Congelaron la luz un minuto

mNi cuando las aguas del Mar Rojo se separaron. Físicos en la Universidad Técnica de Darmstadt lograron algo que se creía imposible hasta ahora: detener la luz por cerca de un minuto.

Y aunque hace unos años se había logrado detener unos instantes, ahora los físicos encabezados por Thomas Halfmann del Instituto de Física Aplicada no solo la pararon sino que pudieron salvar por un minuto las imágenes que eran transferidas por el pulso de luz en un cristal, un millón de veces más tiempo que lo que se había logrado.

El logro fue realidad mediante una combinación de métodos muy conocidos en ese campo. El resultado tendría aplicaciones prácticas en los sistemas futuros de procesamientos de datos que operan con luz.

Para detener la luz, los científicos usaron un cristal parecido al vidrio con baja concentración de iones (átomos cargados eléctricamente) del elemento praseodimio. El conjunto experimental también incluyó dos rayos láser. Uno es parte del la unidad de desaceleración mientras que el otro es el detenido. El primero, rayo de control, cambia las propiedades ópticas del cristal: los iones cambian entonces la velocidad de la luz en alto porcentaje. El segundo rayo, el que será detenido, entra en contacto con el nuevo medio del cristal y láser y es desacelerado adentro. Cuando los físicos apagan el rayo de control al mismo momento que el otro está dentro del cristal, el rayo desacelerado se detiene.

Para ser más exactos, la luz se convierte en una especie de onda atrapada en el cristal. Esto se puede explicar así:

Los iones de praseodimio son orbitados por electrones y se comportan como una cadena de imanes: si usted mueve uno, el movimiento debido a las fuerzas magnéticas se propagan en la cadena como una onda. Como los científicos llaman spin al magnetismo de los electrones, una onda spin se forma en la misma manera cuando congela un rayo láser. Esta es una reflexión de la onda de luz del láser. De esta manera los investigadores pudieron almacenar imágenes como las de un patrón de rayas hecho de la luz láser dentro del cristal. La información puede ser leída de nuevo encendiendo de nuevo la luz de control.

La idea del equipo es intentar almacenar la luz por más tiempo, quizás una semana, y lograrlo con una longitud de onda mayor alcanzando una tasa más eficiente de transferencia de datos.

No es sencillo para el común de los mortales, pero suena bien: detener la luz.

Un planeta enano con vestido de cristal

Cuidado lo rompe: Un planeta de cristal. De puro hielo cristalizado.

El quinto planeta enano del Sistema Solar, Haumea, y al menos una de sus dos lunas, están cubiertos por hielo de agua debido a las fuerzas entre ellos y el calor de elementos radiogénicos. Es la conclusión de un estudio de científicos con el Very Large Telescope en el Observatorio Europeo en el Sur en Chile.

Este pequeño planeta se encuentra más allá de la órbita de Neptuno. Tiene forma de un achatado balón de rugby y su longitud es de unos 2.000 kilómetros. Gira en menos de cuatro horas, una de las rotaciones más rápidas del Sistema Solar.

Es el agua cristalizada que hace que con sus dos satélites, Hi’iaka y Namaka, brille en la oscuridad del espacio.

El grupo de investigadores confirmó que el 75 por ciento del planeta enano y su luna Hi’iaka, de unos 400 kilómetros de diámetro, están cubiertos con hielo cristalizado, en una estructura ordenada y no con hielo desorganizado y amorfo debido a la radiación solar.

Como la radiación solar, pese a la lejanía del planeta y sus acompañantes, destruiría la estructura cristalina del hielo en la superficie, se requieren fuentes de energía para mantenerla organizada dijo Benoit Carry, coautor del estudio.

El estudio sugiere que el planeta está compuesto de una capa congelada exterior un una sección interna de entre 88 y 97% de roca.

Los elementos que producen la energía, se cree, son potasio-40, torio-232 y uranio-238.

Haumea está en el cinturón de Kuiper, donde habita una cantidad increíble de rocas y cometas, así como varios planetas enanos.

De órbita excéntrica, se acerca al Sol hasta una distancia unas 35 veces la distancia Sol-Tierra (150 millones de kilómetros) y se aleja hasta 51 veces esa distancia Tierra-Sol.

Foto cortesía José Antonio Peñas.