¿Cuánto se han desplazado los polos de la Tierra?

Una expedición inició ayer la medición en la Antártica

 

Nada es eterno en el mundo: dos científicos iniciaron ayer un viaje a la Antártica para continuar con una tradición que lleva 100 años; registrar el campo magnético de la Tierra, un registro que comenzó el explorador británico Robert Scott al comienzo de su mortal expedición al Polo Sur.

¿Para qué mantener la tradición? Este registro es necesario dado que los polos magnéticos se desplazan debido a la compleja circulación de los fluidos de la corteza exterior del planeta. Durante el siglo pasado, ambos polos magnéticos se han estado moviendo al noroeste: el Polo Norte de Canadá hacia Siberia a un ritmo de 60 kilómetros por año, y el Polo Sur hacia Australia a unos 10 a 15 kilómetros anuales.

“Es un ritmo sorprendente”, dijo en Nature Stewart Bernie, del GNS Science en Avalon, uno de los dos científicos que inició el viaje ayer.

Se cree que este movimiento sea un rasgo normal de la oscilación magnética de la Tierra y podría cambiar en cualquier momento.

Las mediciones precisas sobre el terreno de ese campo magnético se usan para ayudar a calibrar las medidas de satélites y los modelos globales de información, tal como el World Magnetic Model, que es utilizado por la Otan y los departamentos nacionales de defensa. Este modelo se actualiza cada 5 años. La actual versión va hasta 2014.

Unos 100 observatorios alrededor del globo toman las mediciones de manera regular, y las naciones las complementan con trabajo de campo: Nueva Zelanda, por ejemplo, ha tomado sus medidas en el campamento de Scott en la Antártica cada 5 años desde 1957, el sitio más inhóspito donde se hacen las mediciones.

Tony Hurst y Bennie tomarán los datos en dos sitios, el primero en Lake Vanda en los valles secos de la Antártica, donde casi nunca cae nieve. “Es un escenario increíble, donde no hay suelo solo rocas y piedras y focas momificadas”, dijo Hurst, quien ya estuvo allí.

Luego visitarán Cape Evans, donde el campamento de Scott aún existe.

Un teodolito magnético les permitirá medir el ángulo del campo magnético, tanto paralelo como perpendicular al piso, este último llamado dip (inclinación), es 90 grados hacia el polo mismo donde las líneas del campo magnético van derecho hacia el piso.

El campo magnético del planeta ha estado declinando desde los años 1800, quizás por coincidencia o quizás como precursor de un cambio de los polos de acá a unos miles de años.

La medición toma alrededor de una hora, pero lo harán todo el día debido a la leve oscilación por la rotación de la Tierra y el efecto del Sol.

Aunque los satélites pueden realizar la medición, solo unos pocos son capaces.

Las mediciones sobre el piso, recuerda Hurt, son sin embargo muy importantes por la necesidad de calibrar los satélites.

En la foto, el campamento de Scott en la Antártica. Cortesía NGS

¿Podemos percibir los campos magnéticos?

Las aves en el aire lo hacen y, en el fondo del mar, las tortugas también. ¿Qué será? ¿Lo hace el ser humano sobre la superficie terrestre?

Aves y tortugas se orientan por el campo magnético de la Tierra, pero no se cree que las personas tengan esa capacidad..

Una investigación publicada esta semana en Nature Communications por la Escuela de Medicina de Harvard muestra que una proteína expresada en la retina humana puede sentir el campo magnético cuando se implanta en la mosca Drosophila, lo que reabre el tema de la biología sensorial para una mayor exploración.

En distintos animales migratorios, la flavoproteína criptocroma juega un papel en la capacidad de sentir el campo magnético. En aquellas moscas se ha mostrado que funciona como sensor magnético dependiente de la luz.

Científicos eliminaron esa proteína de la mosca, insertándole la proteína humana criptocroma 2. Luego determinaron que con ella, las moscas eran capaces de sentir y responder a un campo magnético generado con electricidad y lo hicieron de manera dependiente de la luz.

