ratones.

El dúo comenzó inyectando células nerviosas en las retinas de los ratones mediante un virus modificado genéticamente, alterado para insertar un gen que hace que las células produzcan una proteína sensible a la luz que normalmente se halla en algas. Cuando un rayo de luz llega al ojo, la proteína activa las células para enviar una señal al cerebro realizando una función similar a las células de conos y bastones sanas.

Aunque eso lo habían intentado otros, este par no enviaron las señales visuales al ojo, sino que las procesaron usando un código que desarrollaron observando cómo una retina normal responde al estímulo. Tras recibir el impulso codificado, los ratones pudieron seguir tiras móviles, lo que no eran capaces antes.

Los investigadores analizaron luego las señales neurológicas que producían los ratones y utilizaron un código diferente para deducir qué veía el cerebro.

La imagen codificada era más clara y más reconocible que la no codificada.

Nirenberg espera probar pronto el sistema en personas. La codificación es lo suficientemente simple para ser hecha en un microchip, que con una pequeña videocámara podrían caber en unos lentes.

La cámara grabaría una señal y el codificador la irradiaría a las células nerviosas del ojo modificadas genéticamente.

Si sirve, la técnica es tan sencilla que podría implementarse en un consultorio médico.

“Lo probaremos en pacientes en uno o dos años”.