10 avances científicos de la semana

Foto Flickr

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1. La hora de las narices

Unos la tienen larga, otros son chatos, los hay con ella respingada, otros gorda, en algunos más pulida y en otros torcida. ¿Por qué? Científicos identificaron unos genes relacionados con la forma de la nariz. Son 4 genes que responden por el ancho y lo puntuda que sea, algo que varía mucho entre los distintos pueblos, una información que ayuda a entender cómo evolucionó el rostro humano y que podría servir en algún momento a los forenses. El estudio apareció en Nature Communications y analizó información de 6.000 personas en Latinoamérica.

2. La conexión genética

En un amplio estudio genético científicos encontraron 341 sitios del genoma asociados con múltiples rasgos y enfermedades. Varias de esas variaciones están relacionadas por ejemplo con el bajo índice de masa corporal, la menarquía en las niñas, la voz en muchachos y un riesgo menor de calvicie en adultos, o una variante relacionada con alzheimer, esquizofrenia y estatura y aunque no se trata de una relación causa-efecto, los investigadores construyeron un modelo que identifica pares de rasgos donde es más probable una relación causal. La investigación apareció en Nature Genetics.

3, Me equivoqué de perro

Las personas tienden a confundir los nombres de sus amigos con los de otros amigos, los de los familiares con otros familiares, llamando por ejemplo al hijo con el nombre de la hija o, incluso, con el del perro si tiene. Y como hecho curioso se encontró que se puede llamar a un familiar por el nombre del perro, pero no con el del gato que casi nunca se presta a confusión, tal vez porque aquellos están más integrados a las personas. La investigación fue presentada en Memory & Cognition.

4. Una huella citadina

Cada ciudad con su espacio físico y el tipo de edificaciones y espacios incide de un modo dado sobre su clima, pues las corrientes de aire forman turbulencias con los edificios mientras la energía se disipa en las calles, jardines y espacios abiertos, un hallazgo que servirá para construir mejores modelos de predicción del tiempo en cada urbe según el estudio publicado en Boundary-Layer Meteorology.

5. En un lejano mundo

Astrónomos hallaron evidencias de cometas de hielo orbitando una estrella tipo Sol, lo que aporta luces sobre la evolución de nuestro propio Sistema Solar. Se trata de la estrella HD 181327, que tiene una masa 30% mayor a la del Sol y se encuentra a 160 años luz en la constelación del Pintor. Es un sistema con unos 23 millones de años de edad, mientras el Sol tiene 4.600 millones de años. El hallazgo se hizo con el telescopio Alma en Chile.

6. Mucha papa

Comer mucha papa, sea cocinada, como puré o fritas podría derivar en un mayor riesgo de hipertensión según un estudio publicado en The BMJ. Remplazar una porción al día, disminuiría ese riesgo de acuerdo con la investigación que tomó información de 187.000 personas. En el consumo de papas en tajadas o chips no se encontró relación. El estudio fue solo observacional, por lo que se requiere estudios puntuales para confirmar esa relación pues los efectos de la dieta en la salud no son fáciles de determinar.

7. Alejando el cáncer

Una investigación reveló una relación entre la actividad física y un menor riesgo de 13 tipos de cáncer entre 26 analizados, aunque podrían también incidir otras situaciones como el tabaquismo o la dieta. Pero el hallazgo va en el camino que han revelado otros estudios en el pasado sobre los beneficios del ejercicio. El artículo apareció en Jama Internal medicine.

8. Cosas de la diabetes

Dos estudios distintos aportaron luces sobre el desarrollo de la diabetes. Uno de ellos publicado en Diabetologia encontró un gen relacionado con la transmisión de la diabetes tipo 2 de madre a hijo, que es más común que de padre a hijo. El otro en el Journal of Clinical Investigation halló que bacterias pueden activar la aparición de la diabetes tipo 1, un avance que ayudaría a mejorar el diagnóstico y tal vez el tratamiento.

9. Cuando brilla la luz

Un estudio publicado en Plos One sugiere que la exposición a la luz brillante aumenta la resistencia a la insulina en comparación con la luz suave, tanto en la mañana como en la tarde, cuando también hace que la glucosa alcance el pico más alto. Son estas condiciones que pueden conducir a la diabetes. Una evidencia de cómo la luz puede alterar el metabolismo, pero no se sabe cuál es el mecanismo detrás de esta situación.

10. Plástico engordador

¿Engorda el plástico? No, no se trata de comerlo. Es que un estudio publicado en el Journal of Molecular and Cellular Endocrinology sugiere que el Bencil butil ftalato (BBP), un químico usado en el proceso de manufactura de los alimentos puede aumentar el almacenamiento de grasa en el cuerpo. El BBP no se adiciona a la comida, pues es compuesto del plástico, pero queda en ella del empaque que la contiene. Más que el resultado mismo, el estudio da pie a pensar en posibles interacciones no conocidas todavía en la producción y envasado de los alimentos.

