Pájaros amenazados tienen alas más grandes

Imagínese: vive usted en un territorio repleto de maleantes fortachones que amenazan a todo el que se le atraviese. En unos años, los descendientes suyos serán más grandes, para poder arreglárselas con los malandrines. ¿Un sueño estúpido?

Eso no dicen la golondrina ni el carbonero, aunque el cuento no es el mismo. De todas maneras muestra cómo es de increíblemente complejo y sorprendente el mundo que nos rodea.

Las hembras que están expuestas a los depredadores mientras ovulan, producen descendientes más pequeños, según hallaron investigadores. Los polluelos pueden ser más pequeños, pero sorprendentemente sus alas crecen más rápido y largas que aquellos de madres no expuestas a la amenaza, una adaptación que puede ayudarles a evitar mejor los depredadores.

Tal parece que la sola presencia de un depredador puede cambiar el comportamiento de las posibles presas. Diversos estudios han mostrado que las aves a las que se les muestran depredadores con frecuencia aumentan sus defensas en el nido e impulsan a sus hijos a salir más rápido de él quizás para evitar ser víctimas fáciles del atacante.

Un nuevo estudio sugiere que además del comportamiento, puede modificarse la fisiología.

En un estudio previo en 2005, se encontró que cuando a las hembras de la golondrina (Hirundo rustica) se les presentaban modelos de depredadores, sus huevos contenían más corticosterona, la hormona del estrés, que hacía que eclosionaran más pronto y los polluelos fueran más pequeños. No se sabía si se debía a los efectos negativos del estrés o a una respuesta adaptada para ayudar a los descendientes a enfrentar mejor la intensa presencia de depredadores.

Ahora, Michael Coslovsky y Heinz Richner, ecólogos evolutivos de la Universidad de Berna en Suiza estudiaron una población natural de carboneros comunes (Parus major) que anidaban en los bosques de Bremgartenwald cerca de Berna. Los científicos expusieron los pájaros a modelos y a sonidos de audio del depredador, el halcón Accipiter nisus, o bien a canciones del zorzal común Turdus philomelos, que no los ataca. Dos días después, esas hembras pusieron sus huevos, los jóvenes fueron recogidos y colocados al cuidado de padres en bosques no manipulados. Todos los descendientes fueron monitoreados y marcados para su estudio.

Coslovsky y Richner reportaron en el journal Functional Ecology que los descendientes de las madres expuestas a depredadores eran universalmente más pequeños que los de las que no fueron expuestas, justo antes de que tuvieran plumas. El tamaño del plumaje tiene conexión con la supervivencia futura.

El dúo halló también que el crecimiento de las alas difería en los dos grupos: las de madres expuestas a la amenaza crecieron más rápido y una vez maduraron, esas alas eran unos 1,8 milímetros más largas que las de los otros pájaros, una pequeña pero significativa diferencia para el desempeño en el vuelo.

En la foto, un carbonero común.

Cuando el hambre acosa, el pajarito hace lo que sea

Cuando los tiempos son difíciles, cualquier hueco es trinchera. El dicho popular puede aplicársele al pequeño pájaro carbonero común (Parus major) que mide unos 14 centímetros.
Al escasear los recursos cuando la nieve oculta los campos, se dedica a cazar y comer… ¡murciélagos! Así lo reportaron investigadores del Max Planck Institute de Alemania.
Se trata de una familia nada común. En los años 40 se había comprobado la capacidad de un familiar suyo, el Cyanistes caeruleus, otro paserino, para abrir la tapa de aluminio de las botellas con leche que dejaban en los portillos los lecheros.
Ahora, durante observaciones realizadas por 21 días en dos inviernos, se observó 18 veces el vuelo de carboneros hacia una cueva al nordeste de Hungría para buscar comida y alimentarse del murciélago Pipistrelle común ( Pipistrellus pipistrellus) que hiberna allí.
Con la pequeña luz que ingresa, estos pájaros son capaces de orientarse y penetrar a la caverna, guiándose quizás por el sonido que hacen los animales en hibernación, para encontrar sus presas.
A los pájaros les toma unos 15 minutos desde que ingresan a la caverna en busca de murciélago y en ocasiones salían con él entre el pico para comérselo en un árbol del vecindario.
Se trata de una conducta adaptada. Cuando los investigadores colocaron semillas de girasol y tocino a la entrada de la cueva, sólo uno continuó en busca de un murciélago para alimentarse.
Y parece que el comportamiento es pasado de generación en generación. Peter Estok, primer autor del estudio, había visto hace cerca de 10 años un pájaro que salía de la caverna con un murciélago. Foto cortesía Dietmar Nill