Échele ojo al acetaminofén

Ojo con el acetaminofén. Muchos lo prefieren sobre la aspirina y en condiciones normales, cuando se trata de tratamientos cortos, no importa tanto. Pero si hay ciertos estados cardiacos…

Un informe de Harvard Medical School cita un reciente estudio suizo que revela que ese medicamento no sería tan inofensivo.

Muchos lo ingieren como alternativa sana a la aspirina y las drogas antiinflamatorias no esteroides (AINE) como el ibuprofeno, pero el grupo suizo en un estudio pequeño encontró efectos del acetaminofén en la presión arterial de quienes padecen enfermedad arterial coronaria, lo que incluye aquellos con angina (dolor de pecho con el ejercicio o el estrés) y quienes han sido sometidos a bypass o angioplastia. También entre quienes han sido diagnosticados con obstrucción arterial por el colesterol.

Tras la retirada de Vioxx del mercado en 2004, los analgésicos quedaron en la picota excepto el acetaminofén, por lo que pudo haber un mayor uso.

Esta droga sienta mejor al estómago que la aspirina y otros antiinflamatorios no esteroides y es quizás una buena opción para quienes toman warfarina. Pero como es tan usada y percibida como segura se toma sin pensar en sus consecuencias, por ejemplo problemas del hígado y rechazo de órganos trasplantados.

Si usted tiene enfermedad cardiovascular, está bien que tome acetaminofén antes que un AINE para una fiebre, dolor de cabeza u otro problema ocasional, pero si necesita calmar todos los días el dolor de la osteoartritis o la artritis reumatoidea no es una mejor opción que un AINE y puede elevar la presión.

Una ventaja adicional para la sandía

¿Sandía contra la hipertensión? Tal parece, en un nuevo estudio que aporta pruebas para lo que podría ser una ayuda natural contra ese problema que desencadena en enfermedad cardiovascular.

La sandía es dulce, baja en calorías, tiene alto contenido de fibras y es rica en nutrientes y ahora científicos de Florida State University sugieren que puede ser útil contra la prehipertensión.

Arturo Figueroa y Bahram H. Arjmandi, profesores, encontraron que cuando seis gramos del aminoácido L-citrulina/L-arginina de un extracto de la sandía era administrado durante seis semanas, mejoraba la función arterial y disminuía la presión sanguínea en la aorta en nueve personas prehipertensas de 51 a 57 años.

¿Por qué? Figueroa explicó que es una fruta rica en L-citrulina, cercanamente relacionada con L-arginina, el aminoácido requerido para la formación de óxido nitroso, esencial en la regulación del tono vascular y la presión sanguínea saludable.

Una vez en el cuerpo, L-citrulina es convertida en L-arginina. Si fuera ingerida como suplemento, provocaría náuseas, diarrea y malestar gastrointestinal. Pero en la sandía es bien tolerada.

Los hallazgos fueron encontrados en American Journal of Hipertensión.

Las gaseosas harían envejecer

Así lo sugiere un estudio presentado en el Faseb Journal.
El alto contenido de fósforo en las bebidas saborizadas o gaseosas, como también en las comidas procesadas podría agregar un ¡pop! extra a lo que se tenía por sentado: investigadores encontraron que puede incrementar la prevalencia y severidad de complicaciones relacionadas con la edad, como enfermedad crónica del riñón y la calcificación cardiovascular. También puede inducir atrofia severa de la piel y los músculos.
“Los humanos necesitan una dieta sana y mantener el balance de fosfato en la dieta puede ser importante para una vida y una longevidad sanas”, dijo M. Shawkat Razzaque, de Harvard School of Dental Medicine. “Evite la toxicidad del fosfato y disfrute una vida sana”.
“Las gaseosas son el vehículo de entrega de cafeína que eligen millones de personas en todo el mundo, pero viene con el fósforo como pasajero”, expresó Gerald Weissmann, editor de Faseb. “Esta investigación sugiere que nuestro balance de fósforo influye en el proceso de envejecimiento”.
En el estudio con ratones se determinaron efectos tóxicos de los fosfatos, pudiendo ser igual en otros mamíferos, incluidos los humanos.

