Si tiene hambre, mejor no tome decisiones

Foto Pixibay

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Nunca tome decisiones mientras esté… hambriento. Eso al menos es lo que sugiere un estudio que relaciona la grelina (hormona del hambre cuestionada últimamente) con un efecto negativo tanto en la toma de decisiones como en el control de los impulsos.

El estudio publicado en Neuropsychopharmacology fue hecho con ratas en la Universidad de Gotemburgo. Esta hormona es producida en el estómago cuando se tiene hambre.

Demostramos que los niveles altos de grelina vistos antes de comer o durante los ayunos, hacen que el cerebro actúe impulsivamente y afecte la capacidad de tomar decisiones racionales”, explicó Karolina Skibicka, docente en la Academia Sahlgrenska en esa universidad.

La impulsividad es compleja pero se puede descomponer en la acción impulsiva, esa incapacidad de resistir una respuesta motriz, y la elección impulsiva, la incapacidad de posponer una gratificación.

Muchos han experimentado la dificultad de resistirse a un sánduche o algún alimento más aún si saben que pronto se servirá el almuerzo y lo mismo aconteció con las ratas en el estudio.

Los científicos encontraron entre otras, que a las ratas que les daban grelina directamente en el cerebro, que imita cómo el estómago nos comunica la necesidad de comer, eran más datos a buscar a presionar un dispositivo para tener una recompensa en vez de esperar a pesar de que la perderían.

La capacidad de posponer gratificación para obtener una mayor después es una medida de elección impulsiva, por ejemplo elegir una galleta ya o varias unos minutos después, o comer un alimento calórico ya y no esperar la opción de uno más sano.

La persona que elige la gratificación inmediata a pesar de que esperar le traerá una mejor, se caracteriza por ser más impulsiva y eso implica una capacidad más pobre para tomar decisiones racionales.

Los altos niveles de la hormona evitaron que las ratas fueran capaces de esperar una recompensa mayor.

El estudio también mostró que los niveles aumentados de grelina causaban cambios genéticos en circuitos cerebrales relacionados con la impulsividad y la toma de decisiones.

Como la impulsividad es un rasgo de varias enfermedades neurosiquiátricas el hallazgo podría conducir a tratamientos enfocados en los receptores de grelina en el cerebro según los investigadores.

Quien no duerme bien, malas decisiones financieras toma

Si quiere mantenerse sabio y quizás no perder su trabajo, no tome decisiones cuando no haya dormido lo suficiente.

Científicos de Duke University mostraron, mediante imágenes de resonancia, que una noche sin dormir conduce a una mayor actividad cerebral en regiones que evalúan los resultados positivos, llevando además esa noche de vigilia a una menor actividad en las áreas cerebrales que procesan los resultados negativos.

En un estudio, individuos privados del sueño tendían a hacer elecciones que enfatizaban las ganancias monetarias y era menos probable que realizan elecciones que redujeran las pérdidas. Aunque no fue real con todos los sujetos, el resultado es para tener en cuenta.

Se ha demostrado antes que la falta de un sueño adecuado afecta nuestra capacidad de tomar decisiones, pero esto se ha atribuido con frecuencia a los efectos en la atención y la memoria, y a la incapacidad de integrar la retroalimentación de la manera adecuada.

Este, según los autores, es el primer estudio que parece demostrar que no dormir bien puede cambiar la manera como el cerebro considera el valor económico, independiente de sus efectos en la atención vigilante.

El estudio demuestra también que la privación del sueño incrementa la sensibilidad a las recompensas positivas mientras disminuye la sensibilidad a las consecuencias negativas.

Los investigadores examinaron 29 voluntarios adultos con edad promedio de 22 años para averiguar cómo no dormir bien puede afectar la toma de decisiones. El estudio fue publicado en Neuroscience.

“Aún si alguien toma decisiones financieras riesgosas pero que suenan bien, tras una noche de sueño normal, no es garantía de que esa persona no lo expondrá a usted a un riesgo inconveniente si se priva de dormir”, dijo Michael Chee, coautor y profesor en el Neurobehavioral Disorders Program en Duke-Nus en Singapur.

Cuando lleguen sus empleados, pregúnteles si durmieron bien o…

Los nombres condicionan a las personas

Sí: el nombre que le pusieron, marcará su vida. ¿No lo cree?

Aparte de que el nombre propio es la canción más dulce que cualquiera puede escuchar, parece que es determinante en lo que elegimos en la vida.

