¿Llegó vida de otros mundos?

¿Hay vida en otros mundos? Una posible respuesta vino desde el cielo el 29 de diciembre de 2012 cuando un meteorito rasgó el cielo y cayó en la provincia de Polonnaruwa en Sri Lanka, reportándose un fuerte olor a brea o asfalto.

En los días siguientes la policía reunió varios pedazos de esa piedra y los envió al instituto de investigación médica en Colombo. Tras notar rasgos llamativos, los oficiales enviaron las muestras a astrobiólogos de la Universidad de Cardiff en el Reino Unido.

Los exámenes arrojaron resultados sorprendentes: las piedras contienen estructuras biológicas fosilizadas, fundidas en la matriz rocosa, descartándose la posibilidad de contaminación terrestre según los investigadores.

Jamie Wallis y colegas recibieron 628 fragmentos recogidos de los arrozales donde cayeron, pero solo identificaron 3 como posibles componentes del meteorito.

Una piedra tenía una densidad de menos de 1 gramo por centímetro cúbico, menos que todos los meteoritos carbonáceos, tenía una corteza parcialmente fundida, evidencia de calentamiento atmosférico, más de 4% de carbono y abundantes compuestos orgánicos con alto peso molecular, algo desconocido en meteoritos, por lo que Wallis cree que pudo tratarse de un pequeño cometa.

Pero las estructuras halladas en imágenes de microscopio de electrones. Se aprecia un microfósil rico en carbono de unos 100 micrómetros que semeja un grupo de algas dinoflageladas ya extinguidas.

Otra imagen, dijeron, revela flagelos bien preservados, de unos 2 micrómetros de diámetro y 100 de largo. Muy largo y delgado según estándares terrestres, lo que se interpreta como evidencia de formación en un ambiente de bajas presión y gravedad.

Los hallazgos comienzan a generar controversia. ¿Son reales? ¿De dónde provienen en realidad? ¿Fueron producto de un rayo sobre una roca terrestre? ¿Provino la roca de un antiguo impacto de un gran meteorito que envió rocas terrestres al espacio hace millones de años?

Para el grupo de Cardiff el hallazgo refuerza la hipótesis de la irrigación cometaria de la vida.

Lo que es seguro es que el trabajo del equipo de Cardiff pondrá a trabajar y a pensar a la comunidad científica.

En la foto, contenido microscópico del meteorito.

Mascar chicle aumenta el rendimiento

Él lo hace, tú lo haces, todos lo hacemos. Mascar chicle parece un hábito algo ridículo, pero se acá y se hacía en Grecia, donde los antiguos griegos mascaban la resina de un árbol para endulzar el aliento. (¿Será que Sócrates filosofaba mascando chicle?)

Estudios se han hecho sobre el tema en distintos momentos. Pareciera que existe un poderoso y muy racional motivo para mascar la goma: acrecienta el desempeño mental sin efectos colaterales.

Jonah Lehrer trae en Wired un recuento de las conclusiones obtenidas por algunas de las investigaciones.

El último trabajo proviene de investigadores de St. Lawrence University. Un experimento con 159 estudiantes les exigía cumplir algunas tareas. La mitad comía chicle, la mitad de ellos dulce la otra libre de azúcar. En 5 de 6 tests, los que mascaban goma tuvieron mejor desempeño. El azúcar no tuvo efecto alguno.

Ahora: la ventaja solo duró 20 minutos. Tras ese lapso, el rendimiento se emparejó. ¿Por qué?

O sea: si usted tiene que presentar una prueba en la universidad, guarde la goma de mascar para la parte más dura, sobre todo las preguntas más difíciles. Recuerde que el efecto es corto.

Hace varias semanas, científicos de Coventry University detectaron que quienes mascaban chicles de menta tenían menor sensación de sueño y también estaban menos exhaustos según el test pupilográfico. Cuando mascamos chicle ganamos en atención y alerta.

En otro estudio de Cardiff University con 133 voluntarios, algunos comienzo chicle otros no, se encontró que quienes lo mascaban tenían tiempos de reacción más cortos y parecían tener mejor humor. En pruebas de estrés tenían más nivel de cortisol y mayor frecuencia cardiaca. La respuesta era mejor.