No, esa barriga no se reduce así de fácil

No es un tema estrictamente científico, pero sí de la lógica que a veces se ausenta en el momento de invertir.
Si se lamenta por su barriga mientras ve en televisión unas personas de cuerpo escultural haciendo ejercicio con aparatos que prometen convertir esos “rollitos” en unos firmes abdominales, podría surgirle la pregunta: ¿debería yo hacer lo mismo?
Primero: No todas las máquinas de los anuncios son iguales. Algunas son engañosas y otras funcionan de verdad. Pero centrarse en una sola zona, como el abdomen medio, no es aconsejable para ponerse en forma o perder peso.
“Estos anuncios transmiten al público la falsa noción de que es posible reducir (la grasa) en un punto concreto”, indicó Jessica Matthews, del Consejo Estadounidense de Ejercicio (ACE por sus siglas en inglés), una organización sin fines de lucro. “La investigación ha demostrado que ése no es el caso”.
Dos: Un buen programa incluye trabajo cardiovascular y ejercicios de fuerza en todos los grupos musculares, no sólo los abdominales.
¿Y esos sonrientes y fornidos hombres de los anuncios de televisión?
“Las publicidades dicen que para lograr unos abdominales ideales, es necesario pasar 10 minutos al día utilizando este equipo”, dijo. “Esa gente no está haciendo sólo 10 minutos al día”, sostuvo.
La experta se refirió a un estudio encargado por el ACE, que concluyó que no hay que comprarse una máquina para reforzar los abdominales y demostró que algunas no eran más efectivas que los ejercicios tradicionales y que otras eran mucho menos útiles.
El estudio también señaló que unos abdominales fuertes son buenos para la salud a largo plazo, para mantener una buena postura y aliviar el dolor de la parte inferior de la espalda, por lo cual, si un aparato llama especialmente la atención, quizás valga la pena comprarlo.
Henry Williford, experto del Colegio Estadounidense de Medicina Deportiva, ofreció varios consejos para evaluar los anuncios.
“Términos cualitativos como el aumento del tono muscular no significan nada. En el laboratorio podemos medir la grasa corporal y la composición del cuerpo, pero no hay forma de medir el tono muscular, así que no hay forma de calcularlo”, indicó.
Además, no hay pruebas para comprobar que un aparato hará perder centímetros de circunferencia al cliente.
“No tienen ningún dato. ¿A dónde van los centímetros? Utilizan mucho esa clase de afirmaciones”, comentó. “Entonces le dicen a la gente que un ejercicio de baja intensidad quemará la grasa. Bueno, no importa si se quema grasa o no. Lo importante es quemar calorías“, explicó.
Sin embargo, hay que tener cuidado con lo que se compra. Hasta Williford, fisiólogo e investigador de la Auburn University, en Montgomery, ha caído en la trampa.
“Hicimos una evaluación de esas pelotas de ejercicio acerca de las cuales hacen todo tipo de afirmaciones”, dijo. “Así que encargamos la pelota. Pero según la letra chica, también habíamos comprado un nuevo DVD al mes durante un año”, agregó.
Entonces, ¿cuál es el secreto de esos abdominales que vemos en televisión?
“Para ser sincero, muchos están alterados con Photoshop”, dijo Williford.

Bueno, ¿y cuánto pescado debo comer?

Que coma esto, que se tome lo otro. Que así andará mejor su salud. Todo eso es válido, pero, ¿cuánto me hace bien?
En el caso de los ácidos grasos Omega-3, la recomendación parece clara: 200 miligramos al día.
Un estudio en hombres, publicado en Faseb Journal, permitió establecer que 200 mg de ácido docosahexaenoico es justo la cantidad que se necesita para proteger contra la enfermedad cardiovascular en hombres sanos.
Con esa cantidad se afectan los marcadores bioquímicos que predicen con mayor confianza los problemas cardiovasculares, como los relacionados con el envejecimiento, la aterosclerosis y la diabetes.
En el estudio, Michel Lagarde, coautor, y colegas, suministraron a 12 machos dosis de 200, 400, 800 y 1.600 miligramos diarios del ADH durante dos semanas. Ellos tenían de 53 a 65 años de edad.
Tras eso se examinaron los marcadores y determinaron que 200 miligramos estaban bien. Lo que sigue será ampliar los estudios con más personas para corroborar y reafirmar los hallazgos.
Estos ácidos grasos se encuentran en alta proporción en los tejidos de ciertos peces, por regla general el pescado azul, así como en algunas fuentes vegetales, tales como la semilla del lino y las nueces.

