Un huevo que nadie fritó

No hubo tiempo de que naciera, tampoco de fritarlo. No se puede hablar tampoco de huevos revueltos. Científicos encontraron un huevo de hace 70 millones de años en los depósitos pétreos de los Pirineos catalanes en España.

Se cree que fue puesto por un pequeño dinosaurio terópodo come carne, con algunos rasgos de ave, habiendo llamado la especie Sankofa pyrenaica.

Un análisis de huevos de dinosaurios y aves reveló que el huego de Sankofa es de una forma intermedia entre los de los dinosaurios, que tienden a ser oblongos y simétricos y los huevos de aves modernas, que son asimétricos hacia los extremos.

Una mirada más detenida de la estructura del caparazón, sin embargo, mostró que difiere de los de las aves modernas al poseer solo dos capas, como otros huevos de dinosaurios, y no tres capas.

“El análisis pone estos nuevos huevos fósiles en una especie de transición entre las aves modernas y los pequeños dinosaurios que se alimentaban con carne”, según Darla Zelenitsky, de University of Calgary, citada por Wired Science.

El huevo tiene forma oval como una lágrima. No se han hallado otros similares según los investigadores.

El estudio apareció en el journal Paleontology.

Foto cortesía del huevo hallado

Conchudos: tortugas transportan decenas de animales

Uno de los últimos ecosistemas descubiertos en el mundo, uno en especial que camina lento es un viejo conocido de la humanidad: la tortuga.

“Es extraño pensar en ella como un ecosistema”, dice Amanda Feuerstrin, investigadora del Museo de Historia Natural Smithsoniano. “Pero lo son”.

Aunque resulte difícil de digerir, llevan en su caparazón y en su piel una amplia variedad de animales.

Sobre las tortugas se encuentran crustáceos, moluscos, algas y otros organismos marinos en las tortugas Olive Ridley tortugas verdes del Pacífico.

Durante tres años examinó con colegas la caparazón, el cuello y las aletas de tortugas hembras, documentando esos organismos, conocidos como epibiontes.

Se encontraron 16 especies asociadas, incluyendo cangrejos, rémoras, sanguijuelas y una variedad de cirrípedos. La mayoría son epibiontes obligados o sea que sólo se encuentran encima de las tortugas y en ningún otro sitio.

En comparación con sus similares del Atlántico, las tortugas del Pacífico son muy limpias. Las del Atlántico cargan hasta 90 especies de epibiontes.

No se sabe porqué las del Pacífico tienen menos.

“Durante años consideramos que los epibiontes eran polizontes no nocivos para las tortugas”, según Eric Lazo-Wasem, del Museo Peabody.

“Los cirrípedos en alto número pueden provocar un lastre importante para ellas. Algunos se adhieren tanto a la piel que pueden atravesarla. Y se sabe que las sanguijuelas pueden transmitir enfermedades.

Un ecosistema que viaja sin afanes.

En la foto, crustáceos que viven sobre las tortugas, cortesía Museo Peabody.