Venecia se está hundiendo

De una cosa pueden estar seguros los gondoleros de la célebre Venecia: están lejos de perder su trabajo.

El agua por los canales de la idílica ciudad italiana de romántica luz como dice la canción está aumentando de nivel año tras año, reveló un estudio. Es decir: Venecia se está hundiendo y lo hace a una tasa de 2 milímetros año.

El estudio reveló además que la ciudad se está inclinando un poco hacia el este.

“Parece que está cediendo continuamente”, dijo Yehuda Bock, geodesista en Scripps Institution of Oceanography en la University of California, San Diego.

“Es un efecto pequeño, pero importante”, agregó. Y dado que el nivel del mar está aumentando en la laguna de Venecia también a 2 milímetros por año, la subsidencia dobla la tasa a la cual las aguas están subiendo en relación con la elevación de la ciudad.

En los próximos 20 años, si el ritmo actual continúa, se espera que la ciudad se sumerja 8 centímetros con relación al mar.

El hallazgo se hizo mediante análisis de datos de GPS y radar espacial (InSAR)

Los parches de tierra en la laguna (117 islotes) también se están hundiendo a un ritmo de 2 a 3 milímetros en la zona norte y 3 a 4 milímetros al sur.

Los hallazgos serán publicados en Geochemistry, Geophysics, Geosystems este 28 de marzo.

La subsidencia de Venecia fue reconocida como un asunto muy serio hace décadas, cuando se detectó que el bombeo de agua y la compactación de la ciudad causaban el problema. Eso se detuvo y en 2000 se dijo que la subsidencia había cesado.

Ahora se ve que el proceso pudo reiniciarse. En parte puede deberse a causas naturales: la tectónica de placas, pues la Adriática, que incluye Venecia, se mete debajo de los Montes Apeninos y provoca que la ciudad y sus alrededores reduzcan elevación.

La compactación de los sedimentos debajo es otro factor. Además, la frecuencia de las inundaciones viene en aumento y ahora 4 a 5 veces al año los residentes tienen que caminar sobre pisos de madera para estar por encima del agua en muchas zonas de la ciudad. Por eso está a punto de terminarse un billonario contrato para instalar muros de protección ante mareas cada vez más fuertes y el aumento del nivel del mar debido al cambio climático.

Póngale sello: la vida citadina enloquece

Vivir en las ciudades trae sus afanes. Y, lógico, qué diferente a la vida del campo, que no pocos ciudadanos de las urbes cada vez más congestionadas añoran.

Hace décadas que los epidemiólogos demostraron que quienes crecen en las ciudades son más dados a las enfermedades mentales, pero no se había profundizado en lo que sucedía.

En un estudio publicado en Nature, un grupo dirigido por Andreas Meyer-Lindenberg de la Universidad de Heidelberg y su Instituto de Salud Mental en Mannheim (Alemania) demostraron que ciertas estructuras cerebrales de personas de la ciudad y del campo responden distinto al estrés social, que es un factor importante en el desencadenamiento de desórdenes sicóticos como la esquizofrenia. Los investigadores emplearon imágenes funcionales del cerebro.

El trabajo es un paso hacia la definición de cómo la vida urbana afecta la biología cerebral de una manera que tiene un impacto grande en la sociedad, pues la esquizofrenia, por ejemplo, afecta 1 de cada 100 personas.

Meyer-Lindenberg trabaja sobre los mecanismos de riesgo para la esquizofrenia y previamente se había enfocado en el rol de los genes. Aunque una docena ha sido ligada al desorden “aún el más poderoso de esos genes conduce a solo un 20% de mayor riesgo”, dijo. De hecho la esquizofrenia es dos veces más común en aquellos que nacieron y crecieron en una ciudad que en aquellos de las áreas rurales y, de hecho, mientras más grande la ciudad, mayor el riesgo.

Por eso se dio a la tarea de averiguar cómo la vida citadina podría incrementar el riesgo de enfermedad mental. El grupo escaneó los cerebros de 32 estudiantes voluntarios mientras desarrollaban ejercicios de aritmética. Al mismo tiempo, los estudiantes recibieron mensajes negativos por sus audífonos: “ les dijimos que estaban desempeñándose peor que los otros y les pedimos que se apresuraran un poco”.

Ese estrés social activó varias áreas cerebrales, dos de ellas relacionadas específicamente con la historia de vida urbana de los voluntarios. La amígdala, que procesa la emoción, se activó sólo en personas citadinas. Y la corteza cingulada, que ayuda a regular la amígdala y procesa las emociones negativas, respondió con más fuerza en aquellos que crecieron en ciudades que en los que crecieron en pueblos y zonas rurales.

Eran tan claras las asociaciones que se hizo un segundo experimento con otras 23 personas, adicionando mensajes visuales. Se encontraron las mismas respuestas.