Estudian un planeta con cola

Hay planetas grandes, otros son pequeños. Cuerpos celestes rocosos algunos que no alcanzan la categoría de planeta según el entendimiento astronómico. Pero, ¿un planeta con cola?
Sí, eso es lo que han venido estudiando astrónomos de distintos lugares. Fue lógico que el telescopio Hubble dirigiera sus lentes hacia ese lugar a 153 años luz de la Tierra.
Un enorme plante gaseoso, llamado HD 209458b, podría ser el primero de lo que podría denominarse un planeta cometario. Un planeta con cola. ¿Cómo así?
“Desde 2003 científicos han lanzado hipótesis sobre la pérdida de masa que está siendo empujada para formar una cola y algunos han calculado cómo luce”, dijo Jeffrey Linsky, de la Universidad de Colorado. “Creemos que tenemos la mejor evidencia de observación para apoyar esas hipótesis. Medimos el gas que sale del planeta a velocidades específicas, algunas en dirección hacia la Tierra. La más probable interpretación es que hemos medido la velocidad del material en la cola”.
En otras palabras: el planeta orbita tan cerca de su sol o estrella que su atmósfera recalentada escapa hacia el espacio.
Con un peso algo menor que el de Júpiter, orbita 100 veces más cerca de su estrella que nuestro gigante planeta joviano: le da una vuelta cada 3,5 días. Para dar una idea de su cercanía, Mercurio, el planeta del Sistema Solar más cercano al Sol orbita el Sol en 88 días.
Este planeta extrapolar es uno de los más estudiados dado que puede ser visto desde la Tierra pasando en frente de su estrella
Uno de los instrumentos a bordo del Hubble detectó elementos pesados como carbono y silicio en la supervaliente atmósfera, lo que indica que la estrella está calentando toda su atmósfera, descubriendo los elementos más pesados y lanzándolos al espacio.
Aunque se trata de un planeta achicharrado por su estrella, no desaparecerá pronto. Tardará unos 3.000 millones de años para que se evapore, según Linsky.
Dibujo cortesía Nasa.

No le pare bolas a la cola

No siempre lo más grande es lo mejor. La creencia científica extendida es que la cola del espermatozoide determina la velocidad con la que puede nadar, pero una investigación publicada en BMC Evolutionary Biology, demuestra que en el mundo microscópico en el que los espermas se mueven, la esbeltez y la cola larga no siempre son una ventaja para la velocidad.
Stuart Humphries, de la Universidad de Sheffield, y sus colaboradores de la Universidad de Western Australia, evaluaron críticamente la evidencia que liga la forma del espermatozoide con su velocidad de nado.
Parece claro, dijo, que algunas asunciones han dificultado el progreso para entender los procesos que median en la competición del esperma.
Es común la creencia de que la selección por un mejor desempeño en la velocidad favorecerá la evolución de más largos y por ende más veloces espermas.
De hecho, el tamaño relativo de las diferentes partes del esperma, antes que el tamaño absoluto, son probablemente los objetivos de la selección.
El tamaño pequeño y la reducida velocidad de nado significa que, en términos hidrodinámicos, el espermatozoide opera en un régimen muy diferente del que estamos acostumbrados a usar. A escala microscópica, aunque una cola más larga permite generar más impulso, la resistencia creada por la cabeza del esperma es suficiente para contrarrestar las ganancias. Según Humphries, “sugerimos que sin importar si usamos la longitud de la cola, el largo total o el largo de la cabeza, cualquier intento por correlacionar la sola medida de la longitud con la velocidad va a ser posiblemente fútil”.
Considerar el balance entre la resistencia por la cabeza y el impulso de la cola, permitirá mejorar el conocimiento del vínculo entre la forma del espermatozoide y su funcionamiento.

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