El pájaro que no se escuchaba

Ruido. El ruido enloquece, no es un misterio. Altera los nervios. ¡Será igual con todas las especies? Difícil preguntarles, pero estudiantes de Biología y Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional de Bogotá hicieron un estudio interesante.
Estudiaron pájaros copetones, una especie común en esa ciudad, caracterizada por marcar muy bien su territorio. Compararon entonces el canto de las aves en dos zonas de la universidad, una con ruido por encima de los 70 decibeles y otra con un promedio de 30.
El trabajo consistió en grabarlos casi un mes, los días hábiles de la semana, los de mayor cantidad de ruido. Obtuvieron 14 cantos que les permitieron un análisis comparativo.
En la primera y segunda fase del canto se presenta mayor variación: disminuyeron en los pájaros expuestos a mayor ruido. Se pierde una de las dos notas. “Es como si redujeran el número de sílabas usadas”, según Laura Ramírez, una de las investigadoras.
El estudio pone una vez más al descubierto la relación fauna-contaminación, en este caso auditiva. ¿Podrá afectarse la reproducción por el cambio en su trinar, que es su medio de comunicación?
La hembra por ejemplo, dijo Ramírez, si no entiende lo que canta el macho, se abstiene de copular, lo que afectaría la población de la especie.
Podría ser, además, que a largo plazo el ruido pudiera hacerles perder la capacidad de escuchar su propia voz: el canto.
En la foto, la investigadora y una de las aves en la imagen en el computador.