Aunque un nombre son simples letras, psicólogos han mostrado que las letras, en particular la primer letra del nombre puede influir en las decisiones que tomamos, incluyendo con quién nos casamos y a dónde vamos. Un efecto llamado egoísmo implícito.

Fue en 2008 que dos investigadores belgas hallaron que trabajadores de su país eran más dados a elegir un sitio de trabajo si la primera letra era igual a la de sus nombres.

Un nuevo estudio encontró una relación entre las tres primeras letras del nombre y el sitio donde trabajan, sugiriendo que no se trataría de un efecto de egoísmo implícito.

El estudio, de Uri Simonsohn, de la Universidad de Pensilvania en Estados Unidos, se hizo con donantes a campañas políticas, por lo que para uno de los autores belgas, Wouter Duyck, eso viciaría el trabajo pues se trata de personas adineradas que es común trabajen en empresas familiares o fundadas por ellas, con sus propios nombres o parecidos.

El caso que parece incuestionable es que las personas sentimos una atracción por la primera letra de nuestro nombre.

El efecto se da en todas las letras del alfabeto, pero parece más acentuado con las menos comunes.

Los humanos pecamos más por omisión

Curioso: Es mejor pecar por omisión que por comisión. A eso, parece, somos más dados los humanos.

La gente se siente mejor dejando que las cosas sucedan antes que provocar algo malo, según un estudio publicado por Psychological Science. Esto se debería a que creemos que las personas pensarán peor de nosotros si hacemos algo que no se debe a que si dejamos que simplemente pase.

“La omisión y la comisión aparecen con relativa frecuencia en la vida diaria y a veces son un rompecabezas”, afirma al psicólogo de moral, Peter DeScioli, de Brandeis University, quien condujo el estudio con John Christner y Robert Kurzban, de la Universidad de Pennsylvania.

“Si un cajero le entrega a usted 20 dólares extras, algunos pensarán que está bien quedarse con el dinero, pero muchos de ellos nunca sustraerían el billete si el cajero no estuviese mirando”.

Los psicólogos han creído que esto se da porque el cerebro comete un error; trabaja diferente a través de cálculos morales cuando pensamos en un pecado por omisión –no devolver el billete- contra el pecado de comisión –robárselo. Pero DeScioli y colegas pensaban distinto: que la gente estaba en verdad haciendo una decisión estratégica acerca de cómo actuar basados en cómo alguien más podría juzgarla.

Para resolverlo, idearon un experimento con personas reclutadas a través de un sitio web que paga a las personas pequeñas cantidades de dinero por hacer unas tareas. Y pudieron comprobar que las personas son más dadas a hacer algo malo por omisión si sabían que podían ser castigadas por su acción.

El estudio ayudará a los psicólogos a sortear la relación entre conciencia –las decisiones morales que usted hace por su cuenta- y condena, los juicios negativos hechos por personas que lo ven actuar.

¿Estresado? Piénselo dos veces si…

Cortesía Science

Si se siente estresado, atrapado en la rutina, podría no ser simple coincidencia sentirse de las dos maneras.
Un estudio sobre ratas publicado en Science sugiere que el estrés crónico afecta las conexiones neurales del cerebro, lo que hace que los animales tomen decisiones maquinalmente, por costumbre, más que caso por caso.
La habilidad para elegir un plan de acción con base en sus consecuencias particulares, también conocido como comportamiento dirigido al logro de metas, es esencial en la vida diaria, pero requiere de cierta cantidad de energía mental que los animales estresados podrían no ser capaces de disponer. Eduardo Dias-Ferreira y colegas en Portugal investigaron los efectos de estrés crónico en dos áreas del cerebro que están involucradas en el comportamiento dirigido al logro de metas, la corteza prelímbica y el estrato dorsomedial, y en una tercera región, el estrato dorsolateral, necesario para la formación de hábitos.
A diferencia de los animales control normales que se emplearon en el experimento, las ratas que habían sido expuestas una y otra vez a condiciones estresantes presionaron la misma palanca aún cuando el hacerlo no producía la mejor recompensa. Al analizar sus cerebros, los autores descubrieron que en los animales estresados, la corteza prelímbica y el estrato dorsomedial se habían atrofiado, y el estrato dorsolateral se había expandido, en comparación con los cerebros de las ratas normales.
Piénselo bien antes de tomar la próxima decisión.