Camino a un ataque al corazón

Alcohol. No solo es cuánto se bebe, sino cómo. Bueno, al menos tratándose de problemas para el corazón.
Investigadores identificaron el mecanismo preciso por el cual la forma como se bebe contribuye a los coágulos en las arterias que derivan en ataques al corazón y a los derrames, según un estudio publicado en Atherosclerosis.
La investigación aporta nuevos datos a la creciente evidencia de que los patrones de bebida importan tanto, sino más, para el riesgo de enfermedad cardiovascular que la cantidad total ingerida.
Un exceso es considerado como ingerir cinco o más tragos para los hombres y cuatro o más para mujeres en dos horas.. Existen varios estudios que sugieren que un patrón irregular de beber en exceso dobla el riesgo de un ataque al corazón, pese a que se considera que beber con moderación reduce el riesgo (el llamado efecto del vino tinto).
Las bebidas alcohólicas contienen etanol, que es convertido en acetaldehído en el cuerpo humano. Sus niveles permanecen altos durante varias horas tras beber en exceso. Esos altos niveles de acetaldehído hacen que un tipo importante de células inmunes, los monolitos, se adhieran más a los vasos sanguíneos, un paso para el inicio de la enfermedad aterosclerótica.
En el pasado, se creía que la aterosclerosis se desarrollaba cuando el colesterol atascaba las arterias con depósitos grasosos denominados placas. Cuando los vasos sanguíneos se obstruían del todo, se presentaban los infartos. Ahora la mayoría de los expertos creen que la reacción del sistema inmune del cuerpo, más que la acumulación misma, origina el riesgo de ataque. Las paredes de los vasos consideran intrusos los depósitos de grasa, afines a las bacterias, y piden ayuda al sistema inmune. Entre otras clases de células los monolitos llegan con el objetivo de prevenir la infección, pero terminan provocando inflamación que conduce al bloqueo del vaso sanguíneo.

Fume para que le crezca

Fumar es un placer… mortal. Tanto que se habla del cigarrillo, estudios van y vienen. Esto es lo último: La exposición prolongada al humo del cigarrillo puede incrementar los niveles de norepinephrina y unas enzimas en el corazón que tienen el potencial de reformar el ventrículo izquierdo, dice el estudio de la Universidad de Illinois en Chicago.
Con ratas como modelo, cinco semanas de exposición al humo del tabaco fue asociado con la activación de ciertas enzimas que gobiernan el crecimiento y la supervivencia del músculo del corazón. La activación de las enzimas puede ser un evento clave en el daño que el cigarrillo provoca en el corazón, informó Mariann Paino, profesora en esa universidad y directora de la investigación.
Se cree que la enfermedad del corazón probablemente se desarrolla como resultado de interacciones complejas entre varios elementos presentes en el humo del cigarrillo.
Piano indicó que el cigarrillo tiene cerca de 4.000 químicos distintos, uno de ellos la conocida nicotina, pero la influencia de esta en los eventos cardiovasculares es aún motivo de discusión.

Vitaminas y corazón no se ayudan mucho

Suplementos vitamínicos siguen cuestionados. No es que no sirvan, pero quizás no para lo que se dice. Ni los suplementos de vitamina C ni de E reducen el riesgo de eventos cardiovasculares serios, según un estudio publicado en el Journal of the American Medicine Association.
Aunque la mayoría de los adultos en países como Estados Unidos ingieren suplementos, su uso no parece tan eficaz. Estudios previos sugerían que la vitamina E tendría un efecto en la prevención de problemas cardiovasculares. Y otros hablaban de la vitamina C para disminuir el riesgo de problemas coronarios.
Howard Sesso y colegas analizaron los efectos de tales vitaminas en más de 14.000 médicos mayores de 50 años y con bajo riesgo de enfermedad cardiovascular al comienzo del estudio en 1997. Tras los análisis, concluyeron que no existen evidencias de su beneficio en cuanto a la reducción del riesgo de eventos del corazón.

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