El licor mata las emociones

El exceso mata. O no deja obrar. La ingestión excesiva y crónica de bebidas alcohólicas pueden conducir a un daño cerebral en distintos niveles, incluyendo el desarrollo de anormalidades emocionales que pueden interferir con unas relaciones interpersonales sanas.
Hallazgos de un reciente estudio utilizando imágenes de resonancia magnética sugieren que la disminuida actividad de la amígdala y el hipocampo producen problemas emocionales como los observados en alcohólicos con una larga abstinencia.
Los resultados serán publicados en noviembre en Alcoholism & Clinical Experimental Research.
“Como la mayoría de órganos, el cerebro es vulnerable al daño por el excesivo consumo de alcohol”, dijo Ksenija Marinkovic, profesor en el departamento de Radiología de la Universidad de California en San Diego. “El riesgo de daño cerebral y los déficits de neurocomportamiento relacionados varían de persona a persona, dependiendo de un amplio rango de factores como la cantidad y la duración de la ingestión de alcohol, la edad, el género, la historia familiar de alcoholismo y la salud en general. La mayoría de los déficits comunes incluyen dificultades con la memoria, razonamiento reducido y discapacidad en la solución de problemas y anormalidades emocionales”.
Estas anormalidades debidas al alcoholismo pueden ser sutiles, explicó Marinkovic, como no captar señales faciales o verbales, o muy obvias, como la apatía y la inexpresividad de emociones, o los súbitos ataques de ira.
“Los alcohólicos también tienen problemas en juzgar las expresiones emocionales de los rostros de otras personas. Esto puede derivar en una mala comunicación durante situaciones muy emotivas y conducir a conflictos innecesarios en las relaciones interpersonales. Las repercusiones negativas pueden incidir, a la vez, en un aumento en el consumo de licor”.