Comidas rápidas, ¿fuente de químicos nocivos?

Foto Wikipedia Commons

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Son apetitosas pero engordan y su contenido puede ayudar al desarrollo de ciertas enfermedades. Y ahora tienen otro componente negativo.

Un estudio en Environmental Health Perspectives sugiere que quienes ingieran comidas rápidas podrían estar ingiriendo los peligrosos ftalatos, unos químicos asociados negativamente a la salud, creando entre otros, desórdenes endocrinos.

No parece ser que se produzcan en el proceso de elaboración. No, se sugiere que esos químicos llegan mediante el contacto con plásticos, muchos d ellos cuales los poseen.

La exposición de las personas a esos compuestos es muy común pese a medidas para restringir su uso.

En el estudio, investigadores en salud pública de The George Washington University en Washington, D.C., analizaron información de más de 8.800 personas en una encuesta nacional de salud en la que respondían también acerca del consumo de comidas rápidas. Los participantes también suministraron muestras de orina, que fueron analizadas en busca de dos tipos de ftalatos.

Se encontró que las personas que habían ingerido más comidas rápidas el día previo tenían metabolitos de ftalatos en niveles 24 a 40 por ciento más altos que quienes no las habían consumido.

Esos químicos también han sido vinculados a un menor coeficiente intelectual en niños y a problemas reproductivos en los adultos.

Aunque son muchas las fuentes de las que provienen, que estén en las comidas rápidas, tan acostumbradas hoy por muchas personas.

Tal parece que los componentes de las comidas rápidas, como el pan, la pizza, los burritos y otros son los grandes contribuyentes a la ingestión de los químicos al estar en contacto con las bolsas plásticas de los empaques o los tubos de PVC usados en el procesamiento. También podrían provenir de los guantes de plástico de los operarios procesadores de alimentos.

El estudio, valga aclarar, es de asociación, pero falta definir con claridad si los residuos hallados en las muestras son efectivamente de las comidas rápidas.

¿Reduce la marihuana el cociente intelectual?

Que sí, que no. Parecemos deshojando una margarita. Que la marihuana hace, daño, que no. Que lo así, que lo hace asá. Y esto lo que pone de presente es la dificultad de difundir la ciencia al tenerse que presentar estudios sin contar la otra cara de la moneda.

Bien, un estudio publicado en agosto sugería que la marihuana reducía en varios puntos y para siempre el coeficiente intelectual de los adolescentes. Un nuevo estudio publicado en Proceedings ot the National Academy of Sciences sugiere que factores relacionados con la clase económica y la vida en el hogar, no el uso de la marihuana, son los que pueden incidir en la caída del CI.

Los investigadores del nuevo estudio no tuvieron acceso a los datos del otro basado en una cohorte de adolescentes neozelandeses. En ves de eso, Ole Rogeberg, economista del Frisch Center en Noruega usó una simulación de computador para demostrar que, en teoría, los mismos efectos sobre el CI podrían ser explicados por los factores socioeconómicos que provocan conductas reductoras del coeficiente. Los nuevos resultados le echan leña al fuego de la discusión sobre los daños permanentes de la marihuana.

“Los tipos de ambientes en los que uno se mueva afectan el CI”, dijo Rogeberg. La buena educación y trabajos retadores pueden mejorar la inteligencia, pero “si la gente no tiene acceso a ellos o se sale de tales ambientes, tenderán a ver una declinación en el CI, y serán además del tipo de personas que tienen a fumar marihuana en la adolescencia”.

El estudio original no descartó la posibilidad de que otros factores pudieran tener un rol en el vínculo entre CI y uso de marihuana, dijo Susan Tapert, citada por LiveScience, neuróloga de la Universidad de California en San Diego, quien no participó en la investigación.

El estudio inicial, de Madeline Meier, Terrie Moffit y Avshalom Caspi de Duke University, se basó en una gran cantidad de datos de una cohorte de 1.037 personas de Dunedin, Nueva Zelanda, seguidos durante más de 3 décadas. El estudio siguió los sujetos desde los 7 años en adelante, sometiéndolos a pruebas de CI, muestras de sangre y entrevistando sus padres y profesores.

La investigación halló que la marihuana disminuía el coeficiente intelectual hasta en 8 puntos en aquellos que consumían mucha marihuana. Esta no tenía efecto si el vicio se cogía en la edad adulta, lo que sugiere que el daño afectaba cerebros en desarrollo.

Pero la clase socioeconómica y la estructura familiar también puede cambiar en el tiempo el CI.

Rogeberg creó un modelo matemático para ver si el efecto aparente de la marihuana podía ser explicado por factores socioeconómicos. Y encontró que sí.

¿Entonces qué?

Algunos endulzantes nos hacen estúpidos

Si usted es dulcero en exceso, podría estar embruteciendo. Bueno, si no contrarresta los efectos de alimentos altos en fructosa.

Un estudio en ratas sugiere que una dieta alta en fructosa durante tan poco como seis semanas, puede volverlo un estúpido, por decirlo claramente. Por fortuna, los ácidos grasos omega-3 contrarrestan esa pérdida de coeficiente intelectual sugieren los investigadores.

“Nuestros hallazgos ilustran que lo que su come afectan cómo piensa”, dijo Fernando Gómez-Pinilla, autor del estudio en la Universidad de California en Los Ángeles. “Ingerir durante mucho tiempo una dieta alta en fructosa altera la capacidad de su cerebro de aprender y memorizar información”. Adicionarle omega-3 minimiza el daño.

El llamativo estudio fue publicado en el journal of Physiology esta semana y aunque fue hecho con ratas, científicos creen que su química cerebral es lo suficientemente parecida a la de los humanos como para extender los hallado.

El jarabe de maíz alto en fructosa es barato y seis veces más ducle que la caña de azúcar, y es comúnmente adicionado a bebidas gaseosas, condimentos y alimentos para niños entre otros.

Se estima, por ejemplo, que un americano promedio consume más de 40 libras de ese jarabe por año, según el Departamento de Agricultura. Hay científicos que creen que el azúcar debería tener impuestos como el cigarrillo y el alcohol.

“No hablamos de la fructosa de las frutas, que también contienen importantes antioxidantes, dijo Gómez-Pinilla. “Estamos preocupados acerca de la alta cantidad de fructosa adicionada a los alimentos manufacturados como endulzante y como preservativo”.

Las ratas que consumieron altas cantidades de fructosa en el experimento mostraron menor actividad sináptica en el cerebro y desarrollaron resistencia a la insulina que se cree puede afectar el cerebro.

Ser halló que los ácidos grasos omega-3 contrarrestan el efecto, pero no se sabe cómo actúa en el plano molecular en el cerebro.