Termita-bomba explota para matar rivales

Un claro ejemplo de animales suicidas, verdaderos kamikazes que activan bombas fue encontrado en las selvas de la Guyana francesa. Y aunque no se trata de una amenaza apra las personas, para sus depredadores sí.

Se trata de un insecto bomba: una termita. Sí, así como se lee.

Científicos que rastreaban en esas selvas para estudiar las terminas, notaron unas manchas azules en el lomo de los insectos en uno de los nidos.

Sorprendidos, uno de los investigadores tomó un forceps para capturar una de las termitas y…¡explotó! Las manchas azules, se descubrió, contienen cristales explosivos. Se encuentran solo en la parte posterior de las termitas más viejas de la colonia.

Estas realizan misiones suicidas para proteger las más jóvenes del nido.

Luego de la observación, el grupo realizó estudios con las termitas Neocapritemes taracua y descubrió que aquellas con las manchas azules explotaban durante los encuentros con otras especies de termitas o con depredadores más grandes.

Los investigadores presentaron sus hallazgos en Science y revelaron que las secreciones liberadas durante la explosión mataban o paralizaban sus oponentes. Si los científicos removían los cristales, las secreciones dejaban de ser tóxicas.

En el laboratorio, los científicos liderados por Robert Hanus de la Academia de Ciencias de la República Checa en Praga analizaron que las terminas azules tenían mandíbulas más cortas indicando que eran más viejas. Cuando removieron el contenido de las manchas azules, encontraron qye contenían una novedosa proteína inusualmente rica en cobre, sugiriendo que se adhiere al oxígeno. En vez de ser toxica por sí misma, probablemente es una enzima que convierte una proteína no tóxica en una tóxica.

“Lo que sucede cuando las termitas explotan es que el contenido de los sacos azules interactúan con las secreciones de la glándula salivar y la mezcla es lo que la hace tóxica”, dijo Hanus.

Es la primera vez que dos químicos que interactúan, explicó, han sido vistos responsables del mecanismo de defensa en termitas.

Se sabía de hace tiempo que muchos insectos sociales cambian roles en la colonia al envejecer. Y se conocía que cierto número de termitas explotaban, liberando un fluido pegajoso sobre su ponente, pero el explosivo estaba en su cabeza y las que realizaban las misiones eran termitas de la casta de los soltados, no obreras ancianas.

Dado que N. taracua tiene soldados, es sorprendente observar obreras explotando, dijo Hanus.

Una colonia organizada con base en al edad. Sorprendente.

Foto cortesía R. Hanus

Descubren secreto de la hormiga supersoldado

No podría ser mejor la alternativa: si nos atacan, hacemos superhéroes, si no, pues somos común y corrientes. Eso es lo que se acaba de encontrar en uno de los insectos más sorprendentes: las hormigas.

Un género entero de hormigas que comprende más de 1.000 especies, tienen la capacidad oculta de producir supersoldados, hormigas-soldado más grandes que un soldado-hormiga normal y que pueden defender el nido contra invasores

Todo lo que se requiere es un baño con una hormona, revelaron científicos en Science.

Solo se conocen unas pocas especies del género Pheidole que producían supersoldados para detener hormigas invasoras, bloqueando la entrada a los nidos con sus enormes cabezas. Solo se han visto en 8 de más de 1.100 especies Pheidole. El nuevo estudio indica que todo el género tiene el potencial de crear esta casta de obreras guerreras.

Esas 8 especies solo se hallan al suroccidente de Estados Unidos y en el norte de México. Ehab Abouheif, biólogo de McGill University en Canadá, detectó algunos individuos gigantes en colonias de una novena especie, Pheidole morrisi, de Nueva York.

“Tienen grandes mandíbulas. Si las coge con los dedos, en verdad duele”.

Abouheif y colegas hallaron que la producción de esas grandes hormigas soldados es una extensión de los mismos eventos de desarrollo que disponen los soldados aparte de las obreras. Como larvas, su destino de adultas es determinado por la llamada hormona juvenil. Si sus niveles son bajos, la larva se desarrolla en una obrera pequeña; si el nivel es mayor, la larva crece más y eventualmente se hace un soldado. En algunas especies, hay una segunda activación. Si la hormona juvenil se excede en esta fase, la hormiga retrasa la metamorfosis aún más, crece más y se convierte en supersoldado.

Las especies de supersoldados están diseminadas por el árbol familiar Pheidole, y la subcasta se halla en especies más viejas así como en las que evolucionaron recientemente. “Un biólogo evolutivo las miraría y diría que son eventos independientes”.

No es así. Al bañar la larva con methoprene, un químico que imita la hormona juvenil, los científicos indujeron la producción de supersoldados en especies que normalmente no los tienen.

El hecho fue demostrado en tres especies, incluida P. morrisi. Abouheif afirma que halló lo mismo en otras especies Pheidole también.

O sea que los supersoldados existían en el ancestro común de todo el género. Y aunque la subcasta desapareció en la mayoría de las especies, las hormigas mantienen el potencial de producirlos. Dado que la misma hormona fija el destino de soldados y supersoldados, no habría sido posible eliminar uno sin comprometer la suerte del otro.

Un buen año para las hormigas.

Foto cortesía Science-A. Wild