De cómo la lechuga empeora el cambio climático

Ser carnívoro sí que contribuye, pero ser vegetariano también.

Un nuevo estudio en Environment Systems and Decisions revela que comer verde tampoco es tan saludable. Al menos no para el planeta.

De hecho, según la investigación de la Universidad Carnegie Mellon, seguir las recomendaciones de consumir más frutas, vegetales, lácteos y alimentos marinos es más dañino para el ambiente pues tienen relativamente un uso elevado de recursos y una emisión alta de gases de invernadero por caloría.

El estudio midió los cambios en el uso de energía, la huella hídrica azul y las emisiones de gases según los patrones de consumo en Estados Unidos.

“Comer lechuga es más de 3 veces peor en emisiones de gases de invernadero que comer tocino”, en palabras del profesor Paul Fischbeck. “Cantidades de hortalizas requieren más recursos por caloría de lo que uno creería. La cebolla de huevo, el apio y los pepinos quedan mal al compararlos con cerdo o pollo”.

Los investigadores encontraron que comer controlado, ingerir menos calorías tiene un efecto positivo en el ambiente, reduciendo el uso de energía, agua y emisiones de gases de la cadena de suministros en alrededor de 9%.

Pero comer los alimentos llamados saludables, una mezcla de frutas, hortalizas, lácteos y comida de mar, incrementa el impacto ambiental en las tres categorías: el uso de energía subió 38%, agua 10% y las emisiones de gases 6%.

“Existe una relación compleja entre dieta y el ambiente”, según otro de los investigadores. “Lo que es bueno para nosotros no siempre es lo mejor para el medio ambiente”.

No tengamos hambre

Fundus del estómago

Quién sabe si uno se sometería a una operación para suprimirle la hormona del… ¡hambre! Sí, tal como lo lee.
Mediante una mínima ténica invasiva, un grupo de científicos de John Hopkins, vaporizó el vaso sanguíneo principal del fundus, en la parte superiro del estómago, en donde se produce el 90 por ciento de la hormona grelina, responsable del hambre. Claro, la operación se efectuó en cerdos, por su parecido anatómico a los humanos.
El manejo del hambre es asunto complicado, porque no solo interviene el cuerpo, sino también el cerebro. La supresión de la grelina podría ayudar a que las personas no fueran obesas.
La grelina fluctúa a lo largo del día, respondiendo a distintos escenarios emocionales y fisiológicos. Pero así el cerebro ordenara, la supresión de su producción en el estómago lo impediría, explicó Araving Arepally, quien encabezó la investigación, publicada en Radiology.