Esto demuestra que aquella proteína humana tiene la capacidad molecular para actuar en un sistema sensor magnético, lo que ayudará a investigar más el campo de la magnetorrecepción en humanos.

¿Será que sí?

2011: Odisea en Mercurio

Este jueves la sonda Messenger se insertará en la órbita del cercano y pequeño Mercurio, un planeta que nunca había contado con un visitante terrestre tan cercano. Messenger lo estudiara durante un año.

Mercurio es un misterio entre los planetas rocosos. Es el más pequeño de los planetas del Sistema Solar, con una de las superficies más antiguas y una variación extrema de temperatura, pese a su cercanía al Sol. Es también uno de los menos explorados, pues naves sólo ha habido de paso, como la Mariner 10.

Entender Mercurio es vital para quienes estudian cómo se formó y evolucionó el Sistema Solar.

“Esperamos encontrar la composición mineral de la superficie con la identificación de las bandas espectrales y la modelación de los resultados”, expresó Ann Sprague, investigadora de la Universidad de Arizona.

Uno de los misterios que se espera resolver es el campo magnético del planeta. Con apenas un diámetro algo más grande que el de la Luna (cerca de 4.800 kilómetros) debería tener un núcleo sólido. Sin embargo, la presencia de un campo magnético sugiere que el interior permanece parcialmente derretido.

Al carecer de atmósfera, Mercurio está rodeado por una exosfera: una región delgada e invisible que contiene átomos e iones, que es generada por los vientos solares cargados de partículas que llueven sobre la superficie.

Messenger llegó a Mercurio hace dos años, pero lo sobrevoló varias veces en las maniobras de disminución de velocidad para la inserción. La nave ha viajado 7.879 millones de kilómetros desde su lanzamiento en agosto de 2004.

Mercurio: la aventura comienza.

Foto cortesía Nasa.

Gire, gire como un loco

Magnetar. Volvamos con estos objetos. Son estrellas que se resisten a morir. Y qué cifras tan sorprendentes las que los conforman. En un diámetro de 10 a 30 kilómetros contienen la masa del Sol, resultado de estrellas masivas que al agotar su combustible colapsaron y formaron estrellas de neutrones (una cucharada puede pesar lo mismo que una cadena de montañas).
Estos cuerpos giran. Y se conocen cinco de un tipo denominado Repetidores de Rayos Gamma Suaves, que emiten en esa longitud de onda y cuyo campo magnético es una 1.000 veces más poderoso que el de las otras estrellas de nuetrones. Mediciones con la sonda Newton revelaron que el denominado SGR 1627-41gira una vez sobre sí cada 2,6 segundos, el segundo magnetar que más rápido gira.
Qué cantidades tan sorprendentes. En la imagen de la Agencia Europea del Espacio se observa el objeto medido. Hay cuatro conocidos en la Vía Láctea y uno en la Gran Nube de Magallanes, una galaxia vecina.

Será que nos ahogamos…

Aunque no lo crea: continuamente, de la Tierra, está escapando oxígeno hacia el espacio exterior. Las mediciones fueron realizadas por el satélite Clúster, de la Agencia Espacial Europea.
El oxígeno escapa por los polos, en la dirección del campo magnético terrestre. Y pensar que hasta hace unas pocas décadas, los científicos creían que ese campo estaba lleno solo de partículas provenientes del viento solar.
La pregunta lógica sería: ¿bueno, entonces qué pasará: se nos acabará el oxígeno?
Los niveles actuales no son preocupantes. Comparado con las existencias del gas que permite la vida en la Tierra, el escape es despreciable. Los científicos creen, sin embargo, que algún día cuando el Sol esté más viejo, el balance se rompería y escaparía más oxígeno. ¿Cuánto? No se sabe aún. Se necesitará más trabajo al respecto.
La ilustración cedida por la ESA (la agencia espacial) muestra los elementos que escapan al espacio.

12